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Lo más preciado

Viernes, 22 de diciembre de 2017 | Juan Tomás Frutos

Llegan fechas muy recomendables para pasarlo bien, para disfrutar, para ser uno mismo en la calidez de la fiesta, en su aspecto  lúdico, y por el hecho extraordinario de que tenemos y/o dedicamos más tiempo a la familia. Es igualmente un período en el que viajamos más, comemos más, salimos más en definitiva para pasar un buen rato con propios y extraños.


¿Y eso qué supone? Pues además de experimentar placer y alegría, ocurre que nos exponemos más, cuando nos trasladamos, por carretera, a que algo nos suceda, si no hacemos bien los “deberes”, esto es, si somos lo suficientemente locos para conducir bajo un trago de más de alcohol o después de haber consumido alguna sustancia enervante, por no utilizar otro término. También las comidas copiosas nos hacen vivir episodios de somnolencia, sin olvidar el hecho de que estar muchas horas de jovialidad nos puede reducir, por cansancio, las habilidades de nuestros sentidos para conducir un vehículo.


La propuesta ante esto es clara: si bebemos no conduzcamos, y no solo por nosotros, que es importante, o por los nuestros, igualmente relevante, sino porque ponemos en peligro a los otros que conducen y viajan, que van por aceras o que utilizan entornos o pasos de cebra dentro del ecosistema vial.


Sabemos que los mensajes son y están diáfanos, que los repetimos hasta la saciedad, que los vivimos desde que tenemos uso de razón, pero lo cierto es que, sin embargo, se reiteran los episodios nefastos porque no hacemos caso a las recomendaciones ni a las normas. De hecho, este año se están superando las cifras de fallecidos en las carreteras, entre ellos ciclistas y viandantes, que mueren atropellados por serios descuidos de todos los protagonistas de la circulación.


La vida es nuestro bien más preciado, como nos recuerdan nuestros amigos de ASPROVICT,  que han padecido en sus propias carnes el golpe de la tragedia. Desde su experiencia tratan de ayudarnos a salir, a seguir adelante. La medida de todas las cosas debemos ser los humanos, que hemos de esgrimir esa denominación con propiedad.


Podríamos resaltar muchas cuestiones comunes, propias, genéricas o específicas, para preservar nuestras existencias o las de las demás, pero, para no saturar, no lo haré. Si les imploro lo siguiente: por favor, vamos a intentar vernos durante el próximo año, y, si es posible, con la máxima paz interior. ¡Que así sea!

 

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