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Molina: jóvenes en los Presupuestos Participativos

Jueves, 28 de diciembre de 2017 | Miguel Ángel Rodríguez Torres

La Comisión del OIDP “Presupuestos Participativos para Jóvenes”, en la me he sentido honrado de participar, ha tratado de definir y profundizar en la idea de extender a la juventud esta particularidad de la democracia participativa. En la definición de lo que entendemos por "presupuestos participativos orientados a los jóvenes" se recoge que  “es un mecanismo de democracia directa, ya que permite a los ciudadanos influir o decidir sobre los presupuestos públicos, por lo general el presupuesto municipal, a través del proceso de participación ciudadana. Por lo tanto, la dimensión de orientación a los jóvenes, consiste justamente en la definición y selección de las prioridades de inversión para el presupuesto de la ciudad por los jóvenes en una comunidad. Estos serían unos presupuestos participativos para la juventud en general, aunque, naturalmente dependiendo del caso de que se dirijan a un grupo de edad específico u otro. En cualquier caso, su objetivo es lograr la integración de los jóvenes en los asuntos públicos de la ciudad, a través de la participación, tanto en la toma de decisiones como en los debates y en las discusiones sobre las prioridades para invertir una parte específica del presupuesto municipal”.


Es bien cierto que desde este mismo espacio hemos reflejado, en algunas ocasiones, la necesidad de que los jóvenes se incorporaran a la participación ciudadana y a su cara más cualitativa –los presupuestos participativos-, así como que éstos últimos incluyeran la perspectiva de género. También señalábamos que para este año 2017 se contemplaba entre los objetivos de los Presupuestos Participativos de la ciudad pionera en la Región de Murcia –Molina de Segura-, el pilotaje de unos PsPs para jóvenes, que finalmente fue extendido hasta la edad de 12 años. Los resultados de participación y otros pormenores del proceso se han hecho públicos estos días, así como las propuestas votadas. También, por qué no decirlo, se ha palpado un cierto nivel de decepción por el tipo de proyectos que los adolescentes/jóvenes de Molina han priorizado: Hacer una Holi Run (24.000€), campeonatos de Paint Ball (7.000€) y Survival Zombi (12.000€).


Sin embargo, independientemente de otras consideraciones, sí quisiera subrayar que, lógicamente, las demandas de un adolescente de 12 o 13 años, pueden diferir bastante de las de un joven de 20. Por lo tanto, entiendo, que no se trata de entrar a valorar como se está haciendo desde ciertos sectores sociales muy críticos con la participación ciudadana en general y con los presupuestos participativos en particular, antes al contrario, debemos subrayar el carácter positivo de la incorporación de este grupo social a la democracia participativa y valorar esta primera inmersión como pedagógica y generadora de futuras dinámicas que a buen seguro alentarán las mejores expectativas.


Y como en otras ocasiones, serán muchas las ciudades y pueblos de la Región de Murcia y de otras Comunidades Autónomas las que nos seguirán e intentarán replicar la idea compartida por todos de la necesidad de llegar hasta los jóvenes para motivarles a que se imbuyan en los presupuestos participativos para lo cual intentarán adaptar nuestra experiencia en Molina de Segura a su realidad, partiendo de la base de que nos movemos en un terreno dificultoso para la participación, debido a su atomización y diversidad.


Como señalan Allegretti, Ganuza, Rguez. Villasante y otros (Proyecto ParLocal), existen en nuestros pueblos y ciudades movimientos sociales, asociaciones de vecinos/as, AMPAS, colectivos de mujeres, de jóvenes, de inmigrantes, LGTB, movimientos artísticos, culturales,..., unos más cohesionados que otros, unos con más poder que otros. Algunos de ellos, sin siquiera capacidad de proponer, que se escuchen sus necesidades. La ciudadanía, en general comparte que el Poder se relaciona con la capacidad de toma de decisiones en la esfera pública, y la capacidad de influencia en el poder político. Ni que decir tiene que al margen de la participación ciudadana, amplios sectores de la ciudadanía quedarían excluidos de los espacios de Poder donde se toman decisiones en la esfera pública.


¿Y ante esto como debería ser la actuación más adecuada que consiguiera invertir la situación? Desde la diversidad de situaciones, entendemos que para implementar un proceso participativo con un objetivo inclusivo –como es el caso de los jóvenes y adolescentes-, podemos emplear muchas técnicas o herramientas; todo depende de nuestros objetivos y el contexto en el que estemos. Sin embargo, hay una que podríamos decir es universal en cualquier proceso participativo para jóvenes: el taller participativo. Esta herramienta es muy flexible, implica de por sí un trabajo en contacto directo con la gente y será indispensable en cualquier momento, en cualquier proceso participativo. Los talleres participativos, han resultado en muchos casos el embrión de las Escuelas de Participación, y desde un punto de vista pedagógico y motivacional, resultan fundamentales en el objetivo que nos proponemos, es decir, con la creación de un espacio público que permita a los participantes no sólo el conocimiento imprescindible para poder decidir, sino, la consecución de un espacio de comunicación ciudadana en donde poder hablar en unas condiciones horizontales.


La cuestión está en que si hay personas que no se sienten invitadas a participar, hay algo que seguramente se puede mejorar. Igualmente algo siempre se puede hacer para mejorar los procedimientos participativos que sean a los ojos de los participantes transparentes y que les permita tener confianza en que los resultados no van a ser manipulados por ninguna razón fuera de los procedimientos participativos. Las discriminaciones positivas son criterios de diferenciación que intentan dar a un grupo o espacio, un tratamiento diferenciado con fines a persecución de la igualdad general. Por ejemplo, el establecimiento de criterios previos en la distribución de recursos privilegiando un barrio con menos estructura, más lejano, o con una población más pobre o desigual. O aún, el tratamiento distinto, teniendo en cuenta la inserción de grupos minoritarios como jóvenes, mayores, inmigrantes, etc. en los PsPs.


Lieberherr nos señala algunas cuestiones relevantes en esta reflexión, sobre todo el consejo de “no caer en una ingenuidad romántica” con los presupuestos participativos. Nos propone una reflexión y una batería de interrogantes: “es importante ser conscientes de las dificultades y de los límites de esta experiencia democrática. En efecto, la participación sigue siendo cuantitativamente limitada a una fracción de la población y es difícil movilizar a los jóvenes y a los muy pobres. […] Hay cuestiones que quedan pendientes:
-¿Cómo estructurar la participación para evitar el monopolio de las clases medias o de pequeños grupos?


-¿Cómo ir más allá del espíritu cerrado de los barrios y contribuir a construir el interés general?


- ¿Cómo no caer en el populismo?”.

 

Su propio apunte final invita a seguir trabajando: “La participación continúa siendo un desafío prometedor”.


                                                                             @MAngelrtorres   

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