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Liderazgo millennial: 10 motivos por los que van a dominar el mundo aunque no te guste(n)

Jueves, 15 de junio de 2017 | Roberto Crobu

Este post se escribe en respuesta al artículo escrito por Antonio Navalón y publicado en el periódico digital El País, en fecha 12 de Junio de 2017, y titulado: 'Millennials, dueños de la Nada'. En las próximas líneas trataré de ofrecer una visión de contraste muy diferente.


Más pragmáticos, más directos, más precisos, más eficientes, más eficaces, más felices, menos acomplejados, y más rápidos en adaptarse al mundo que vendrá. Estas son algunas de las cualidades que permitirán a los Millennials  ser una generación mejor que la nuestra.   

 

Algunos los mal etiquetan despectivamente llamándoles NINI’s, pero los Millennials van a ser la generación que dominará los mayores cambios de la humanidad, nos guste o no nos guste. Son el producto de nuestra forma de educación y, ni para bien, ni para mal, están llamados a hacer frente a muchos retos como la automatización de las empresas, el dominio de los big data, los avances de la biotecnología, nanotecnología y el cambio climático.

 

A continuación detallaré 10 claves que demostrarán que no son ellos los que han de adaptarse a nuestra forma de ver el mundo, sino que somos nosotros los que corremos el riesgo de no adaptarnos y extinguirnos.

 

1.    No es que no hagan nada, es que sus esfuerzos todavía son improductivos en el contexto que les hemos creado: nos quejamos de ellos mientras ellos se esfuerzan en adaptarse a las consecuencias de un mundo que hemos creado como fruto de muchos de nuestros errores: el cambio climático, los movimientos de masas por razones de trabajo y la creciente división entre ricos y pobres no la han creado ellos. Simplemente se están adaptando a este mundo VUCA (volátil, incierto, complejo y ambiguo) en el que la supuesta impermanencia de ciertos valores ha dejado el paso a la aceleración del cambio. Es cuestión de tiempo, y los siguientes puntos demuestran que se están adaptando a este  escenario más rápido que las generaciones anteriores.

 

2.    No es que no tengan valores, es que tienen valores diferentes: el relativismo del que les acusamos no es más que una consecuencia de estar adaptándose a un mundo cambiante en el que nuestra generación les está demostrando que ni el trabajo (despidos, ere’s, contratos temporales), ni las relaciones (divorcios, familias desestructuradas), ni las casas donde viven (desahucios, hipotecas canceladas por cambio de  destino de trabajo), son para toda la vida. Su valor es el crudo pragmatismo porque tienen claro que o te renuevas o te extingues. Ellos, a diferencia de nosotros, se renovarán constantemente porque no tienen nuestra resistencia al cambio.


3.    Interesados por bienes materiales, pero poseedores de la nada: el concepto de posesión de bienes con ellos cambia de sentido. Por mucho interés  que depositen en la posesión de tecnología de última generación, éstas han dejado de ser fines a sí mismas, sino medios para estar conectados. Parafraseando a Noam Chomsky podemos decir que han aceptado su rol de consumidores para emanciparse de la condición de esclavos.  Ser poseedor de bienes como coches, ordenadores y móviles puede considerarse hoy más bien una limitación antes que un beneficio. ¿Qué sentido tiene apegarse a bienes, valores, e ideales, ante escenarios cambiantes? Prefieren andar por el camino de la vida con la mochila ligera: la agilidad es más importante que trabajar para comprarse una casa y tenerla que pagar toda la vida.  Serán más agiles que nosotros.

 

4.    No estudian y no trabajan porque no es rentable lo que les ofrecemos: el exceso de datos que su cerebro tiene que procesar impide que para ellos tenga valor cualquier tipo de estudio cuya duración sea superior al plazo necesario para encontrar información que desmienta lo que acaban de aprender. Según informa el MIT (Massachusetts Institute of Technology, en 2020 el conocimiento se duplicará cada 73 días): ¿para qué aprender y memorizar si todo está en google, a distancia de un click? para ellos google es más preciso y completo que la memoria misma.  Actuarán con mayor precisión y rapidez: sus decisiones serán más rentables.


5.    No es que no se adapten, es que no se conforman: no es que no trabajen porque no quieran. Simplemente para ellos se vuelve improductivo prestar servicios a empresas que funcionan de manera obsoleta, cuyos modelos de negocio no aportan valor y están abocados al fracaso: ellos ya lo saben y lo intuyen. No van a trabajar para ti si se tienen que adaptar a normas y horarios rígidos, o desplazarse para ello, porque pueden reunirse entre ellos (claro, on line), desarrollar una aplicación, y directamente hacer que tu empresa cierre: así nació Watsapp, la empresa que liberó al mundo del negocio parasitario de las grandes compañías telefónicas, convirtiendo las comunicaciones y mensajerías en gratuitas y al alcance de todos. Y así es como van a morir muchos operadores telefónicos si no reconvierten su negocio en aportación de valor a lo que los usuarios necesitan: como vaticina Jose Cordeiro de la Singularity University, Google y Facebook ofrecerán internet y ancho de banda gratis, allá donde te encuentres en el mundo. Mejor cuida tu empresa para hacerla atractiva a su talento, en lugar de rechazarlo para perpetuarte en un modelo de negocio abocado a la extinción.  Crearán las soluciones a los problemas en los que se ahogarán las empresas tradicionales.    

 

6.    No es que no se sepan relacionar, sino que entienden las relaciones de otra manera: de pequeños les dábamos ordenadores, móviles y tablets para entretenerse mientras nosotros estábamos ocupados en otras cosas (trabajos, tareas de casa, etc.) y luego les pedimos que nos hagan caso: ¿qué tipo de apego emocional hemos desarrollado en ellos? Tuvieron que hacer frente al desapego de las relaciones y de las necesidades básicas de establecer vínculos principales como los familiares. Con 3 meses de vida les pusimos en guarderías para permitirnos trabajar. Ahora se han adaptado a ello. No nos necesitan. El problema no es suyo, es nuestro porque en el fondo nos molesta: nosotros fuimos educados de manera más paternalista, bajo relaciones de dependencia familiar. ¿Quién ha de cambiar su forma de relacionarse ahora? Sus decisiones serán más frías y directas: no andarán con rodeos. Eliminarán lo superfluo y se centrarán en lo que aporta valor.


7.    Comprometidos con nada, porque relacionados con todo: les acusamos de no ser capaces de comprometerse con retos, personas y responsabilidades. ¿para qué hay que serlo? les acusamos de no saber madurar relaciones profundas y duraderas: ¿acaso fueron más satisfactorias esas relaciones para nuestra generación, la que batió todos los records de divorcios y separaciones? En mi época de soltería recuerdo la dificultad que tenía en elegir a personas con quien intentar tener pareja estable. Era difícil, mi listín del Nokia tenía a muchos contactos y cada día me apetecía hablar con alguien diferente. Y todavía no estaba el Facebook. Algo muy distinto del caso de mis hermanos que vivían en un pueblo de una isla de Italia. Lo que vemos erróneamente como falta de compromiso con las personas es consecuencia de vivir conectados con todos: no  puede ser de otra manera cuando tus contactos se multiplican por las redes y todo se convierte en un mundo de posibilidades. Necesitan tejer grandes redes de comunicación porque por efecto de la globalización, su lugar de residencia y trabajo futuro es el mundo, no el pueblo donde nacieron. ¿para qué comprometerse con una persona y un lugar de vida si el cambio les llevará a desapegarse de ello más temprano que tarde. Trabajarán sin las fronteras y limitaciones que nosotros nos impusimos.

 

8.    No es que no se esfuercen para lograr el éxito, es que tienen claro que el esfuerzo no compensa el éxito: les acusamos de no tener paciencia, no saber manejar los tiempos de recompensa (de ahí, el no ser capaces de mantener un esfuerzo sostenido hacia un objetivo), lo que algunos critican acerca de su interés por los likes de Facebook no es más que el resultado fallido de las técnicas conductistas de refuerzo positivo: acostumbrados a las economías de fichas, a hacer algo por tener un premio, si no es visible el premio es lógico entonces no hacerlo. Pero la vida no es economía  de fichas: nuestra manera de vivir los fracasos les ha demostrado que el éxito la gran mayoría de las veces no es compensación del esfuerzo, ni es para siempre. De ahí su preferencia por trabajar en lo que les gusta en lugar de estudiar y buscar trabajos en función de las probabilidades de salidas profesionales: porque ante la eventualidad de esforzarse en algo que no les guste y fracasar, tienen claro que es mejor esforzarse para hacer algo placentero y disfrutar al menos del proceso. Por eso su nivel de engagement será mejor del de nuestra generación.

 

9.    No es que son impacientes, es que necesitan convivir con la inmediatez: les exigimos inmediatez a la hora de acatar normas, les damos herramientas tecnológicas que les permiten tener todo un mundo de posibilidades a distancia de un click: ¿cómo no aprovecharlo? No les pidas que sean pacientes en las relaciones personales si desde pequeños no tuviste paciencia con ellos. No les pidas ir despacio en un mundo cuyos cambios tecnológicos van a una velocidad muy rápida. No les pidas sostener un esfuerzo durante intervalos temporales cuyos cambios no van a permitir que se den las circunstancias para que esos intervalos perduren. Ellos  van a la velocidad del mundo, eres tú el que va lento y no puedes seguirles. Llegarán antes que nosotros a solucionar los problemas.  


10.    Prefieren la felicidad a la libertad: no les interesa vivir en un mundo libre si para ello la consecuencia va a implicar ser infeliz y frustrado. Al contrario, tal como han mamado en estos últimos años de las charlas motivacionales, la felicidad es una actitud: se puede no ser libre pero sí feliz. Trabajar para ganar dinero, y tener dinero para ser libre de elegir, para ellos no cumple ni el principio de libertad ni el de felicidad, si al final otros van a decidir cuando uno ha de irse de vacaciones. Nuestra generación fue la última que luchó por valores como la libertad. Y fue la última en fracasar en el intento. Seguimos condicionados por las decisiones políticas, sociales y económicas. Por las guerras y las enfermedades. La felicidad para ellos no está reñida con la libertad. Están dispuestos a ceder los datos personales, dejar rastrear sus movimientos en las redes sociales y sus comportamientos como consumidores en  pro de que se les facilite comodidad y satisfacción por lo que a ellos les interese. Los consejos que puedan recibir del big data serán para ellos más fiables para satisfacer sus necesidades, que aquellos mediatizados por las personas que les quieren y que tratan de decirles como han de ser: nos les des consejos porque no los necesitan. Y menos, te esperes de que sigan esos consejos, porque son más imprecisos que sus motores de búsqueda, y responden más bien a tu necesidad de dárselos, antes que a la suya de recibirlos.  Sus decisiones serán más eficientes y eficaces que las nuestras.

 

@robcrobu

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1 Comentario
Raul
Fecha: Jueves, 15 de junio de 2017 a las 10:48
Si no lo he entendido mal todo es maravilloso en esta nueva generacion. Al menos como tu lo pintas. Incluso de los defectos y fracasos haces virtud. Perdona pero lo que tu pintas es un mundo de parásitos que vivirá a costa de gente que ha trabajado duro anteriormente o de gente que lo hará en el futuro. Es la única manera de que se sostenga ese invento que llamas "milenials", pero que para mi es una crisis que esperemos se resuelva sin el hundimiento de la civilizacion tal como ha sucedido en el pasado. Con los jihaidistas al acecho, esperemos que no vayan por ahí los tiros o las puñaladas.

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