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No hay amor sin riesgo

Viernes, 6 de abril de 2018 | Juan Tomás Frutos

De nuevo, tú como fuente de inspiración. Estás ahí, como recién llegada, aunque siempre me acompañaste, incluso sin saberlo. Llegas con la intensidad del aroma bien entendido. Superas los sitios inesperados de la vida, y por eso te sigo. Aprendo mucho.

 

Desarrollas los propósitos de la existencia. Facilitas recursos, y puedes. Tengo hoy una misión: saber de ti un poco más. Hay complacencia, pleitesía, entusiasmo por las horas que vamos a disfrutar.

 

Con esta óptica nos ocupamos de las oportunidades. Serán aprovechadas. Los albores tenues nos rozan con sus miradas leales. Tú las canalizas. Sorprendes antes de presentarte. No hay prisa.

 

Los colores nos unirán en torno al cariño que prolifera. Te percibo. Completas el ciclo. Hay un fin. No advierto lo efímero que será, pero sé que será, que ya es. Nos rodeamos con estrategia y sin ella. El tiempo dictaminará. Asumimos el mando del amor.

 

Generosos

La magia de la cortesía, de la educación, de actuar con encanto en las relaciones humanas se traduce en resultados estupendos. Lo sabemos, pero a veces falta interiorizarlo.

 

La comunicación precisa de una interacción más o menos honda y elaborada. Intentemos, por lo tanto, andar el camino con el corazón teniendo en cuenta lo que piensan y anhelan los demás.

 

Llevemos un papel como hoja de ruta con los objetivos que han de aceptarnos como somos. Pongamos los resultados que hemos diseñado con acuerdos bendecidos por las buenas ópticas.

 

Las habilidades se resumirán en una serie de gestos con los que nos pediremos las mejores caricias en el deambular cotidiano. Seamos generosos.

 

Hay dos asertos que nos pueden procurar espléndidos sabores: “Mañana es hoy, si vamos sin prisa”; y “El corazón libre es aquel que corre riesgos”. Adelante, pues.

 

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