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Por una nueva cultura de la formación

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Jueves, 29 de marzo de 2012 | Arsenio Sánchez
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“Hay que eliminar las subvenciones, todas las subvenciones, especialmente las dirigidas a sindicatos y empresarios y, desde luego las destinadas a la formación ocupacional”, enfatizó el experto tertuliano para marcar la senda al nuevo Gobierno.

Una senda que los números y experiencia demuestran que es claramente equivocada. La formación profesional continua y ocupacional se habrá impartido mejor o peor, pero la realidad, más allá de demagogias, es que en los últimos 18 años (1993-2010) ha pasado de formar 294.000 trabajadores a 4,3 millones. De las 33.000 empresas que se acogieron a las bonificaciones durante el primer año de vigencia (2004) se ha evolucionado, estimo que positivamente, hasta las 380.000 en 2010. Por si fuera poco, el beneficio en todas direcciones que tiene la formación para la sociedad (empresas, trabajadores, desempleados, jóvenes, etc.) además, por sí sola, representa una actividad que suma 8.000 puestos de trabajo directos y otros 10.000 indirectos.

Tabla de salvación de las empresas
Hoy podemos hablar con orgullo de una nueva cultura para la formación, liderada además, por las pequeñas y medianas empresas. En los 33 años que permanezco ligado al mundo empresarial, y salvo las excepciones que confirman la regla, ni las empresas mercantiles o de economía social, ni los autónomos (que de todo hay en la viña de FREMM), se habían parado a pensar o diseñar un plan de formación. Hoy existe conciencia clara –con alguna excepción como la del desinformado citado- de que la recualificación permanente genera mayor competitividad de las empresas.

Por otra parte, y en los tiempos que corren, es imprescindible facilitar la inserción laboral de los miles de hombres y mujeres que, con alrededor de 30 años, necesitan aprender un nuevo oficio pues el sector del que proceden, construcción o agricultura, no genera nuevos empleos ni les garantiza un futuro.

En la misma línea, cabe citar a los cientos de alumnos que no logran superar la ESO, que no tienen otra vía para adquirir los conocimientos para obtener un trabajo que la formación ocupacional y los certificados de profesionalidad. Ninguna empresa, actividad o persona, está, en suma, libre de la crisis. En FREMM, somos testigos privilegiados de que la formación ha sido la tabla de salvación de numerosas empresas y germen de otras nuevas.

No es mi intención, por otra parte, evitar el debate sobre la oportunidad de que los agentes sociales, empresas privadas, ayuntamientos, organismos dependientes de las Administraciones regionales y otros, deban o no continuar impartiendo acciones formativas, planteándonos si el sistema de formación público posee las infraestructuras y los medios suficientes para lograr, por sí solo, los objetivos mencionados. El que piense que sí, que levante la mano.

Para los medianamente informados, no se trata de poner en cuestión la formación continua y ocupacional, sino de quiénes pueden o deben impartir dicha formación (además de la necesaria red pública) y de cómo podemos eliminar las malas prácticas (donde se hayan producido) del pasado inmediato y afrontar el futuro con rigor económico y calidad.

Permítanme, no obstante, que ahora incida en lo esencial que debe recoger el nuevo modelo de formación: mayor penetración aun de la formación entre las pymes; avanzar en la mejora de las tasas de población activa formada, e incrementar la calidad y eficacia de la formación impartida. Cuanto antes lo consigamos, mejor estarán posicionadas nuestras empresas para crear riqueza y empleo, que tanto monta.

Aprovechamiento de los fondos
Al tertuliano que preconizaba la desaparición de las subvenciones para la formación ocupacional, habría que recordarle además, que la formación, en parte ya la pagan empresarios y trabajadores. El Acuerdo Económico y Social (AES) fijó la cuota del 0,7% de la base de cotización a la Seguridad Social con el fin de financiar la formación: el 0,6% a cargo de la empresa y el 0,1% a cargo del trabajador.

En casos puntuales, a mi criterio, no se han aprovechado con rigor los fondos públicos. Por ejemplo, no estoy de acuerdo con el sistema que emplea CEOE. Parte de la subvención millonaria la distribuye entre sus territoriales (CROEM la rechazó en su día) a las que retienen el 20%, y el resto, en cuantía importante, la subcontratan con consultoras que la imparten on-line.

Deben controlarse los fondos de que disponen las empresas para bonificar la formación, sistema con futuro siempre que no se dediquen a pagar consultorías o asesorías.

Publicado en colaboración con FREMM

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1 Comentario
Javier López
Fecha: Jueves, 29 de marzo de 2012 a las 18:45
Don Arsenio me parece un articulo muy bueno y comparto totalmente su opinión. Esperemos que el modelo de formación siga evolucionando con las necesidades de las empresas y el mercado laboral.

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