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La competitividad desde el fútbol a las organizaciones: faltan psicólogos

Martes, 3 de julio de 2018 | Roberto Crobu

El pasado domingo amanecíamos en la Región con un artículo de La Opinión que mencionaba la escasez de psicólogos, con tan solo 6,5 de promedio cada 100 mil habitantes.  

 

Esa misma tarde nos aproximábamos a ver la clamorosa derrota de la Selección española contra el equipo de casa, Rusia, en el mundial de 2018, con un partido de muy bajo nivel de intensidad física y mental.

 

La selección no pasa por su mejor momento: Lopetegui ya es historia. Y con él se fue uno de los proyectos más innovadores que se estaban gestando en el fútbol mundial: el trabajo del amigo psicólogo y coach Juan Carlos Álvarez Castillo. Éste, fuerte de haber acompañado a Carolina Marín al oro olímpico de Río, y a ayudar a Luis Alberto a ser titular en la Lazio primero, y lograr el objetivo de ser seleccionado por la máxima selección después, se aproximaba a gestionar el complejo mapa de emociones y rendimiento mental de los mejores futbolistas españoles en la máxima competición mundial.  

 

Juan Carlos, que suele etiquetarse más como coach que como psicólogo (erróneamente a mi aviso), viajó a Rusia con la selección en el staff de Lopetegui. Cuando éste fue cesado fulminantemente tuvo también que hacer las maletas y volverse a España junto con el flamante técnico del Real Madrid.

 

El que había entrado como coach para mejorar el rendimiento, tuvo que encontrarse a lidiar con una situación que requería más bien  todas sus destrezas como psicólogo, ante unos jugadores noqueados emocionalmente por el suceso de perder a su entrenador de confianza. Justo en el momento en que más necesaria se hizo la figura y la intervención del psicólogo, éste fue menos: no sabemos si  por decisión propia o de la federación. Tampoco sabemos si Fernando Hierro se trajo a alguien para sustituir la labor de Álvarez Campillo, pero cierto es que había mucho trabajo por hacer en el aspecto mental y emocional, y que un psicólogo no se gana la confianza de un día a otro: Juan Carlos llevaba meses preparando la competición con los chicos de la  Roja, cualquiera difícilmente podía hacerlo mejor que él, llegado a Rusia, y llegada la hora de competir.

 

Desde entonces vimos a unos jugadores compitiendo a un nivel descafeinado, mentalmente cansados, con expresiones en la cara de pocas agallas.

 

Pero en esto nuevo fútbol VUCA de última generación, España no es el único equipo en sufrir mentalmente los reveses e imprevistos competitivos:  de los grandes del mundo, Italia ni llegó a clasificarse, dejando en shock a todo el país hace unos meses. Alemania, la campeona del mundo, no logró pasar de la  primera ronda. Argentina, la subcampeona, también eliminada en octavos, no logra crear un equipo capaz de hacer sentir cómodo y sacar la mejor versión de su crack, Leo Messi. Y Japón, tras una prueba de fuerza portentosa, desperdició en los últimos veinte minutos una ventaja de 2-0 para acabar perdiendo 2-3 contra Bélgica en la última jugada del tiempo reglamentario.

 

Si queremos añadir un dato, en los últimos cinco mundiales de fútbol, cuatro campeonas del mundo no supieron reprogramar emocional y motivacionalmente sus conjuntos quedando eliminadas en las ronda preliminares. Qué duda cabe que los futbolistas y entrenadores no dejan de ser técnicamente competitivos de un mundial a otro: las causas de estas debacles hay que buscarlas en otros elementos que están lejos de identificarse en la dieta, el descanso, la preparación física. Todo apunta a que se trata más bien de una cuestión, mental.

 

Parece mentira que en un deporte donde la componente mental, emocional y relacional es tan decisiva  a estos niveles de competición, y donde el dinero no falta, entre sponsors  y patrocinadores, no se logre todavía entender la importancia de contar con profesionales que trabajen el rendimiento mental de una manera sistemática, programada y planificada. Lamentablemente los entrenadores todavía no están sensibilizados sobre la importancia de trabajar el aspecto mental de una manera desligada de la figura de sí mismos, y desvinculada de la natural orientación a los resultados que imprime la labor del entrenador. Este afán por el resultado en muchas ocasiones impide atender adecuadamente el aspecto emocional que sin embargo puede ser el elemento diferencial entre una actuación mediocre o excelente.

 

Las organizaciones no son muy distintas en su funcionamiento, respecto a los equipos deportivos,  ya que persiguen  resultados que requieren el máximo nivel de compromiso, competitividad, y entrega por parte de las personas que trabajan en ellas. Sin embargo, el recurso a profesionales del rendimiento, tal como sucede en el deporte, en ocasiones se deja en manos de la improvisación y de un escaso rigor en la selección de quienes han de ser los mejores profesionales para ello: otro artículo aparecido en El Periódico, alerta sobre los riesgos para la salud pública derivados del surgir de pseudo-profesiones (entre ellas la del “Coach”) y falsos psicólogos, que hacen de la intervención y el acompañamiento de personas un “mercadillo barato de emociones al uso”.

 

Pero hay un dato esperanzador ya que sobre ello se ha llegado a pronunciar el Consejo Superior de la Psicología de España la última semana. Éste ha iniciado una campaña para proteger a las personas de todos aquellos pseudo-profesionales que se hacen llamar ‘coachs’ o ‘terapeutas’ y ejercen actividades de acompañamiento de personas que requieren una formación y habilitación profesional en el marco de la psicología.

 

Quizá, entre las evidencias que nos deja el fútbol, y las noticias que nos llegan en los últimos tiempos,  estemos algo más cerca de comprender la importancia y el valor añadido que supone tener a psicólogos en las plantillas de empresas, organizaciones y sociedades deportivas, para ocuparte de todos aquellos aspectos emocionales y mentales que pueden contribuir a la consecución de resultados y la excelencia.    


@Robcrobu                     

 

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