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Triunfará el bien

Viernes, 10 de noviembre de 2017 | Juan Tomás Frutos

Nuestros actos nos definen, y no sólo por los resultados, sino por las intencionalidades que los envuelven, que pueden caracterizar un rumbo u otro en función de las destrezas y creencias con las que nos movamos. El anhelo siempre ha de ser el hacer el bien. No importa lo que piensen, a veces con afán de herir. Lo relevante es lo que seamos.


El mundo en el que estamos en complejo y sencillo a la vez. Lo es tanto porque sabemos por dónde es el camino, pero a menudo nos hartamos de tomar un itinerario diferente al que nos conviene. Cooperemos, para evitar eso, con el rumbo del beneficio conjunto.


Busquemos, además, entre los sones que nos pueden procurar un poco de leal humor. Reflexionemos. Nos daremos lo máximo y así obtendremos esa paz que nos edifica en comunidad. Las voluntades nos han de llevar donde imaginamos con el fin de ser dichosos.


A menudo nos asombra pensar que las cuestiones son más o menos dificultosas. El hecho real es que toca afrontarlas, y, por ende, lo que debemos hacer es avanzar con el marchamo de la victoria compartida y desde el afán de estar joviales siempre.


La vida está llena de deseos que hemos de cumplimentar, de llevar a cabo. Nos hemos de asomar a los universos con los que nos ilusionamos para realmente experimentarlos.


No nos dejemos los brillos atrás. No podemos seguir sin darnos oportunidades de alegría. La historia va muy deprisa como para desaprovechar las etapas. Clamemos por señeras transformaciones.


Consolidemos, en paralelo, los espacios para darnos esas misiones misteriosas que nos han de alargar los objetivos con sensaciones hermosas de una paz de benévolo recorrido.


Anhelos de belleza

Conformemos las realidades desde los ecos a los mejores hitos. Los anhelos de belleza han de desarrollarse en parajes que inviten al aprendizaje más entretenido. Nos corregiremos desde la experiencia, procurando generar los máximos dividendos.


Creer en el amor, en la bondad, en las opciones del porvenir es la base para lograr los planteamientos que nos dispongamos a priori de manera oportuna. Localicemos el sitio que nos equilibra. Todo es factible en el entorno si estimamos que la intuición anda de nuestro lado.


Hemos de arañar tiempo al tiempo y darnos las emociones que nos pueden ayudar a estar donde las virtudes nos merecen la pena.


Construyamos, en consecuencia, la existencia con una magia que sea digna de caminar hacia los montículos adecuados, donde aprenderemos a compartir como un valor único. No hay transformación y avance sin que nos dejemos ayudar por los demás. Devolvamos caricias y contemplaciones generosas, sean cuales sean los actos que nos brinden. Al final triunfará el bien. Debe.

 

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