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Esto empieza ahora

Martes, 27 de marzo de 2018 | José Pomares

La pasada semana se casó mi hija. Meses de preparativos para que el día saliera perfecto. Y así sucedió. Ya en la madrugada, con un beso de despedida y una sonrisa en un cara iluminada aunque cansada, me dijo “bueno, papá, todo acabó y salió genial”.

 

¿Todo acabó? Pero hija, si esto empieza ahora.

 

Pensé qué pasaría si cada día de su vida, de la de cualquiera de nosotros, fuera preparado con tanto amor, compromiso, pasión e ilusión como ese en concreto. O dicho de otra forma, qué se nos pierde u olvida en el camino, personal o profesional, para que las cosas en ocasiones empeoren.

 

Es evidente que la primera premisa es un campo de juego común, con unas reglas también consensuadas.

 

No soy yo o tú, somos nosotros.

 

Y como los valores de los que voy a hablar son personales, vamos a llevarlos también al campo de juego de la empresa, pues como tantas veces repito la empresa y la familia son instituciones tan similares que me gusta mezclarlas a modo de ejemplo y aprendizaje.

 

¿Qué jugadores tendré que poner en mi alineación para que el equipo funcione?

 

El valor primario es la generosidad.

 

Es la que genera vida, el egoísmo la mata. La generosidad permite abrir relaciones mientras que el egoísmo las cierra. Es el pegamento humano. Y al producirse la apertura me permite manifestar mi interioridad para poder trabajar mi intimidad. El egoísta polemiza, el generoso dialoga.

 

El sólo dar es tan estéril como el sólo recibir. Si sólo tomamos aire y nos detenemos allí, morimos. Igualmente, si sólo soltamos el aire y nos detenemos allí, también morimos. La vida no es dar o recibir, sino dar y recibir. El ejemplo de la respiración es obvio; sin embargo, podemos encontrar ejemplos de este dar y recibir donde quiera que haya vida.

 

Pero siempre que sea con veracidad, sin mentir, ya que en caso contrario no habrá transparencia, simplemente apariencia y al cerrarme tan solo habrá suposiciones sin profundizar en encontrar la verdad.

 

Peor aún. Me llevará a la desconfianza, y ninguna relación podrá basarse sin tener fe en uno mismo que haga que también la admita en los demás generándose esa confianza en el pensar, sentir y actuar de la otra persona.

 

Y de esa manera podré entender la fidelidad. No como aguante, que siempre será negativo, no tengo por qué soportar relaciones que me perjudiquen, sino una fidelidad creadora de lo que pensé el primer día que me uní a esa persona o empresa, que no es otra cosa que lo que prometí hacer en ese primer día hacerlo todos los días de mi vida con concepto creativo y creador para que permanezca en mi y contribuya a los demás.

 

Aunque tenga que esperar para ver los frutos. Porque también se necesita paciencia, que tampoco es aguantar o soportar situaciones hasta el infinito sino ser consciente que hay que ajustarse a los ritmos de los procesos naturales de la vida.

 

El bambú chino tarda cinco años en crecer después de plantada la semilla. En ese tiempo, todo su crecimiento es subterráneo, tramándose una compleja estructura de raíces que se extienden horizontal y verticalmente por la tierra. Es después de esos cinco años, ya con los cimientos bien edificados, cuando el bambú empieza a crecer y alcanza una altura de hasta 25 metros.  

 

Y a sabiendas que cuando tenga que rectificar es necesario que en el campo de juego aparezca la cordialidad, que siempre unifica los actos humanos y edifica las relaciones. Cuando esa cordialidad se une a una correcta comunicación es cuando nos damos a la otra persona, a entregarnos y darnos cuenta que nos va a ayudar a superar nuestras limitaciones.

 

Y quedaría un último jugador. Quizá el comodín que debemos siempre utilizar para unirnos aún más en una causa común. La participación en causas nobles para ayudar a otras personas que no sean obligatoriamente de nuestro entorno. De ahí la felicidad del voluntariado.

 

Cuando alguien se siente mal, lo primero que debe hacer es ayudar a otra persona, pues no conozco a nadie que ayudando a otro se sienta mal. Un aplauso a aquellas empresas que en sus fines sociales tienen actos solidarios hacia instituciones benéficas o necesitadas.

 

Estas son las condiciones de una buena convivencia. Pero también tienen sus efectos y frutos.

 

Cuando se actúa así, hay una energía interior que te permite salir adelante ante las dificultades y obstáculos que la vida te va a poner.

 

Y esa energía va a permitir no que brilles, sino que seas capaz de iluminar el camino a los demás.

 

Y empezará a brotar la alegría en todas tus  actuaciones exteriores.  La felicidad ordinaria depende de los acontecimientos, mientras que la alegría es una felicidad extraordinaria que es independiente de lo que nos ocurra. No se basa en el éxito sino en la excelencia.

 

La raíz de la alegría es la gratitud. Tenemos entonces  la llave de la felicidad en nuestras manos, puesto que no es la alegría lo que nos hace agradecidos, sino que la gratitud es lo que nos hace alegres.

 

Y así llegas a la medida colmada de la alegría dentro de ti; el entusiasmo, el encuentro con algo o alguien que te hace sumergirte en lo divino.

 

De esa forma se consigue llegar a la plenitud. Las ocasiones en que experimentamos una vida plena, son ocasiones en que nos olvidamos de nosotros mismos dando nuestra mejor versión a los demás, con esfuerzo pero sin sacrificio.

 

Quería escribir sobre la boda de mi hija y he acabado con las claves del liderazgo.

 

En el fondo y forma es lo mismo. Líder no es aquel que tiene seguidores sino el que es capaz de convertirlos en líderes.

 

Hijos, sé que vosotros lo sois. Mis felicitaciones por ser como sois y saber que además de ser grandes profesionales sois, ante todo, excelentes personas. Un beso eterno.

 

@josepomaresbarr

 

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