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Vacaciones

Viernes, 6 de julio de 2018 | Juan Tomás Frutos

Cada ciclo, como sabéis, invita a la reflexión, más ahora que estamos en tiempo de vacaciones, esto es, de tomarnos un poco de descanso, de ver las cuestiones esenciales y las que no lo son, con más perspectiva incluso.

 

A mi juicio, debemos procurar obtener un poco de partido de la experiencia acumulada, que siempre es poca a la hora de descifrar el sentido de la existencia humana.

 

Hay quien, desde una mirada pesimista, vocifera que estamos en un tramo de descuento, y que cada día que pasa es una jornada menos. Prefiero verlo de otra manera más ilusionante y positiva: cada 24 horas suman una unidad de vacaciones que se añade a la fortuna que disfrutamos constantemente, habitualmente, casi sin percibirlo, porque los milagros cotidianos no se interpretan de esa guisa, aunque deberíamos.

 

Cada instante, cada segundo, ha de contemplarse como el más óptimo de nuestro universo. No hay tantas posibilidades como nos gustaría, pero las hay. Debemos sacar provecho hasta de la faena reiterada. Si la afrontamos con alegría será menos sacrificada. Todo pasa muy deprisa como para perder lo más valioso: nuestras vidas.

 

Por lo tanto, puede que lo más inteligente sea ver cada amanecer como una era de vacación. Lo es. Es una suerte estar vivos, mas hemos de demostrarlo en nuestro interior y fuera de él.

 

Las vacaciones, en consecuencia, tanto si las comenzamos como si no lo hacemos en esta oportunidad, se han de prolongar eternamente, porque si nos deleitamos con cada hora que exprimimos, sea lo que fuere cuanto hacemos, la felicidad está asegurada. Compañeros y compañeras, depende de nosotros. Lo sabemos.

 

La verdad más alta

En este contexto subrayo que eres ese gesto que justifica el día de buena mañana. Te presentas y eres el cronómetro, sus horas, sus impresiones, sus puntos de vista, sus caricias, su cariño, su mejor cara, lo que me envuelve y tapa para otorgarme frío y/o calor, según proceda, con encanto, con emoción, con pasión incluso, con sabiduría, con aspecto salvaje, con intenciones, sin ellas, desde el compromiso por y para ser feliz.

 

A ti me agarro, a tu ademán, y en él me fundo con y sin sorpresa en un amanecer que extenderemos hasta la siguiente aurora. Sonríes por mis palabras: sabes que jamás como ahora mismo te he dicho más alta verdad.

 

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