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Porque la vida no es un acto a ejecutar, es una actitud a adoptar

Viernes, 17 de febrero de 2017 | José Pomares

Decía San Agustín algo que deberían conocer los gurús del management empresarial y aplicar nuestros directivos sin excepción:


En lo Esencial, UNIDAD
En lo Importante, LIBERTAD
En Todo, GENEROSIDAD


Unidad no es uniformidad. No se trata ahora de ser “coreanos del norte”, ni de capar ni limitar  nuestra creatividad individual. Son principios y valores nucleares sin los cuales una organización no puede  aspirar a alcanzar su misión y visión empresarial.  Claves que consideramos como objetivos  indispensables. Y tienen que hacerse explícitos. No vale con suponer.


Todo conocimiento que no se transforma en vida es conocimiento perdido. Si lo que una empresa piensa y siente por medio de sus dirigentes luego no se hace, no habrá ejemplo, ni congruencia ni coherencia. Y los empleados cumplirán pero no estarán comprometidos. Aparte de ser creyentes, hay que ser creíbles.


El libre albedrío es un don que se nos otorgó en exclusiva a los seres humanos. Nadie más lo tiene. Ese don nos da la capacidad de elegir, de decidir libremente. Pero ese regalo que se nos concedió, puede convertirse en nuestra propia trampa. Si no lo utilizamos bien nos impedirá realizarnos plenamente. Y el ejercicio de ese don es lo que llamamos libertad.


La libertad permite que las personas que están en la unidad se encuentren  bien y expresen lo que piensan y sientan para poderlo hacer.


Pero hay dos tipos de libertad. Una de elección, la que tiene que ver con el fin (lo que elegimos respecto a lo que quiero hacer, la que afecta a mi SER) y otra de acción (dirigida hacia los medios que me ayudan a alcanzar el fin, encaminada a mi HACER).


Y una cosa es tener libertad y otra ser libre.


Yo puedo tener la libertad de HACER una serie de acciones, pero solo seré libre si ejerzo esa libertad en beneficio de mi plenitud personal, de mi SER. Tengo libertad de comprar alcohol (HACER) pero si daña mi salud al depender de necesitar beber, atentará a mi SER y dejaré de ser libre. Y tenemos que aprender a ser libres y educar a los nuestros a que lo sean.


¿Somos más libres por tener más libertad?


Si la libertad no está en función de la unidad, caemos en el INDIVIDUALISMO (el veneno de la conciencia colectiva)


Si la libertad no está en función de la generosidad, caemos en el EGOISMO (el veneno de la conciencia personal)
Para saber elegir bien hay que decidir y prescindir bien. La libertad es el privilegio de elegir lo mejor, no lo fácil. Lo más difícil es saber decir no.


Y en todo GENEROSIDAD. Es distinto al respeto. El pegamento del grupo humano es la generosidad. La generosidad acerca, el respeto no (cada uno queda en su lugar).


Evalué el funcionamiento del grupo humano en orden a la generosidad del mismo (ayudará a superar las crisis). Y prémielo.


No eduquemos en la obediencia, eduquemos en la convicción. No tengamos gente involucrada (gente que vive por obligación), sino comprometida (sintiéndose responsable).


Hoy sigue existiendo un modelo de empresa inconsciente basada en exclusiva en un sistema que en muchas ocasiones deshumaniza al individuo con la intención de hacerle más productivo y manipulable, con el fin de que sea más predecible y controlado en sus reacciones y emociones.


El paradigma actual de ese tipo de instituciones es  que la empresa  está orientada a la maximización de la producción, pero no de la felicidad de su activo humano, sin el cual no existiría.


Y bajo ese sistema se crea división y competencia entre los propios departamentos, que sostienen monólogos en vez de un verdadero diálogo. Es el “egoísmo departamental”.


Nadie escucha a nadie, pues lo importante es demostrar que se tiene razón y que mi departamento consigue los resultados previstos, imponiendo una perspectiva sobre los demás sin apenas importar el bien común. Y la palabra “bien” sólo se puede conjugar en plural, no en singular (piense en los suyos).


Eso llevará a una inconsciencia individual que es el victimismo, que permite que la persona no se enfrente al miedo existencial de ser libre y responsable.


En vez de asumir el liderazgo de su vida, la víctima prefiere culpar a sus circunstancias y a los demás de todo.


Hoy más que nunca necesitamos directivos que potencien y trabajen sobre su  autoconocimiento y desarrollo personal, de manera que poco a poco revisen sus creencias sobre cómo gestionar a las personas redirigiendo su estrategia para dejar de formar parte de los problemas del mundo y comenzar a asumir la responsabilidad incondicional de solucionarlos.


El fin es construir valor a través de valores, convirtiendo el conocimiento en actitudes y conductas conscientes.


Conocimiento que se convierta en vida. Porque la vida no es un acto a ejecutar, es una actitud a adoptar.

 

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