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¿Eres inteligente y emocional o eres emocionalmente inteligente?

Lunes, 23 de mayo de 2016 | ENCARNA TERUEL

Cualquiera puede ponerse furioso, eso es fácil; pero estar furiosos con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto y de la forma correcta…. eso no es fácil


Así nos hacía reflexionar Aristóteles, sobre lo que supone hoy en día ser una persona emocionalmente inteligente.

 

De unos años a esta parte el término Inteligencia Emocional nos bombardea por un lado y otro y sobre todo últimamente, en el contexto educativo. ¿Será por algo? No quiero ser mala, pero este tema será objeto de otro artículo.

 

Bromas aparte, tengo que decir que todavía hay mucha gente que no sabe qué es esto de “tener inteligencia emocional”.

 

Diversos estudios han demostrado que el coeficiente intelectual de una persona solo predice su capacidad de aprendizaje y explica como máximo hasta el 25% de su desempeño, pues el resto lo explica su coeficiente emocional; es decir, el nivel de inteligencia  emocional predice el éxito personal y profesional de una persona.

 

Ante esta evidencia, habrás entendido cómo era posible que aquel famoso nº 1  de la clase y al que llamabais, empollón, que se graduó el primero en la universidad, que en la mayoría de las ocasiones se ensimismaba y se apartaba incluso de las realidades cotidianas (que son las que nos hacen mantener los pies en la tierra) y que además, le fallaba la habilidad para relacionarse, le siguieras el rastro y que no llegara muy lejos.

 

En cambio recuerdas a aquel/lla que no fue muy bueno en los estudios, que incluso no llegó a la universidad, pero sin embargo, te lo has encontrado ocupando puestos de responsabilidad y ascendiendo porque ha tenido algo que no sabes por qué pero la gente lo aprecia, lo sigue, lo valora, etc.

 

Verás, el primero seguramente era inteligente y auguro que alguna vez  te lo encontrarías llorando por los rincones, o preso de la ira, fruto de no saber manejar su frustración, por no haber sacado la mejor nota. Ése era Inteligente y  emocional, era preso de sus propias emociones, no sabía gestionarlas.

 

En cambio, el segundo se desarrolló como persona “emocionalmente inteligente”; ése que aunque con menos cultura y conocimientos que un intelectual, es capaz de conectarse con sus emociones en el momento en el que las siente, tiene la sabiduría de conocer el mundo del otro, sabe llegar a las personas, sabe cuándo, en qué momento y cómo enviar los mensajes a las otras personas, pues sabe cómo el conocimiento de las emociones, es su mejor brújula para guiar su vida y no desaprovechar una buena oportunidad de venta o gestionar estratégicamente un gran marrón que se le ha presentado de golpe; además de ser ese capaz de tomar la decisión adecuada en el momento adecuado, sin dejarse atrapar por el efecto de un “secuestro amigdalar” que lo echa a todo a perder de golpe en cuestión de segundos impidiendo que su neocortex reflexione y escoja el comportamiento más adecuado, ya que su amígdala le ha enviado el mensaje “tranquilo, tomate un respiro y  piensa qué tienes que hacer ahora”.

 

Eso que acabo de describir, a grandes rasgos, es el proceso que sigue la mente de las personas emocionalmente inteligentes; esas que cuentan hasta 10, se dan media vuelta, dicen que van al baño, o salen de pronto de la habitación y vuelven a entrar, o respiran varias veces antes de contestar. Para que 'su querida amígdala' ( ¡no te asustes, la instalada en el sistema límbico, no en la garganta!) no le lleve a caminos indeseados y de los que tenga que arrepentirse en alguna ocasión.

 

Ser capaces de aprender y entrenar nuestro sistema emocional para que trabaje para nosotros, en lugar de ser nosotros los que estemos a sus pies, nos ayudará a tomar las decisiones adecuadas , que será seguro la vía más adecuada, que me conduzca al éxito personal y laboral que antes mencionaba.

 

Por tanto, llegado este momento, en que piensas seguir  invirtiendo, el resto de tu tiempo, en ser
¿Inteligente y además emocional o Emocionalmente inteligente?

 

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