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La actitud

Viernes, 23 de febrero de 2018 | Juan Tomás Frutos

La existencia es, en sí un pequeño-gran máster donde nos vamos empapando vía experiencia y conocimientos más o menos indirectos de cómo es la naturaleza humana, un ejemplo de bienestar y de lo contrario casi a tiempos iguales.

 

Ello quiere decir que es imposible que se dé esa función de laboratorio en la que todo sea perfecto. Por lo tanto hemos de estar preparados para saborear las intenciones y los objetivos logrados de manera conjunta con los sinsabores que también nos rodean.

 

Como quiera que ello es así, la actitud ha de ser de coraje, de positivismo. Hay gentes que siempre verán (o darán esa apariencia) que el vaso está medio vacío. Lo está en verdad, pero igualmente es una oportunidad para saborear la otra parte y para deleitarnos en y con la pretensión de colmarlo de esa bendición que es el estar vivos.

 

Seamos, por favor, dinámicos, en la esperanza de que si la inspiración nos pilla haciendo algo, remangados, todo será más rápido o eficaz, o, cuando menos, albergaremos una oportunidad. La compostura sana.

 

Gracias

En consecuencia, debemos contar lo que sentimos, que es mucho y, durante todo el tiempo, hemos de repartir alegría, que ha de ser fruto del deseo, de las ganas de ser felices. La versión de cuanto nos ilumina nos ha de complacer en forma de esos utensilios que nos brindan, o deberían, una serie de opciones de sabiduría. Demos gracias a lo que nos conforma. Elegir, al menos en una dosis, es cosa nuestra.

 

Ahí nos vemos

Recapitulemos. Hemos vivido jornadas consagradas al amor, a la jovialidad, a la cooperación, a la solidaridad. Están bien para justificarnos, para ponernos en valor, para mentalizarnos, pero lo ideal es que generemos esta textura de todos nuestros días con la suficiente vocación para que no nos falte nada de lo enumerado.

 

Alguien me escribió: “Planteas el amor y te soy entre verdades de un deseo que iremos cumpliendo de manera sucesiva, buscando entre voces que nos susurran de madrugada. Ahí nos vemos. El cariño nos coloca el norte al que mirar en momentos de duda. Es el caso: ya sé dónde voy”.

 

A veces el milagro es que alguien lo tenga claro. Y los milagros se acompañan con otros de semejante calado. Por intentarlo que no quede. Ni hoy, ni mañana.

 

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