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Igualdad y brecha laboral

Miércoles, 14 de febrero de 2018 | Isabel Franco

Pese a que la sociedad por fin ha decidido moverse para hacer visible a la mujer, tanto en las artes escénicas como en ámbitos tan decisivos como el reciente Foro de Davos organizado por el Foro Económico Mundial, vamos a peor en lo que a noticias se refiere.


Este golpe de aire, decidida y definitivamente femenino que sacude la actualidad a diario, está destapando realidades sociales que resulta imprescindible afrontar para tratar de que la igualdad sea efectiva algún día, aún muy lejano.


Nada como los medios de comunicación para conocer los detalles de los informes que a distintos niveles se presentan por parte de unas y otras entidades, para desmoralizarse ante el extraordinario contraste que nos ofrecen esas realidades paralelas que tanto daño hacen a la verdad.


Y es que los esfuerzos en materia de igualdad se han destinado durante los últimos años, décadas diría yo, a montar una visión idílica de las iniciativas adoptadas por unos y por otros, y con esto me refiero a todos, con tanto éxito que contamos hoy en día con una juventud más convencida que nunca de que la igualdad es real y, a la vez, más víctima que nunca de los estragos que causa la cruda realidad, traducida a violencia machista en todas sus expresiones.


La primera falacia es la conciliación, solo perseguida para que las mujeres podamos seguir haciéndonos cargo del hogar y la familia, cuando la verdadera conciliación es la que debe permitir al hombre incorporarse a esas funciones. Solo una excusa para que los más impúdicos traten de maquillar su responsabilidad social y también su responsabilidad política.


El marco normativo es otra quimera, la Ley de Igualdad 3/2007 es uno de los pocos textos legales que no desarrolla un reglamento sancionador que aplicar a quien la incumpla, como si ya se contara con que nadie le haría caso aunque pasaran los años. Y ya van once desde que se publicó.


Así, no es de extrañar que la brecha salarial sea del 30% en nuestra región según el recientemente publicado informe de Gestha. Y se trata de un promedio, porque efectivamente en algunos ámbitos como el de las administraciones públicas es muy difícil establecer diferencias, pero en otros como el de la agricultura el porcentaje se dispara. Y a su zaga, el de UGT, que nos indica que las mujeres españolas cobran pensiones un 37% más bajas que los hombres. Claro, es que las mujeres hemos comenzado a cotizar hace relativamente poco tiempo, y lo hacemos mal por culpa de esa brecha salarial. Y para colmo, cuando alguien debe dejar el trabajo para cuidar de hijos o padres, quien mayoritariamente asume ese sesgo en su trayectoria profesional es la mujer, con las consecuencias que ello tiene para su futura jubilación.


Ese es el panorama que da lugar al Foro de Davos a generar titulares que indican que ningún país alcanzará la igualdad de género en 2030, que tardará un siglo en lograrse o que España se encuentra a la cola de las economías avanzadas más incluyentes. Y mientras, un Estado taimado huye de la elaboración de informes y estadísticas con el factor del género en ellos, porque no hay nada más irreal que una realidad invisible.


De poco sirven los objetivos de desarrollo sostenible y los programas electorales, los planes económicos y las conclusiones adoptadas en foros y reuniones varias, si el compromiso no comienza por nosotros mismos y nuestro entorno.


Nos dejamos engatusar por lo superficial, como si la diferencia entre pronunciar portavoz o portavoza ( y aquí el procesador de texto me recuerda que estoy cometiendo un error) fuera a acortar la grave cifra de mujeres que pierden la vida a manos de sus agresores, y de niños que se quedan irremediablemente desamparados por la pérdida de su familia.


Seamos exigentes, con el lenguaje inclusivo pero también con la responsabilidad que todos debemos asumir para cambiar el panorama. Es imprescindible adoptar de una vez el horario europeo en nuestro país, realizar procesos de contratación transparentes en las empresas e instituciones, declarar la maternidad cuestión de Estado y no solo de empresas y trabajadoras, adoptar medidas que pasen por la liberación de la mujer y concienciar a nuestras hijas, hermanas, madres, vecinas, amigas y compañeras que la igualdad está en manos de todas alcanzarla y sigue siendo una misión vigente.


Para motivarnos, otra conclusión de Davos, “las mujeres salvarán el mundo”.

 

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