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Opinión | El arca
Martes, 26 de Mayo de 2015
ALBERTO CASTILLO

Esaú y Jacob, una parábola postelectoral

En el libro del Génesis, capítulo 25 versículos del 19 a 35, leemos la historia de los descendientes de Abraham y en concreto de su hijo Isaac, el único que tuvo aparentemente, el padre del llamado ‘pueblo de Dios’. La genealogía del primer gran patriarca continua con los descendientes de Isaac, es decir los nietos de Abraham: Esaú y Jacob.

 

Me permito rescatar, para el lector, este pasaje bíblico:
19- Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac,
20- y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.
21- Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.
22- Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová;
[Img #35411]23- y le respondió Jehová:
    Dos naciones hay en tu seno,
    Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas;
    Un pueblo será más fuerte que el otro pueblo,
    Y el mayor servirá al menor.
24- Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre.
25- Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.
26- Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado por nombre Jacob.  Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.

 

Así nos relata el Génesis como nacieron ambos hermanos que ya, desde el seno materno, se venían peleando según el milenario texto. Lo peor vendría después: conseguir la primogenitura. Suceder a Isaac en el gobierno de las tribus de Israel y alzarse con el poder absoluto de aquellos nómadas en su égira por encontrar y asentarse en la tierra prometida. Ya se lo había dicho Yahvé a su madre, Rebeca, “dos naciones hay en tu seno y el pueblo será dividido”.

 

Pero leamos ahora con detenimiento los versículos donde Jacob con la ayuda de su madre, que a lo que parece tenía preferencia por éste y consiguió el deseado gobierno de las tribus gracias a una artimaña de sobra conocida.

 

27- Y crecieron los niños y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas.
28- Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.
29- Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado,
30- dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado.
31- Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura.
32- Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?
[Img #35412]33- Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.
34- Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.

 

Lo malo, lo peor de todo esto, fue que Esaú no murió como él pensaba y tuvo que vagar por desiertos y valles, seguido de los suyos, por haber perdido la primogenitura por ese plato de lentejas que, aplacó el hambre momentáneamente, pero no le sirvió para nada. Jacob fue más listo y por un plato de guisado, aprovechando las ganas de su hermano, consiguió el gobierno del pueblo de Israel.

 

Ahora usted, desconocido lector, puede hacer las comparaciones que estime oportunas, faltaría más, con lo que ha ocurrido este domingo 24 de mayo en España. Los gobiernos de ‘las tribus’ van a depender, en la mayoría de los casos, de los platos de lentejas que unos y otros se intercambien, o vendan, dependiendo del hambre que tenga el hermano que se siente a la mesa. Por supuesto unos serán más espabilados que otros, siempre ocurre esto, y los habrá que cambien al precio que sea. No solo por el plato de lentejas sino que además lo harán por el menú completo: entrantes, lentejas y postre más bebida incluida. Y nosotros, convidados de piedra al banquete, veremos sin poder hacer nada cómo nuestros votos han sentado a la mesa a unos hermanos que al no poder gobernar, en solitario y primogenitura, a las tribus van a jugarse el todo por el todo para comerse ellos solitos los platos que el cocinero ha puesto sobre la mesa.

 

También, alguien me lo comentaba la noche electoral, puede compararse esta situación nueva para todos en España con el intercambio de estampas que de niños hacíamos en el colegio con las de los álbumes de la época. “Te cambio una de Gento, que es muy difícil de conseguir por esas dos que tienes de Kubala y Diestefano” “No, no, dirá el otro, me quedo con Gento pero te doy la de Amancio pues Kubala y Diestefano son mejores y además no te voy a dar dos por una”….

 

Aun estando bien esta comparación que me hicieron de lo que podría ocurrir estos días en nuestro país, prefiero quedarme con la historia bíblica, pues con tal de gobernar ‘a las tribus’ algunos serán capaces de cambiar el plato de lentejas. Y ojo a la segunda parte de la historia, que de eso no hemos hablado, Jacob engañó a su padre al cubrirse con piel de cordero para que Isaac, ciego por los años, al palpar a su hijo Jacob creyera que estaba tocando a Esaú, pues el primogénito verdadero, era mucho más peludo que su hermano Jacob.

 

Cuidado por tanto, desconocido lector, que aparte de cambiar la primogenitura por un plato de lentejas, algunos, serán capaces de disfrazarse con piel de cordero para engañar ‘al padre’.

 

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