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Váyase señor Rajoy

Jueves, 31 de mayo de 2018 | Jesús Galindo

Esta frase, cuya muletilla hizo famosa José María Aznar, y entonces dirigida a su antecesor (Felipe González), ahora se la tiene que aplicar su compañero, Mariano Rajoy, a quien no le va a quedar otra salida, dadas las circunstancias sobrevenidas en las que su partido se ha visto envuelto tras los últimos descalabros sufridos: uno, la demoledora sentencia del caso Gürtel, y otro, el inesperado caso protagonizado por la imputación y encarcelamiento de Eduardo Zaplana.

 

[Img #55607]El primero de ellos era algo esperado y que se veía venir, y el PP tenía una hoja de ruta preparada, con diversas consignas que había distribuido, entre sus mandos y responsables, con el objeto de mantener una línea de comunicación común, tras las inevitables comparecencias a las que se iban a tener que enfrentar con los medios de comunicación y con el objeto de contrarrestar sus efectos perniciosos ya previstos.

 

Lo del Sr. Zaplana, en cambio, ha sido una verdadera catástrofe, y ha sido algo así como la gota que ha colmado el vaso, en una sociedad que, aunque parecía que estaba asumiendo pacientemente, y con unas grandes dosis de resignación, la ya dilatada etapa de corruptelas generalizadas, sin embargo, todo tiene un límite y ese límite parece que ha llegado; y esta sociedad ha dicho BASTA YA. Y lo ha manifestado de una forma silenciosa, pero contundente; de una forma sibilina, pero categórica; sin excesivas algaradas en las calles (salvo las ya previstas realizadas por ciertos grupos minoritarios), pero sobre todo a través de un clamor sosegado. Un clamor que está siendo protagonizado por la inmensa mayoría de medios de comunicación, quienes, a través de articulistas, columnistas y editoriales, han analizado la situación creada y han concluido –de una forma más o menos imperativa- que lo mejor es que el Sr. Rajoy se marche y que se convoquen unas elecciones generales, que nos devuelvan la credibilidad en las instituciones y que se pueda formar un nuevo gobierno, dado que la sociedad española ha perdido su confianza en el que nos rige en la actualidad.

 

En este contexto, el PP hace buena la frase de que la mejor defensa es un ataque, y amenaza con la inestabilidad y con la inseguridad; Nos inunda con una serie de mantras a los que, la clase política, ya nos tiene acostumbrados, y avisa de que, ante esta degradación de la situación política y económica, “España necesita un gobierno fuerte” (¡como si el de ahora lo fuera!). Esta afirmación y esta otra de “…Mariano Rajoy o el caos…”, son frases hechas, que se están acuñando dentro de la campaña de comunicación orquestada por el gobierno, pero que, por manidas y convencionales, en estos momentos ya no cuelan.

 

Tan solo hay que hablar con los mismos militantes y simpatizantes del PP para darse cuenta de que, inclusive, entre sus propios afiliados hay un hartazgo y una sensación que no invita al optimismo. Me recuerda el final de etapa del gobierno de Felipe González. Un triste final, cantado, que se produjo como consecuencia de una serie de hechos, algunos de ellos lamentables, que acabaron con una etapa de gobierno socialista de las más fructíferas que había tenido nuestro país en muchos decenios. Pero, entonces, la sociedad española ya no podía aguantar más sobresaltos y, sobre todo, cuando el Presidente del Gobierno se enteraba de estos hechos por la prensa. Algo así le ha pasado al Sr. Rajoy, cuando –en su declaración como testigo, en el caso Gürtel- manifestó que “…desconocía la gestión económica de su partido”.  Algo que no se creyó el Tribunal, que no se han creído los españoles y que ni el mismo se lo ha llegado a creer.

 

En estos momentos convulsos es cuando se necesitan políticos con un verdadero sentido institucional. Tampoco me creo que la solución sea Pedro Sánchez; el líder del PSOE no se puede permitir acceder a La Moncloa de la mano de los independentistas, y él lo sabe, pero alguien tiene que dar el paso, ya que el Sr. Rajoy parece querer atrincherarse, sin darse cuenta de que ha perdido toda credibilidad, y está sujeto a un pasado del que no se puede zafar. El país no puede pagar los platos rotos ocasionados por una etapa que tiene que finalizar. Hace falta terminar con un gobierno que se ha visto incapaz de contentar ni siquiera a la mayoría de los que le han votado. Hay que darles la palabra a los ciudadanos y que seamos los cuarenta y seis millones de españoles quienes digamos lo que queremos en estos momentos.

 

En estos momentos, el estado de degradación es tal que, se hace preciso hacer una verdadera política de Estado y no una política partidista y partidaria; eso lo podemos dejar para después de unas elecciones donde los que ganen puedan desarrollar sus programas, de acuerdo con el respaldo que los votantes les hayan otorgado. Ahora lo que los españoles necesitamos es algo así como un gobierno de salvación que nos conduzca directamente, y sin atajos, hacia unas elecciones generales. Un gobierno que sea capaz de dejar al margen los rifirrafes habituales; que no se enrede en querer colarnos por la puerta de atrás un programa político con el que no logró ganar en las anteriores elecciones parlamentarias. Ahora, como diría Pujol, esto no toca. Lo que toca es devolver la credibilidad en las instituciones; una credibilidad perdida como consecuencia de las innumerables actuaciones deshonestas a las que nos hemos enfrentado y, cuanto antes, devolver la palabra al pueblo, para que este sea el verdadero protagonista y el que ponga punto y final a este despropósito.

 

Bajo mi punto de vista, la etapa de gobierno del PP (como la del PSOE en su momento) ha finalizado. Siempre se ha dicho que las elecciones no las gana el partido que vence en las urnas, sino que las pierde el contrario. Y en esta ocasión, de nuevo se podría hacer bueno este aforismo. El PP podría perder las próximas elecciones; al menos eso es lo que la mayoría de analistas vienen presagiando desde hace ya algún tiempo; lo que falta por conocer es cuando se convocarán, pero de lo que nadie duda ya es que esta legislatura se ha consumado.

 

Si no prosperara la moción de censura (al escribir este artículo aún no se ha votado), Rajoy tendría, entonces, la oportunidad de hacer un favor a su partido y a el mismo, convocando unas elecciones generales y dando por finiquitado un periodo donde, nobleza obliga, no todo han sido sobresaltos, sino que ha habido una acción de gobierno que, aunque ha sido muy criticada, sin embargo, yo la valoro en su justa medida. Sobre todo, en aquellas ocasiones en las que ha tenido que hacer frente a una situación económica endiablada y en la que –en muchos casos- la sociedad no ha llegado a entender algunas de las medidas que había que tomar.

 

Que la suerte le acompañe Sr. Rajoy.

 

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