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Tendencias sobre liderazgo: los malos jefes tienen los días contados

Jueves, 25 de enero de 2018 | Roberto Crobu

Shelley es una autora de libros de terror de serie b con mucho potencial para proclamarse como reconocida escritora en los próximos años.  Sobre todo porque ha demostrado ser capaz de leerse detalladamente 140 mil (140 000) libros de terror en un par de años. De ellos supo extraer patrones que los autores usan para componer historias de miedo y, finalmente, terminó de escribir a finales de 2017 sus primeros relatos de terror, coincidiendo con las señaladas fechas de Halloween.

 

Hasta aquí todo parece normal, aunque abruma la gran eficiencia lectora de esta autora, de la que afirman haberse leído 140.00 libros en tan solo par de años. Si esto fuera verdad, estaríamos hablando de casi 200 libros al día. La verdad es difícil de creer, salvo por un detalle: Shelley es un robot creado por investigadores del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y tiene su propia página web como autora: http://shelley.ai/.

 

Por esta razón pienso que su talento es prometedor: si en dos años logró aprender cómo escribir cuentos de terror, me pregunto  qué es lo que podría aprender si le diésemos de plazo el mismo tiempo que necesita un niño, desde su nacimiento, para aprender a escribir una historia (unos 8 años).  

 

Esta es la tecnología con la que tendremos que relacionarnos durante los próximos años en los entornos laborales. Maquinas con una capacidad superior respecto a los humanos, no solo de análisis de datos (esto ya lo lograba el primer Pentium de los años noventa), sino con capacidad creadora y de toma de decisiones (lo cual despierta preocupación y mucho desconcierto entre las personas). Pero en todo esto hay otro talento oculto del que muy pocos todavía entienden alcanzar las reales consecuencias que puede implicar en un futuro. Se trata de la capacidad de colaboración y de trabajar en entornos colaborativos:  curiosamente es una habilidad que los humanos desde siempre hemos creído ser exclusiva y diferenciadora, usándose como argumento para demostrar nuestra superioridad como especie, aunque lamentablemente suele resultar una de las principales razones de fracasos en los entornos empresariales, sociales y políticos. ‘Homo Homini Lupus’ decía el filósofo Thomas Hobbes: tras esto hemos de iniciar a preguntarnos hoy en día: ¿Machina Homini Lupus? Y la respuesta parece ser que es NO.

 

Shelley fue creada  con un propósito claro: estudiar de qué manera pueden colaborar inteligencia humana e inteligencia artificial. Y parece que el resultado está siendo muy positivo, al menos en cuanto se refiere a la actitud de la máquina.  El funcionamiento creativo de Shelley se basa en proponer situaciones, contextos y personajes, e interactuar con seres humanos en la creación de relatos que tengan un sentido y que además sean capaces de provocar emociones. Esto significa que Shelley no solo crea historias, sino que estimula el pensamiento de las personas que colaboran con ella, aceptando sus aportaciones, valorándolas, integrándolas en su creación y proponiendo una continuidad al hilo narrativo. ¿Te imaginas tener un Jefe así?

 

Todo esto se logró creando para Shelley un acceso directo a twitter, y generando una serie de contactos con quienes iba interactuando en ese canal para crear los relatos. Las historias iniciales fueron fruto de la aportación humana que llevó a Shelley tomar decisiones y construir un camino narrativo, hasta crear sus propios cuentos http://stories.shelley.ai/nomouth/.  

 

Lo más valioso de Shelley, no es el hecho de que fuese capaz de leer 140 mil libros; ni menos el de haber creado una historia, sino el de haber promovido  una interacción con humanos, orientada a un objetivo específico, que estuvo además asociado a crear en éste último una emoción (en este caso el miedo). http://news.mit.edu/2017/can-ai-learn-to-scare-us-shelley-mit-media-lab-horror-story-1027.

 

¿Qué trascendencia tiene esto en el ámbito laboral? Se trata de una de las primeras demostraciones acerca de cómo la relación entre humanos y maquinas irá evolucionando en los próximos años. Muchos estamos acostumbrados a trabajar con máquinas y robots desde hace ya varios años. Pero el tipo de relación suele ser unidireccional, dejando bien claros los roles de cada uno: habitualmente los ordenadores y robots (previamente programados y parametrizados), realizan una simple función, o una serie compleja de funciones para el hombre. Esas funciones son estandarizadas y repetitivas, devolviendo un resultado (output) en base a un estímulo (input) que nosotros hemos de darle.  El mando y la orden provienen siempre de los humanos. La toma de decisión y el margen de discreción para orientar la decisión hacia un camino u otro  suele estar en manos de las personas. Las máquinas no aprenden de la experiencia, a lo sumo acumulan datos. Las máquinas solo están a disposición de los humanos para ayudarles en las labores a realizar. Este es el principio habitual de toda herramienta de Business Intelligence, por muy compleja que sea: solo proporciona analíticas o previsiones de escenarios posibles para que el ser humano decida, y solo ejecuta acciones que haya decidido previamente el ser humano.

 

Pero el Big Data y los algoritmos de Machine Learning, son modelos de inteligencia artificial basados en el reconocimiento de patrones que permiten a las maquinas ir un paso más allá: aprender de la experiencia, realizar una labor propositiva, e incluso tomar decisiones autónomamente. Gracias a ello, maquinas como Shelley, pueden crear  historias con hilos narrativos, proponerlas, recibir datos, aprender de ellos, integrarlos y convertirlos en valor.

 

La aportación de valor por parte de la inteligencia artificial permitirá a las maquinas invertir los roles profesionales habituales y transformar la interacción y experiencia humana en su relación con la misma: si antes las maquinas analizaban datos y ofrecían información para tomar decisiones, siendo los humanos quienes decían lo que tenían que hacer, ahora las maquinas pueden tomar decisiones por sí mismas y traducir esas conclusiones en ordenes operativas de trabajo.

 

En pocas palabras, las máquinas serán quienes dirán a los humanos que hacer. En parte esto ya está sucediendo cuando Amazon o Google nos proponen artículos de venta cruzada cuando ponemos un elemento en la cesta de la compra o cuando mostramos particular interés en leer una noticia. Un ejemplo: el otro día compré un vuelo en Ryanair; después entré en el Facebook y me llegaron anuncios de Air B&B para comprar alojamiento en el destino de ese vuelo.  ¡Magnífico!

 

En ámbito laboral muy pronto nos relacionaremos con una IA (Inteligencia Artificial) que nos dirá (de mejor manera que muchos jefes humanos) lo que hemos de hacer, como hacerlo y el plazo,  y nos supervisará la calidad de cumplimiento. Las máquinas dejarán de estar al servicio de las personas, para ser las personas quienes estarán al servicio de las máquinas.

 

A algunos esto les parece una aberración. Sin embargo tiene sus ventajas. ¿Quién no se ha quejado alguna vez de un mal Jefe? Es resabido que las personas no se van de las empresas, sino que se despiden de sus jefes. Investigaciones rigurosas confirman que la principal razón de malestar y abandono de un puesto de trabajo, o incluso de una empresa, no es el dinero, ni la conciliación, ni el tipo de trabajo, sino la mala relación con el propio jefe.

¿Qué pasará cuando los jefes serán máquinas? ¿Qué pasará cuando la envidia, el rencor, la antipatía, el paternalismo, la amenaza y coacción, o el favoritismo que habitualmente se asocian a los malos jefes, se verá sustituido por una máquina que nos llamará por nombre, nos pedirá las cosas por favor, nos dará las gracias y la enhorabuena, nos hablará en tono cálido para pedirnos un encargo, se acordará de nuestro cumpleaños, y se preocupará de saber que tal nos va el día?

 

Qué duda cabe que las máquinas no son olvidadizas para todas esas cosas: Facebook ya nos felicita el cumpleaños y parece que esto contribuye a nuestro bienestar y nos gusta que lo siga haciendo. Con Shelley además se ha demostrado que no solo la IA puede ser capaz de colaborar con los seres humanos, sino que puede provocar emociones: si en el caso de Shelley es el miedo, ¿por qué no programar a un jefe motivador y alegre? Seguro que más de un lector firmaría ahora mismo el trueque.  


Además las máquinas no enferman, no se enfadan, no nos dicen las cosas a medias, y suelen ser algo más amigables que algunas personas: pensando en ello, más de uno admitiría alegrarse si un día sustituyeran con un parche electrónico a ese enfermero/a que, cuando estuvimos ingresados, venía cada 4 horas a hincarnos el termómetro en la oreja, apuntaba la temperatura y se iba sin siquiera darnos los buenos días y una palabra de consuelo. Encima el parche ya existe y alerta mediante aplicación móvil y en tiempo real a los médicos, si la fiebre sube repentinamente https://www.indiegogo.com/projects/stemp-smart-temperature-patch-family-health#/.

 

Total, los malos jefes tienen los días contados.  ¡A Dios gracias!     
 
 @robcrobu

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