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Murcia no es París

Lunes, 29 de septiembre de 2014 | Amparo Martínez Vidal

La solución a la crisis en la construcción, pasa por el cambio. Urge saber cómo reconducir la situación de un sector "en peligro de extinción". Y si no queda más remedio, habrá que promover una transición paulatina hacia el ámbito de los servicios: una opción viable en Murcia, donde las condiciones climatológicas son excelentes y el turismo es una fuente de ingresos "más que digna".


Carl G. Jung dijo que "todos nacemos originales y morimos copias". Desde luego, en la época de la "burbuja inmobiliaria", esta cita se hizo dogma. Se "demonizaba" la creatividad. Por lo general, se apostaba por un tipo constructivo estándar y de bajo coste, barato, que no bonito. Se trataba de conseguir el máximo margen de beneficio, a costa de reducir la calidad de proyectos y materiales. Lo original se desdeñaba, ya que resultaba poco confiable y costoso, además de arriesgado. Y así fue como muchas de las mayores aberraciones urbanísticas y arquitectónicas de todos los tiempos entraron a formar parte, "en bloque", del "skyline" murciano.
Esto, sin duda, ha resultado ser muy perjudicial para la imagen de constructores y arquitectos. Pero el pecado lleva su penitencia: también son (somos) los máximos exponentes de una emigración sin parangón con pocas posibilidades de retorno.


Aún así, creo firmemente que muchos empresarios empiezan a darse cuenta de que resulta necesario descubrir nuevas maneras de vivir y habitar para ofrecer un producto inmobiliario "vendible" y comercial. Son conscientes de que hay que encontrar otras soluciones, materiales sustentables y distribuciones flexibles y de que la calidad de vida viene precedida de un diseño óptimo y apropiado en el entorno donde se ubica el edificio. No es factible repetir un modelo arquitectónico poco funcional y menos eficiente en materia de ahorro energético. Y ofrecer "más de lo mismo" no es viable en ningún caso sí se quiere percibir algún rendimiento económico. La mediocridad ya no vende.


Para recuperarnos de la crisis, es necesario recurrir a profesionales con ideas. Arquitectos e ingenieros no pueden limitarse a ejecutar un programa informático de forma sistemática, porque no aportan valor frente a la máquina. La emoción, la belleza y la originalidad no se traducen en lenguaje binario. En el futuro puede que sí, pero en este presente imperfecto resulta poco probable.


Así que no soy subjetiva si apuesto por la creatividad en el futuro de la profesión, y por el auge del que fomenta estas aptitudes en promoción. La diferencia siempre resulta atractiva y por tanto, más visible, más comercial y rentable.


Aquellos que desdeñan la Arquitectura de Calidad no recuerdan que un solo edificio, el Guggenheim, sirvió para reactivar la actividad económica de toda la ciudad de Bilbao. O que la "nueva arquitectura bodeguera" ha situado a La Rioja en el punto de mira del turismo internacional. Que ciudades como Barcelona, París o Roma atraen a miles de visitantes por su belleza. Año tras año, siglo tras siglo. Apliquemos eso a otra escala. Y entenderemos que la Arquitectura, bien orientada, puede ser, de nuevo, el motor de nuestra economía.

 

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