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Starchitects : Orgullo y Prejuicio

Martes, 17 de febrero de 2015 | Redacción

Antes de ayer, me decía mi querida @rebecamunara: “…es que los arquitectos sois muy versátiles”. El comentario venía al hilo de una intensa conversación sobre las capacidades “periféricas” que tratamos de desarrollar algunos de nosotros (por ejemplo, yo colaboro en radio en el programa de Intereconomía “Pon un Arquitecto en tu Vida” y he aterrizado en el periodismo gremial). En seguida contesté: “Rebeca… es que tenemos hambre“ – algo que todos sabéis que agudiza el ingenio.


La “crisis” nos ha afectado. Mucho, muchísimo. Más que al resto, porque nuestra profesión está sometida al devenir de los ciclos del ladrillo. Y ha despertado en nosotros otro tipo de creatividad, la que tiene que ver con ganarse el pan. La arquitectura se ha convertido más en afición que en profesión vital, al menos para muchos de los que vivimos en España.


En cualquier caso, el arquitecto casi queda relegado al trabajo escultórico y artesanal de la vivienda unifamiliar. El cliente convoca “concursos restringidos”. Los “milennials” de postín, educados en la premisa de la calidad visual, tan en boga en los tiempos de internet, apuestan por proyectos emergentes, con plano previo sin coste. Pocos somos los que pasamos de la antesala del boceto a la gloria del “final de obra”. Como decía el ocurrente @joshegea “…hay que pasar del modo ONG al modo empresa”. Y resulta complicado en una coyuntura donde sobran edificios y falta dinero.


La construcción de obra nueva, nuestro destino profesional más rentable, está reservada a “ligas de alto standing”. Hay delanteros del Real Madrid y laterales del Efesé. Con suerte.


Cristiano es a la liga BBVA lo que Bjarke Ingels es a la arquitectura contemporánea. Me hace mucha gracia el término “starchitect”. Hasta Julio Fajardo ha escrito un libro sobre el tema ¿Qué es un “starchitect” y en base a qué se le llama así? ¿Es un profesional reconocido por sus obras o por sus estrategias promocionales?
Las redes sociales elevan el autónomo al “olimpo mediático”. Y gratis (en ningún caso si el tiempo se concibe como recurso finito). La necesidad, el aumento de la competencia, o el narcisismo artista, alientan la presencia de arquitectos en el “caralibro”. Al menos, están presentes aquellos que buscan para encontrar.


Sin duda, los mundos digitales nos han dado alas. Este presente convulso y combativo predispone al debate y al intercambio social. Twitter es un escenario maravilloso para esto. Facebook también, pero la esencia puede perderse entre “selfies” y “fotos de pies” (cuando no de cosas peores). En “Pon un Arquitecto en tu Vida” (@PUAETV), promovemos el diálogo para comprender qué ocurre entre arquitectos y ciudadanos. El desencuentro es tangible. Y trato de indagar en los motivos por los que se nos ha perdido el respeto. Y el aprecio.
La palabra “starchitect” hace referencia al arquitecto mediático, y resulta un tanto despreciativa porque quien se deja ver siempre resulta criticado. Los que nos movemos en el ámbito de los medios de comunicación lo asumimos. Sólo hablo de mi misma cuando digo que disfruto tanto compartiendo lo que considero importante como aprendiendo de aquello que me interesa. La radio o las revistas permiten llegar a más personas, tanto para lo positivo como para lo restante. Al final, se permanece o desaparece según empatices o no con tu público. Según intereses o no. Según aportes valor.


Los arquitectos amamos la belleza porque hemos sido educados para apreciarla. Y aunque mucho se habla de la “mala arquitectura”, creo imposible proyectar sin talento, cuando repaso mentalmente los trabajos ajenos que acumulan mis retinas. Mis compañeros de universidad dirimían un discurso tremendo. He visto dibujos demoledores, que ponían “los pelos de punta” ¿A dónde ha ido toda esa magia? ¿A dónde van los besos?
Enderezándome, que me disperso, los auténticos “starchitects”, los figurones, hacen bien. En otro artículo hice referencia a Calatrava y Joaquín Torres como hábiles constructores de marca personal. Quien desarrolla un buen proyecto de sí mismo, resulta identificable y requerible. Desde mi punto de vista, esa es la mejor manera de ser empleable.


Pero no siempre la visibilidad es buena. Los errores se multiplican. Las minucias se potencian. El escrutinio público puede ser agotador. Se asume la contrapartida, sólo si la dicha es buena.


Lo que cada vez tengo más claro, es que, por extraño que parezca, la arquitectura y el buen diseño, a “profanos” interesa. Se empieza a tener claro que la inversión en estas lides implica un retorno de la inversión.  El ciclo de Arquitectura y Ciudad, que coordina @lolagracia2 en las Claras, y en el que me he visto inmersa, me lo confirma. Profesionales de toda condición han venido a vernos. Ingenieros, arquitectos, estudiantes, profesores, padres, madres… abuelos. Y es que se puede opinar de ropa aun no siendo diseñador. Como se puede hablar de arquitectura. De lo que se vive, y se elige. Pero además, cuanto mejor se conoce, más se aprecia. Por eso, y para eso, para formar, enseñar y generar debate, los “starchitects” hacen falta. Siempre y cuando, un “starchitect” no sea un absoluto impresentable.


El rigor y la investigación debieran de ser incompatibles con la estupidez, la soberbia y el mal gusto. Estas actitudes no sólo dejan mucho que desear desde un punto de vista moral, sino que además constituyen una absoluta irresponsabilidad con respecto a los compañeros de profesión. No me gustaría poner mi vivienda en manos de un arquitecto irresponsable, pero tampoco en las de uno insoportable.


Arquitectos “con Klout y sin Klout”, digitales y analógicos, estrategas o cándidos. Todos hacemos falta en este mundo tan bonito y a la vez, tan feo. Para dar luz a las calles, a los bares, a las tiendas, a iglesias y sinagogas, a portales de vivienda. Pero por favor. Seamos “starchitects” sólo en facebook. Mientras tanto, tratemos de fomentar el buen gusto y trabajemos en pro del interés general. Que resulta demasiado intenso pretender formar parte de la historia hasta cuando uno se toma “el vermú”.

 

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1 Comentario
Carlos Ria
Fecha: Jueves, 19 de febrero de 2015 a las 09:16
Un articulo de parvulario y que no aporta nada. Malisimo

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