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El estrés del directivo: gestionar el tiempo para hacer más

Artículo de Roberto Crobu, psicólogo y 'coach' colegiado

Viernes, 9 de enero de 2015 | Roberto Crobu | Psicólogo y 'coach'

[Img #31636]Adimur, (Asociación De Directivos De la Región de Murcia) es una organización que tiene como objetivo el crecimiento y desarrollo profesional y personal de los directivos.  Está integrada en CEDE (Confederación Española de Directivos y Ejecutivos) y tiene presencia en Murcia desde el año 2008. En colaboración con MurciaEconomía, presenta este apartado en el que algunos de sus asociados tratarán cuestiones relacionadas con el managment y la dirección de empresas.

 

 

Es muy frecuente, en los casos que atiendo relacionados con la gestión del tiempo de los directivos aquejados por estrés, que recurra a la siguiente pregunta:


-¿Para qué quieres gestionar mejor el tiempo?


A muchos no les sorprenderá la respuesta, igualmente frecuente:


-Para hacer más cosas.

 
A la que sigue este dialogo:


-¿Y para qué quieres hacer más cosas?


-Para no andar tan estresado como voy con tantas cosas por hacer


-¿Entonces quieres reducir tu nivel de estrés? ¿Es esta tu prioridad?

 

Normalmente estas personas suelen tener una lista muy amplia de tareas y actividades que desean incorporar a su rutina y que no consiguen añadir, según ellos, por no conseguir sacar el máximo partido a lo que hacen, razón por la cual suelen cargarse de estrés. Su 'procesador mental', debido en parte a la amplia visión y perspectiva sobre la organización y el negocio que permite el rol de directivo, va mucho más  rápido en cuanto a expectativas e ideas sobre cosas que hacer, respecto al tiempo que luego necesitan los acontecimientos para suceder y desenvolverse: y esto les estresa.


Pero el problema real de ansiedad no surge de la dificultad por hacer más rápido aquello que deseamos hacer en menos tiempo, sino en conseguir que el “procesador mental”  gire a un numero de revoluciones adecuado y sincronizado con la capacidad de ejecutar materialmente las actividades a realizar y a delegar.


El otro día observé un coche zigzagueando en tres carriles, adelantado a diestro y siniestro con evidente demostración de prisa. Lo curioso es que yo iba por mi camino tranquilo y que después descubrí que ambos íbamos al parecer al mismo lugar. Cuatro kilómetros y 3 o 4 semáforos más adelante observé que en total había ganado unos 300 metros y ambos estábamos parados ante el mismo semáforo.


Una persona que desea hacer las cosas más rápido y en menos tiempo suele funcionar de manera parecida y con resultados parecidos: es como cuando estamos dentro de un coche, atascados en el centro en hora punta y tenemos prisa por estar en la otra punta de la ciudad donde deberíamos tener una reunión a falta de dos minutos: nuestra mente viaja y se proyecta ahí, de hecho ya está ahí donde debería de estar según nuestra percepción de la puntualidad. Esto produce en el cuerpo la necesidad de ir a la misma velocidad de la mente, llevándonos a asumir riesgos al límite de una conducción temeraria. 

 

Parece que el tiempo se acaba, y cuanto más se hace recurrente la imagen o visualización de dónde tendríamos que estar, más se incrementa el estrés y la impaciencia. La cuestión es que asumiendo riesgos a la conducción, no por ello se “recorta” necesariamente el tiempo, ya que el problema no es el tiempo que vaya más o menos rápido, sino la percepción que uno tiene del mismo: y la percepción del tiempo es subjetiva.


¿A quién no le ha pasado alguna vez realizar el mismo recorrido presa de la prisa una vez, y sin prisa  otra vez? Lo curioso es que puesto a calcularlo, el tiempo del recorrido no difiere mucho (realizado ante las mismas condiciones de horario y tráfico), pero la sensación de que se haya realizado más lentamente será más frecuente las veces que nos encontremos presas de la prisa.   Y esto será porque el numero de pensamientos y e imágenes mentales que una persona produce presa de la prisa suele ser mayor, lo cual da la sensación de que haya pasado más tiempo como para producir tantas imágenes y pensamientos.  


Una de las falacias más frecuentes en la gestión del tiempo es precisamente la creencia que hacer las cosas en menos tiempo nos permitirá hacer más, “estar más al día” y vivir entonces más relajados y felices.


Es evidente que la Gestión del Tiempo tenga que ver con la productividad personal, pero también hay que calcular los riesgos en cuanto a Estrés.


Existen de hecho dos razones por las cuales una persona se plantea mejorar su gestión del tiempo: una es mejorar la productividad personal, y otra es mejorar su calidad de vida en cuanto a nivel de estrés.
Qué duda cabe que incorporar herramientas, desarrollar habilidades y mejorar uno su propia eficiencia, le permitirá ser más productivo, pero mientras no sea capaz de entrenar para “reducir su nivel de revoluciones” en cuanto a ideas y velocidad de la mente, acabará teniendo al cuerpo tratando constantemente de perseguir su mente: le vendrán nuevas ideas, nuevos proyectos, nuevos deseos y expectativas, por cuanto mejore sus habilidades de hacer más en menos tiempo, acabará perenemente estresado/a.


Un ejemplo es evidente: la incorporación de dispositivos, redes, networks y aparatos tecnológicos que nos permitieron hacer más cosas en menos tiempo no nos ha traído más relajación, más felicidad y menos estrés.
¿Entonces donde está la solución al “Estrés del Directivo”, mal endémico de los tiempos actuales?


Sencilla y llanamente la solución no reside en la “acumulación de cosas por hacer”, sino en la renuncia a ciertas cosas por otras: en priorizar.


Solemos entender el priorizar como dar más importancia a una cosa sobre otra. Esto encierra un gran peligro puesto que al dar más importancia a una cosa, no necesariamente prescindimos de las otras, por lo que acabaremos al final tratando de hacerlo todo como si fuéramos presas de un “Síndrome de Diógenes del Tiempo”, con el que vamos acumulando tareas y proyectos por hacer: lo único será que lo haremos uno tras otro y que “lucharemos” para conseguir el mayor número posible de tareas hechas”.


En la gestión del tiempo abogada a la reducción del estrés es conveniente entender el priorizar como la renuncia de ciertas cosas a favor de otras. Esto significa que tendremos que decidir con qué quedarnos, pero, sobre todo, a que renunciar.


Llegados a este punto de la sesión, es muy frecuente darnos cuenta que la causa que produce esa tendencia a acumular tareas por hacer, tiene una raíz emocional basada en la dificultad de “desprenderse uno de actividades y tareas”, de opciones y posibilidades, ya que elegir una opción a favor de otras, no solo implica elegir una sola cosa, sino renunciar a un numero indecifrable de muchas más. Lo que se puede perder es más de lo que se puede ganar, y el miedo a la pobreza y al fracaso, en este sentido dificulta esa decisión.


Pero solo detrás de esa renuncia se puede encontrar la tranquilidad, el orden y la ausencia de estrés que uno busca al tratar de gestionar mejor su tiempo.      

 


 

Roberto Crobu es psicólogo y 'coach' colegiado.  Certificado practitioner en PNL por la AEPNL, máster en dirección de RRHH,  autor del libro 'Camino Al Cambio', es propietario de la  firma Öptima Coaching. Su experiencia, se ha desarrollado integralmente en la consultoría, formación y ¡coaching' en desarrollo organizacional y habilidades directivas, liderazgo, y psicología aplicada a la resolución de problemas. Es además colaborador de la UPCT y la UMU en actividades de orientación, psicología y coaching. Se puede contactar con Roberto vía correo electrónico.

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