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La crisis del fútbol italiano, expresión de la principal disfunción de un equipo

Martes, 14 de noviembre de 2017 | Roberto Crobu

Por primera vez desde 1958, en su larga historia futbolística (salvada excepción del 1942 y 1948 debido al segundo conflicto bélico mundial), la selección italiana de fútbol no irá al mundial de 2018.


La derrota en la repesca contra Suecia el lunes 13 de Noviembre sienta un hito negativo histórico que los principales periódicos del día siguiente no tienen reparo en indicar que tendrá una repercusión muy negativa en el producto interior bruto de este país durante el año del mundial 2018.


[Img #52084]Si algunos hablan de crisis financiera que puede hundir al fútbol italiano y alejarlo aún más de las cotas de liderazgo internacional (de las que lleva varios años distanciada),  Marco Bellinazzo del principal periódico económico transalpino "Il sole-24 ore" explica cuáles pueden ser los efectos para la federación de fútbol de aquel país:   el presupuesto total del mundial de Rusia 2018 roza los 800 millones de euros, un 27% más respecto al mundial anterior. 400 millones se repartirán entre los 32 equipos que participarán (38 al ganador y 28 al segundo). El resto irá en concepto de compensación a los clubes propietarios de los jugadores. Un verosímil resultado de llegada a cuartos de final (habitual para esta selección) supondría ingresos por 18 millones de euros que la federación italiana dejará de encajar.


La ausencia del mundial supondrá una debacle económica no solo para la federación, sino para los clubes que verán reducidos sus presupuestos. A estos aspectos hay que añadir los daños en imagen, de los cuales tienen una repercusión directa el contrato con su patrocinador técnico, la marca Puma (18 millones de euros), y el resto de patrocinadores (unos 21 en total).


Pero, ¿De dónde viene la debacle de la Azzurra y su progresiva pérdida de liderazgo?


Visto desde mi prisma profesional, orientado a estudiar el funcionamiento de equipos de trabajo y equipos deportivos, con el fin de detectar disfunciones y mejorar su rendimiento y productividad, es posible que remonte al principal factor que Patrick Lencioni posiciona en la base de la pirámide de su libro 'Las cinco disfunciones de un equipo': la falta de confianza.


Según el modelo de Lencioni, la falta de confianza es la base de los problemas porque debido a ella no se tratan los conflictos.  El temor a afrontar conflictos (segunda disfunción) lleva a la tercera disfunción consistente en que las personas tienden a distanciarse con el tiempo. Esta distancia provoca como efecto la falta de compromiso y responsabilidad (cuarta disfunción) y la consecuente falta de resultados útiles (quinta disfunción).


Dicho así todo parece claro, pero quizá no aporte mucho valor al lector sin mirar entre líneas cuáles son los juegos sistémicos que han degenerado en esa falta de confianza. Ahí es donde asume un papel trascendental trabajar con un psicólogo del rendimiento de equipos porque permite intervenir con carácter previo para que estos aspectos no lleguen a tan dolorosas consecuencias.


Analizando el espectro de las relaciones de vestuario de la selección Azzurra desde fuera, (desde las limitaciones de un servidor que no trabajó directamente con ese colectivo y que, por tanto, simplemente especula partiendo de datos limitados), destaca una figura icónica. El portero Gianluigi Buffón, que el 28 de Enero de 2018 cumplirá 40 años. Un personaje con una gran personalidad. Capitán cuya institucionalización nacional lo convierte en un “ministro” de la selección. Una figura tan emblemática como podría serlo en su tiempo Raúl González Blanco en la Roja. Tan popular e icónico, tan carismático y universalmente indiscutible, que acaba convirtiéndose en el mayor peligro para su propio equipo. Una persona cuya iniciativa y meticulosidad para tener el control de las situaciones, le llevan a tomar las riendas por defecto, a proponer el primero, a hacer antes que los demás. Con una gran autoconfianza y una administración del poder otorgado por míster y federación, y soportado por los resultados y éxitos pasados. Un poder que ante situaciones inciertas, le puede permitir la opción de disparar primero y preguntar después, sin que haya consecuencias que le perjudiquen.  ¿Quién va a tener la valentía de comentar algo en caso de opinión diferente? ¿Quién le va a discutir una coma, incluso ante evidentes equivocaciones? Una figura que, enquistada en el poder durante mucho tiempo, puede convertirse en egocéntrica y perjudicial para un colectivo: un interesante indicador de esta tesis son sus declaraciones posteriores al partido del 13 de Noviembre donde, más que tener palabras de consuelo hacia sus compañeros y mandar un mensaje a la sociedad italiana, tal como haría un Líder volcado en el apoyo y desarrollo de los demás para logros colectivos, se limitó a lamentarse egoístamente de que su último partido con la selección siempre tendrá el recuerdo amargo de coincidir con la eliminación de la fase final del mundial.  


En la primera parte de mi libro, 'Liderar la Incertidumbre' (Dykinson 2016),  dedico un apartado especial a este tipo de líderes (en empresa, en el deporte y en la política), que incluso con buenas y nobles intenciones, acaban bloqueando al equipo e impidiendo su desarrollo como conjunto. “Si trabajas como si la empresa fuera tuya, los demás lo harán como si la empresa no fuera la suya”. ¿Consecuencia? Escaso compromiso y responsabilidad, y escasos resultados.


La historia del deporte y la empresa adunda de casos parecidos. ¿Cuántos mundiales y eurocopas ganó la selección española con Raúl González Blanco? Se acuerda el lector de su fallo decisivo de penalti en cuartos de final contra Francia en Alemania 2006? ¿Que tuvo que pasar para que España invirtiera el ciclo dos años después en la Eurocopa de Austria y Suiza? Tuvo que llegar como seleccionador una persona con mayor personalidad y carácter (Aragonés), que no tuviera miedo a enfrentarse a él: sentarlo en el banquillo y, finalmente, no convocarlo a la eurocopa. Aragonés hizo además un gesto simbólico que empoderó al equipo y a su futuro goleador: dio el 7 a David Villa (me consta que Villa lo pidió). Esto liberó al equipo y sentó las condiciones para que cada uno detonase su propio potencial.


Esto no sucedió con Buffón en la selección italiana, pese a los fallos reiterados. ¿Acaso Italia no tiene porteros para fomentar el recambio generacional? Desde la Eurocopa de 2008, cuando España ganó a Italia en penaltis y Casillas se proclamó internacionalmente mejor portero que Buffón, la Federación Italiana podría haberse planteado un inicio de recambio generacional. Y han pasado casi diez años  ¿Se imagina el lector a la selección española  todavía con Iker Casillas?


A veces (casi siempre) los cambios que nos mantienen en el liderazgo hay que hacerlos cuando se está en la cumbre de un proceso productivo. Para ello hay que ser valientes y tomar decisiones en muchas ocasiones impopulares, pero en beneficio de un plan estratégico a mayor plazo. Esto no tuvo lugar en la selección italiana. No hubo un míster con la suficiente personalidad para tomar decisiones importantes. La federación no lo puso (o quizá se opuso internamente a similares decisiones). Tendrán que analizar esto así como posiblemente, la posibilidad de implantar modelos de trabajo con psicólogos de rendimiento, lo cual se está convirtiendo para selecciones como la Española de Lopetegui en una clara apuesta de valor diferencial,  tal como anunció el periódico El País del 11 de Noviembre de 2017,  y que trabaja con el amigo y compañero Juan Carlos Álvarez Campillo.

 

@robcrobu

 

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