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Lo que sea, será…

Miércoles, 27 de diciembre de 2017 | Miguel Galindo

Al norte de San Diego, en EE UU, está plantado el Instituto Salk. Quizá que no le diga nada el nombre de esta institución, pero es el centro de estudios biológicos más prestigioso e importante del mundo. Y allí, en el Laboratorio de Expresión Genética, ejerce su cátedra desde 1993 un español muy cercano a nosotros, pues es [Img #52731]nacido en Hellín, ‘pegadico’ a la Región de Murcia, y su nombre aparece de vez en cuando en los medios de comunicación, la última vez, recientemente, en agosto, que es cuando leí aquesto que escribo hoy –permítanme el juego de palabras y palabros y sus nombres– y se llama Juan Carlos Izpusúa.


Y se asomó a los medios haciendo público uno de los avances científicos más importantes del siglo. Que un equipo de investigadores ha logrado corregir copias de genes erróneos en embriones humanos. En román paladino, algo que puede evitar el desarrollo de enfermedades hereditarias (eso significa ‘genes erróneos’ en el argot científico) en esos mismos seres humanos. Y lo dice con pleno conocimiento de causa, ya que él mismo forma parte de ese proyecto. Y lo explica. La vida en nuestro planeta está formada por la combinación de solo cuatro letras, A, C, G, T, si bien una sola célula humana tiene 3.200 millones de esas letricas. Una variación (error) mínima, en el ‘alfabeto’ de una célula es lo que da lugar a enfermedades congénitas, o genéticas… “Lo que hemos hecho –dice– es corregir un error de cuatro letras mal escritas en una célula, y con ello eliminamos una dolencia hereditaria que puede llevar a la muerte de ese ser humano”.


Acojonante, doña Violante… Y nuestro gobierno, atacando la carrera de letras en los planes de estudio, y despojándola de sus principales valores, cuando en vez de ciencias o letras deben de ser ambas dos, chaval… El de Albacete asegura que, a medio/largo plazo, las enfermedades de transmisión hereditaria podrían llegar a ser erradicadas del mapa genético de las personas. Ni más, ni menos. Y lo dice así, sin despeinarse. Falta el seguir desarrollando este descubrimiento hasta poder trasladarlo a la clínica cotidiana de los pacientes.


¿Se lo imaginan? Yo, sí. Un servidor, de no haber nacido tan pronto, leches, no padecería una serie de puñeteras dolencias que me han jodido durante toda mi vida, alguna de las cuales, encima, las he transmitido a mis pobres hijos, que se acordarán de su padre cada vez que, a un mal suponer, tengan un cólico nefrítico. Pero si mis nietos, a un buen suponer, pueden hacer que mis bisnietos no saquen ninguna puñetera tara de este aquejado antepasado, pues, óigan, que lo daré por muy bien servido… Todo sea por la descendencia, por lejana que me quede. Lo único que me joroba es estar sufriendo malengües que ya sé que tienen una solución que a mí no me va a llegar. Esto es como sufrir dolor de muelas y estar todos los dentistas de vacaciones.

 

Sin embargo, hay personas ‘fanáticreyentes’ (¡Ojo!, de todo tipo, condición y religión, que nadie se ofenda de entrada) por ahí, que desean implantar prohibiciones falsamente éticas en las investigaciones genéticas. Perversos y tenebrosos fundamentalistas del dolor humano. Prefieren que muera gente, antes de un posible, y recalco lo de posible, mal uso de tales avances. Es como condenar por anticipado a los millones de vidas que ha salvado el láser, porque antes desarrollaran la bomba atómica. No se fabriquen martillos, pues con él se puede matar a alguien. Todo es cuestión de cultura, educación y conciencia, pero no de oscurantismo, no sé si me explico… es un atraso como lo de las transfusiones de sangre, por parte de algunos otros iguales.


No obstante, y a pesar de ello, tanto mi personal opinión como la de esos ‘salva-almas’, resultan absolutamente irrelevantes. La historia de la humanidad, si enseña algo, es que, con el transcurrir del tiempo, nuestros baremos éticos y morales, sean bajo dogma o no, mutan, y cambian, igual que lo hace nuestro ADN, a pesar de los siniestros frenos. Hay muchas cosas que ayer eran “éticamente reprobables”, e inaceptables para la moral antañona, y que hoy suponen un enorme avance para el progreso de esa misma humanidad, formando ya parte esencial de nuestras vidas. Así que lo que tenga que ser, será, a pesar nuestro y vuestro…

 

@migasanch

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