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Froet y el liderazgo asociativo en la cuarta revolución industrial

Jueves, 7 de diciembre de 2017 | Roberto Crobu

Geyser Rock, a unos 170 Km de Ciudad del Cabo, en Suráfrica, es famosa por tener una reserva de 60.000 focas. Los ejemplares que nacen en esa localidad, llegada la época de la juventud, abandonan sus casas para ir hacia la vida.  Pero han de enfrentarse a un peligroso reto: atravesar una  zona de océano conocida por presentar la mayor densidad de tiburones blancos del mundo. Se trata del llamado “corredor de los tiburones” entre Geyser Rock y la isla de Dyer. Esas focas han desarrollado una técnica para reducir el riesgo de ser presas por los tiburones: [Img #52450]atravesar esa zona de océano en manada, de manera que parezcan una única entidad moviéndose, cuyo tamaño, mayor que los tiburones, sirva para disuadirles de plantear un ataque. Lo curioso de este proceso es que las focas podrían permanecer en su zona de nacimiento, pero su naturaleza ambiciosa de crecer y mejorar sus condiciones de vida es más fuerte que su miedo a quedarse en la zona de confort. Afrontan el cambio sin que ello suponga un impedimento.

 

Este relato quizá sirva de metáfora para comprender el reto que está suponiendo para nuestra generación, afrontar la cuarta revolución industrial. Los cambios que ello supone, no van a impedir que se mantengan o transformen ciertos empleos, profesiones, o modelos de negocio. Y quizá la cuestión no sea en “cómo salvar” algunos empleos, sino en como fomentar el cambio y el abandono de ciertos modelos de negocio y de ciertas profesiones en favor de otras. En definitiva, hacer lo que hacen las focas de Geyser Rock: atravesar el corredor de los tiburones y producir el cambio, en lugar de mantenerse estancadas.

 

Esta decisión ya está aquí y requiere de una determinación clara: modelos como Uber, Airb&b, los scooters Muving, son un ejemplo de modelos de negocio que están transformando la logística y el transporte de personas. El coche autónomo  de Google y los drones de Amazon son otros que transformarán el transporte de mercancías. La tecnología para que eso suceda ya está disponible. El mayor impedimento actualmente es legal, y consiste en que los gobiernos se pongan manos a la obra para estudiar la manera de legislar y transformar todo el aparato burocrático y administrativo asociado a esta transformación para crear las condiciones (¿como se hará un parte de seguro en caso de accidente entre coche autónomo y vehículo con conductor?). Solo es cuestión de tiempo.  Y de que los lobbies que actualmente controlan ciertos sectores productivos que se verán afectados, decidan mostrar una actitud más favorable o más resistente hacia ese cambio.    

 

Una reflexión del secretario general de Froet, Manuel Pérezcarro, en la web de la misma organización da que reflexionar al respecto. El argumento central del artículo, es la pérdida de competitividad de las empresas de transporte españolas, cuyos costes laborales no logran adecuarse a los de otros países como Rumania, Lituania o Bulgaria que están iniciando a copar el mercado. El dirigente de Froet declara que estando a los informes del ministerio de Fomento,  “ha aumentado la participación de otras empresas de transporte de la UE en el transporte de exportación de mercancías por carretera desde España hacia otros países de Unión”. Los países mencionados presentan economías bastante más deterioradas que la española. Según sus argumentos, la situación es tan difícil de sostener que algunas empresas españolas tienen que salir del marco de la legalidad para bajar los costes. El artículo habla también de competencia desleal por parte de esas empresas extranjeras y de la necesidad de establecer adecuados controles y sanciones.

 

Qué duda cabe de que el respeto de las reglas del juego es un aspecto esencial e importante para que la economía de un sector productivo sea fuerte y sana,  pero mi atención no va hacia ese punto, sino hacia el nivel sintomático, como claro ejemplo de transformación impulsada por la cuarta revolución industrial.

 

Estratégicamente hablando, cuando otros están dispuestos a hacer el trabajo de otras personas por menos dinero, en lugar de ir a la consecuencia (deflación de una profesión), es importante valorar el sentido de todo ello. Y en este caso el  sentido es que se han dado las condiciones de acceso a recursos tecnológicos y necesidades sociales, en otros países, para qué personas que viven en condiciones peores, estén dispuestas a asumir y realizar esas tareas por menos dinero. ¿Dónde está el PIB de Bulgaria, Lituania o Rumanía, respecto a la economía española?  Si esos países inician a tener acceso a unos recursos tecnológicos que permiten desempeñar ciertas profesiones, es porque mundialmente existen recursos de mayor nivel a los que pueden acceder economías más fuertes y consolidadas, como lo es la economía española. Y la cuestión se transforma en si conviene o no competir en esa liga, o aspirar  jugar en ligas de mayor nivel.  

 

Como dijo Rockefeller aludiendo a una conversación real ocurrida en un taxi a la salida de Wall Street, cuando “cuando un taxista te habla de la evolución de las acciones de una compañía en la bolsa, mejor vende esas acciones lo antes posibles”. Es decir, cuando otros que no suelen ser tus competidores, llegan a tener acceso a tus mismos recursos e información, y acaban haciendo lo que tú haces, seguramente es porque otros competidores dejaron libre su sitio: ¿Quiénes son? ¿A dónde fueron? Cuando eso sucede, es muy probable que abandonaran ese lugar y se dirigieran hacia recursos e información nueva que tú estás descuidando. Y esos recursos, en el caso del transporte, están siendo las plataformas digitales, la Smart Factory, el internet de las cosas, la automatización, y los coches autónomos.

 

Según el estudio del equipo dirigido por Carl Benedikt Frey de la Universidad de Oxford, los conductores de autobús y chóferes tienen un 89% de probabilidades de extinguirse entre el 2015 y el 2035, debido a la automatización. Ese porcentaje se respetará al menos en las economías más avanzadas. Y la cuestión es si la española quiere ser una de ellas.


Cabe pensar que una profesión con tal alto riesgo de automatización no vaya  a ser rentable a medio plazo en una economía de primera línea como la española. Y cabe razonable que algunos países se estén ya preparando para ello dejando de invertir en ella y hacerlo en procesos de automatización con el fin de seguir siendo competitivos.

 

Y la duda que nos invade ahora es, ¿en qué liga vamos a querer jugar? El tren del a cuarta revolución industrial  está en marcha y supondrá una fractura neta entre aquellos que la abracen y aquellos que se resistan a ella, tanto a nivel político como social. El dominio de los datos, del IoT, de la nano y de la biotecnología, será el que marcará el dominio de los capitales.

 

Cabe razonable ante este escenario pensar en si es hemos de tratar de competir en ciertos modelos de negocio, o abandonarlos en favor de otros: en si hemos de invertir para salvar ciertas profesiones, o invertir para ayudar aquellos que pueden quedar atrapados en su futura extinción, a abandonar su zona de confort y atravesar el océano de la incertidumbre y del cambio, aunque ello implique cruzar el corredor de los tiburones y reinventar su vida. Quizá tangamos que aprender de las focas y hacerlo todos juntos y unidos.  

 

Al fin y al cabo, si algo nos está aportando esta revolución digital son herramientas para estar más conectados los unos a los otros y ayudarnos. En eso consiste el liderazgo asociativo.

 

Con mis mejores deseos para Froet y mucha fuerza a su secretario general.


@robcrobu

 

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