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Anoche, en Murcia

Martes, 5 de junio de 2018 | Francisco Martínez Ruiz

Tras unas jornadas de tsunami político, de luces y sombras de una iniciativa que ha sustituido al presidente del Gobierno de España; tras escuchar mil y una versiones, explicaciones, eufemismos y quedarte a la vez como quieto, expectante, sorprendido, y hacer pasar por tu mente sentimientos y sensaciones de decepción, incluso irritación, ocurren cosas como caídas del cielo que te hacen recuperar el eje.

 

[Img #55712]Momentos que te devuelven la confianza en que lo verdadero, lo auténtico, existe. La vida pone a cada uno en su sitio, dicen. Cada vez más, pienso que este aserto pudiera ser verdad.

 

Y ocurrió anoche en la magnífica actuación que ese grupo cercano, muy nuestro y brillante que son los Parrandboleros organizaron en el Auditorio de Murcia, y para el que se trajeron a nuestra ciudad a Pancho Céspedes y a… D. Pablo Milanés.

 

Y digo, ya, Don Pablo porque anoche, en un auditorio abarrotado de gente, Milanés, en las postrimerías de su larga carrera musical, nos volvió a dar una lección de cómo la dignidad, el señorío y la categoría de lo auténtico, se impone.

 

Nos demostró cómo, no disponiendo ya en plenitud de los extraordinarios resortes de su voz, nos seguía estremeciendo con sus canciones de amor. Eso no me causó sorpresa. Pero sí su figura llenando el escenario. Gigante, señor, y al pie del cañón.

 

Por un buen rato pensé en toda esa gente que conoces, y más que no conoces, que son auténticos y tienen ese señorío. Yo vi muchos allí.  Gente que la más de las veces no se merece el trato que reciben de los que deben ocuparse de sus asuntos, pero que siguen manteniendo su ser, sus normas, su conducta, sus principios, sus amigos, y sus valores. A pesar de todo.

 

Y aquí ya es superfluo ser de unos o de otros, naranja, rojo, morado o azul. Aquí lo que de verdad importa es no perder la capacidad de respetar lo que merece ser respetado.

 

“De que callada manera “apareció ayer en Murcia un señor: Don Pablo Milanés.

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