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Emocionar para liderar millennials: ¿Será lo mismo que manipular?

Jueves, 20 de julio de 2017 | Roberto Crobu

En esta sección trataré algo que quizá pueda ser más bien tema de debate de los foros del Human Age Institute que de un periódico económico (El @HumanAgeInsES es un foro que reúne a los mayores expertos en Talento y Liderazgo, donde es frecuente la participación de filósofos y expertos como José Antonio Marina, Juan Carlos Cubeiro, Silvia Leal, Alex Rovira, o Mario Alonso Puig).

 

En los últimos tiempos vemos apareciendo titulares en periódicos y destacados blogs que informan de la importancia de las emociones en los procesos de aprendizaje y de liderazgo. Un ejemplo es el reciente artículo de El País: El cerebro necesita emocionarse para aprender.

 

Todo acompañado del omnipresente término con marcada connotación científica 'Neuro', como si eso otorgara mayor respeto al conjunto de ideas que completan y rellenan dichos artículos. De ahí llueve una nueva ola de disciplina que algunos tildan de pseudo-científicas: neuro-liderazgo, neuro-aprendizaje, neuro-marketing, neuro-ventas, etc.

 

El hilo conductor común suele ser la idea que las investigaciones sobre activación de mapas cerebrales parecen avalar que cuando una persona se emociona, el aprendizaje “se fija” con mayor estabilidad y continuidad en su cerebro, se predispone mejor a la recepción de estímulos, se hace más permeable a la asimilación de información cognitiva y experiencial, etc.

 

La conclusión de esas exposiciones suele ser común: si provocas emociones positivas, los alumnos aprenderán más y mejor, tus clientes te comprarán, el mercado será más receptivo a tus productos, y como líder serás más influyente y querido.  

 

Vaya. Gran descubrimiento: sobretodo en un país donde, según un estudio del que me informó hace unos años el doctor Roberto Luna de la Universidad de Valencia, en más de un 30% de empresas españolas el miedo es la emoción más frecuente y recurrente (fuente: Europapress).

 

No es interés de este artículo poner en duda dichas evidencias, pero sí tratar de sentar una atenta reflexión acerca de las consecuencias detrás de esa (casi) obsesión marketiniana de “tener que emocionar”.

 

Todo proceso de aprendizaje, epistemológicamente hablando, debería provenir de la observación fenomenológica, la duda (hipótesis), la reflexión mediante el pensamiento crítico y el lateral (hipótesis alternativas), la experimentación (prueba y error), y la conclusión. Desde un estado en el que la tranquilidad, la ecuanimidad, y la neutralidad deberían ser los mejores instrumentos de un buen maestro, un educador, un gestor de personas o un líder. En pro de fomentar el espíritu de pensamiento libre: no olvidemos que uno de los principios fundamentales del Mindfulness, actividad de mucho interés recientemente entre maestros, líderes y directivos de empresa, reside precisamente en entrenarse en cultivar el punto de neutralidad para romper la inercia provocada por automatismo de juicios y emociones (mente en piloto-automático), y ser uno más libre en sus procesos decisionales.

 

Usar las emociones como palanca desde la perspectiva del nuero-aprendizaje sería grosso modo replicar los principios del marketing y la publicidad aplicada a la enseñanza. Y la fisura ética que supone no es indiferente: apelar a las emociones es apelar a programaciones y automatismos de aprendizaje que pueden resultar muy lejanos del pensamiento libre y crítico. No olvidemos que toda forma de manipulación usa como base la emoción para inducir, motivar o coaccionar la acción. Eso hace trasparentar la ya muy delgada línea entre instrucción, adoctrinamiento y manipulación.

 

Decía Gandhi, “quien te enfada te controla”. Añadiría yo: y quien te da miedo, te entusiasma, te preocupa o te entristece, también.  ¿Puede la emoción considerarse un recurso manipulativo en entornos empresariales o educativos?

 

Es cierto que ante la creciente tendencia de las nuevas generaciones a necesitar un refuerzo y una motivación clara para hacer algo, parece que a uno si no se le emociona, jamás se ganará su atención.

 

Pero cabe preguntarse ¿Dónde está entonces el libre albedrío en eso? ¿Todo ha de reducirse en inputs  informativos para mantener una atención que parece funcionar solo a base de estallidos de fuegos de paja? ¿Todo ha de reducirse en provocar emociones positivas y evitar las negativas? ¿Qué hacer entonces ante aquellas necesarias tareas que requieren atención sostenida, tanto en los colegios cómo en las empresas? ¿Qué hacer ante los inevitables fracasos y frustraciones? ¿Quién va a enseñar a manejar eso?

 

Arduo trabajo nos esperará a los psicólogos, más aún si cabe, teniendo en cuenta que la excelencia, tal como indica sabiamente Toni Nadal, entrenador y tío del Tenista Mallorquín, se entrena justo pasando por el camino opuesto de la persistencia y de la pasión (o compromiso) que se fortalece ante acontecimientos adversos (fuente: El País).


No me cabe la menor duda de que en estos puntos reside una de las causas por las que se habla de escasez de talento en las empresas en el 2020, y por las que el BBVA advirtió que será difícil contratar a personal cualificado dentro de 2 años (fuente: La información).


Resulta que Toni Nadal, entrenador del vigente segundo mejor jugador del mundo, y los directivos del segundo banco más importante de España, coinciden en algo sobre lo que traté de sensibilizar al más joven presidente autonómico de la historia de España, el actual presidente de la Región de Murcia, Fernando López-Miras, en la comida con directivos de Adimur del pasado mes de Junio (seguramente mi intervención no le emocionó ).   
Emocionar para captar la atención vale, pero no olvidemos que después esa atención ha de sostenerse, y mi duda reside en si eso nos llevará a una “carrera hacia la emoción”. Quizá tengamos que pedir al reconocido psicólogo murciano Pedro Jara, que escriba un nuevo libro “Adicción a las Emociones”, después de su aclamado “Adicción al Pensamiento”.


¿Derivará todo esto en que los colegios se transformarán en agencias de publicidad, los maestros en publicistas de contenidos didácticos y los mandos de empresa en entretenedores?   

 

@robcrobu

 

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