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El cielo azul

Viernes, 5 de enero de 2018 | Juan Tomás Frutos

No es fácil regalar un deseo. No lo es porque podemos pedir hasta la Luna sabiendo que nunca la daremos ni obtendremos. A veces nos derrotan ciertas inercias o modas que se quedan en vanidades, en intereses y en aspectos materiales o superficiales. Además, no olvidemos que los excesos y los imposibles tienen un punto de demagogia, sin renunciar, no obstante, a que suponen igualmente un acicate, pero, antes o después, nos conducen a la frustración.

 

Buscar el equilibrio entre lo sencillo y lo complejo, entre lo usual y lo que alberga innovación, entre lo que es y lo que será, nos invita a una concienciación que nos mueve por vericuetos indescifrables que también nos podrían apartar del camino de la felicidad por el que todos queremos transitar.

 

Defender los valores sociales, que tanto reiteramos, es una máxima, y recapitular sobre lo que efectuamos también debe serlo. Hay que ganar esa dicha a la que aludimos. Eso supone que barememos, que ponderemos, que saquemos cuentas para ver si somos conscientes de lo que tenemos y de lo que nos gustaría rozar.

 

Son varios los anhelos que podríamos suscribir, que, aun siendo los de siempre, deben remarcarse por su fortaleza y consideración. Uno de ellos es que nos quitemos de encima lo superfluo. El otro es que disfrutemos de los cielos azulados y del calor de cada jornada. Nos lo decía el poeta. Nos lo reafirma la vida.

 

Podríamos brindar muchas explicaciones acerca de ello, todas entendibles a la legua, aunque no las apliquemos a cada segundo. Dejaremos el papel en blanco para que las vayamos poniendo personalmente en los próximos meses.

 

Caridad
En paralelo, en este comienzo de ciclo meditamos un poco más. Hay una pregunta recurrente, que nos suena, porque ha sido formulada en cientos de ocasiones, aunque no siempre la atendamos: ¿De qué nos sirve saber tanto, tener tanto, si no mostramos caridad?


Y decimos caridad en un sentido amplio. No captemos sólo el hecho material, ni tampoco el religioso en exclusiva. Pensemos en darnos al otro, en verlo tan importante como nosotros. La tolerancia, la empatía, la renuncia, la cesión, la consideración de los demás es básica para el entendimiento social e individual.


Busquemos algunos porqués. Las respuestas, si son las adecuadas, nos regalarán asimismo felicidad.

 

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