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A vueltas con el nuevo ‘procés’

Viernes, 29 de diciembre de 2017 | Jesús Galindo

Puigdemont no hace más que decir tonterías en sus ruedas de prensa, eso sí, en cuatro idiomas. No lo digo yo, lo dice Emilia Mendiluce en una crónica publicada el pasado sábado en ‘El Mundo’; y la verdad es que la cantidad de sandeces y embustes que este personaje va destilando a diario, con los que llenar sus ya tediosas [Img #52781]jornadas en ese pseudo exilio al que tanto le gusta aludir, no sirven para otra cosa que para enardecer a sus fieles seguidores y muñidores (que dicho sea de paso son bastantes) y para aburrir al resto de los mortales, que somos los demás.

 

Tras las elecciones del 21-D en Cataluña, se han disparado los artículos y análisis de opinión que, a diario y a través de los medios de comunicación y de las redes sociales, nos intentan descifrar el resultado acaecido, cuando en realidad lo que ha sucedido es que se ha cumplido aquello de “madrecita que me quede como estoy”; lo que hace que tengamos que volver al punto de partida para intentar hacer el cesto con los mismos mimbres que teníamos ayer.

 

Los diferentes analistas se están estrujando las meninges intentando ofrecer una respuesta basada en aspectos sociológicos: que si los independentistas han contado con la mayoría de votos de los núcleos menos industrializados; que si al bloque constitucionalista le ha perjudicado la Ley D’Hondt; que si la aplicación del 155 se ha considerado como un agravio…, cuando todo es mucho más sencillo: la sociedad catalana está profundamente dividida como consecuencia de una política segregacionista practicada durante muchos años y sobre todo (y aunque esto no les gusta a los secesionistas) por el brutal adoctrinamiento al que ha estado sometida esta sociedad, por un lado a través de los medios de comunicación (que tan hábilmente han sabido manejar a base de subvenciones pagadas con el dinero de todos), y por otro al contar con la inestimable colaboración prestada por un sector del cuerpo docente instalado en esa Comunidad, que no ha dejado de practicar un proselitismo descarado y aberrante, sobre todo con un sector de la población muy vulnerable. Si a esto le unimos que una buena parte de la burguesía catalana, que ha estado trincando durante muchos años, pretendía seguir haciéndolo con total impunidad, como si de su cortijo se tratara y sin ningún tipo de interferencias, pues ya tenemos el aquelarre servido.


Decía Inés Arrimadas tras las pasadas elecciones: “treinta años de nacionalismo no se solucionan en una noche electoral”. Y lleva toda la razón. No se puede revertir de la noche a la mañana una situación que se ha ido incubando durante décadas y que ha calado en una parte de la ciudadanía, de manera que las justificaciones que esgrimen se basan exclusivamente en sentimientos, y no en conceptos objetivos y racionales. Les da igual que Cataluña se esté empobreciendo, que se hayan cortado de raíz las inversiones extranjeras y que el sector turístico esté sufriendo un descalabro importante. La sociedad en general todavía no está acusando estos efectos. La economía es una maquinaria muy pesada que tiene una inercia propia y no se para de golpe, sino que lo va haciendo poco a poco; ya lo vimos en la reciente crisis económica que hemos padecido. Esto ocurrirá, tarde o temprano; lo peor de todo es que cuando llegue este momento será tarde para reaccionar, y la recuperación es una terapia que genera efectos a largo plazo.


Puigdemont le pide al gobierno de Rajoy impunidad, para poder volver a España sin que sufra las consecuencias de un más que probable apresamiento por parte de la justicia. Está claro que Puchi no recuerda aquello de la separación de poderes que tan diáfanamente reflejó el Barón de Montesquieu en su libro `El espíritu de las leyes´. También le ha solicitado diálogo sin condiciones, cuando ya hemos visto en la campaña electoral que sus propósitos son los mismos que le abocaron a ser cesado y a salir corriendo, en un acto de cobardía que, por cierto, sus seguidores, presos de un fanatismo inexplicable, ya le han perdonado.


Hay algunas fuerzas políticas minoritarias que aún están pidiendo una consulta pactada en Cataluña. Y yo me pregunto, ¿pero para preguntar qué?, ¿si son partidarios de la independencia?. Ningún gobierno va consentir la secesión de una parte de su territorio. Tampoco va a permitir que una consulta de este tipo tenga carácter vinculante, como los independentistas mantienen a machaca-martillo. Entonces, ¿cuál sería el sentido de ese referéndum?. Yo todavía no he escuchado a sus patrocinadores sobre el contenido de esa pregunta, y sería bueno que lo explicaran y supiéramos algo más sobre lo que pretenden. A lo mejor proponen una formula totalmente asumible por todos los españoles, pero ante la opacidad que han mostrado hasta ahora nos están obligando a pensar mal y a desconfiar de sus verdaderos objetivos. No nos olvidemos que la voluntad popular necesaria para poder cambiar el estatus de cualquier territorio de España corresponde a TODOS los españoles. Algo que los independentistas no han querido ver todavía aunque paradójicamente lo hayan incluido, en su malograda propuesta de constitución, como una norma fundamental de su utópica república. Seguramente es que se estaban vacunando para que no les afectara el fenómeno de 'Tabarnia'.


Por cierto, he leído y escuchado, en infinidad de ocasiones, a ciudadanos independentistas apelando a celebrar una consulta al modelo de Quebec; y lo que probablemente no sepan algunos de ellos es que ese referéndum (pactado, pero no vinculante), conllevaba una negociación posterior y una consulta a toda la población canadiense, que no llegaron a ejecutarse al haber salido un resultado negativo. Alguien debería explicárselos.
Nos esperan días cargados de fuertes emociones y de nuevas actuaciones basadas en la intolerancia y en no reconocer la realidad en la que estamos instalados. Volveremos a revivir episodios ya sucedidos y tendremos que acostumbrarnos a soportar nuevos incidentes de intolerancia y fanatismo, pero eso es lo que nos ha tocado y lo que la ciudadanía, libremente, ha escogido. Lo único que nos puede consolar es que la máquina de la justicia, aunque de forma lenta pero inexorable, se ha puesto a trabajar y, suponemos, que estos energúmenos que han querido romper España no se podrán ir de rositas. Así sea.


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