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Buen trato

Viernes, 17 de marzo de 2017 | Juan Tomás Frutos

El comportamiento nos define como personas, con nuestros talentos, con el riesgo que imprimimos al quehacer diario, con la voluntad de aprender y de ser con y para los demás. La solidaridad es la base de todo sistema que se precie. Lo reiteramos con el colorido que siempre acompaña a los buenos actos. Intentemos cada día, por tanto, dar con las raíces de un esfuerzo que nos ha de propiciar algunos aspectos alados con los que viajar hacia las raíces más hondas y educativas. Formemos opinión con un trozo de amistad que ha de expandirse hacia el universo de lo que nos confía su placentera experiencia.


No olvidemos esos sitios en los que hemos de abanderar las mejorías más firmes. Demos con los dones de una Naturaleza que no ha de ser hostil. La licitud del aprendizaje se basa en la realeza de las empatías con las que transitamos hacia esa levedad que nos propone ansias de libertad. Estamos listos para cuanto sea menester. Hemos de amoldar las señales a los regalos de una relación que ha de ser fuerte, mucho más con el transcurrir de esa etapa ideal que nos ha tocado vivir. Ésa ha de ser la óptica, la interpretación. Las comunicaciones nos han de permitir unas comuniones de raigambre nutritiva.


Vayamos hacia ese lado en el que aprendemos a comprender sin esperar nada a cambio. Procuremos que no nos falte conocer a quienes menos tienen y disfrutan. Hemos de señalizar las vías de convenciones supremas. Deambulemos paso a paso contando lo que nos sorprende con sus preferencias más dichosas. Hagamos caso a lo que nos es otorgado con un aviso supremo. Nos hemos de brindar toda la alegría que seamos capaces de fomentar.


Dialoguemos, pongamos en la mesa esa estimación que nos viene de la constatación propia, colectiva y compartida con quienes nos aprecian de verdad. No desfallezcamos. Hemos de poner todo el afán y las rutilantes intenciones en un desconocido trance del que hemos de salir maravillosamente. Nos confiaremos unas preferencias que se han de resumir en nosotros mismos, juntos.


Querencia
Debemos comparecer con mucha querencia. No acabemos la labor abnegada, que ha de ser constante, sempiterna, definida por el mismo fluir de la comunicación. Nos tenemos, y eso debería propiciarnos la suficiente fe para mover las montañas más altas y complejas. No debemos quedarnos atrás. Hemos de proponernos esa empatía que nos disponga con dulzuras de primaveras que se restaurarán.


No dudemos, porque la actitud nos reserva ya esos “lapsus” con los que perder y recuperar la memoria. Hemos de quedarnos con los óptimos recuerdos. No permitamos que no sea lo que debería ser. La vida no es tan difícil, ni tampoco tan fácil, como nos puedan “vender” a primera vista. Seamos en un nuevo intento, y en otro, y en otro, hasta que podamos entregarnos aquello que precisamos para ser nosotros mismos.


La vida es lo que conseguimos entre todos, en labor solidaria, con estimaciones comunicativas siempre compartidas. El trato tiene ida y vuelta, como el respeto, como la voluntad infinita de convencernos con y entre los demás. Seamos firmes en ello.

 

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