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Nacionalfeminismo

Miércoles, 8 de agosto de 2018 | Miguel Galindo

[Img #57248]Admito que mi artículo de hoy va a ser como meterme en un avispero. Y sé que va a ser malinterpretado a conciencia por la parte más intransigente del sector femenino. E incluso cuento con la manipulación del feminismo más dogmático y fundamentalista… Sin embargo, me voy a arriesgar. Cuento también con que aquellas amables lectoras que me siguen y me conocen – o confío que me conozcan – respiren profundamente antes de dejarse llevar por interpretaciones ya elaboradas de antemano, así como confío en que sepan distinguir entre un veredicto y una reflexión.

 

Y si lo he titulado así, es porque coincido, casi que plenamente, con el análisis del eminente escritor y columnista catalán Francesc Cerreras, en cuanto a que la deriva del radicalfeminismo más actual se parece mucho (en sus formas y maneras, al menos) al nacionalismo. Y pone por ejemplo al que más conoce de todos, al suyo, al catalán, que se fraguó sigilosamente en tiempos de Pujol, para hoy hacerse visible en una explosión de intolerancia que no admite discrepancia alguna. Ni siquiera como cuestión de principios. No existen más principios que sus propios principios. Si osas discrepar de su política lingüística, económica, social o política, inmediatamente eres violentamente atacado y señalado como anticatalanista, fascista, españolista (lo peor de todo). No se analizan los argumentos, no, se te descalifica directamente, sin piedad, tan solo que por atreverte a disentir. La estrategia es crear una espiral de temor, terror y silencio que enmudezca toda opinión que no sean las suyas.


Es la misma sensación – y pido disculpas – que me pasa con el feminismo a ultranza. La reacción ante el caso de lo de La Manada, lo recuerda. El discutible fallo de la sentencia y ha sido contestado desde las tripas, no desde el cerebro. Hay que argumentar el disentimiento lo mismo que se argumenta la sentencia. Trescientas páginas argumentales de resolución judicial, aún relativa y posiblemente equivocada, no puede, no debe, ser protestada sin, al menos, haberla leído, meditado y entendido. La sensación era que la airada respuesta ya estaba montada para dispararla nada más saber el fallo, porque se sabía cuál iba a ser ese fallo (el Código Penal es claro). Sin estudiar el argumentario, los manifestantes ya habían dictado su veredicto… ¿Por qué? Muy simple, se etiqueta como ataque frontal al feminismo (nacionalismo) desde una actitud fundamentalista y dogmática. Lo malo es que se demuestra poniendo un espejo frente a otro espejo.

 

Tanto el feminismo como el nacionalismo, como casi todos los ismos, enraízan en creencias de idealidad colectiva, sea del género femenino, sea de la nación, o del credo al que se pertenece. El feminismo histórico siempre ha defendido la igualdad entre el hombre y la mujer. Ha avanzado mucho, si bien aún la queda por avanzar, y hay que reconocer que el avance no ha sido mayor en la igualdad entre trabajos e incluso clases sociales. Lo que ocurres es que se ha pasado, de un solo salto, del feminismo de la igualdad al feminismo de la identidad, en que la identidad colectiva de las mujeres se fundamenta en lo que la diferencia del hombre, usándolo contra el propio hombre. Es la misma deriva que se ha dado en el nacionalismo, al pasar de las ideas a las creencias, y de las creencias a las actitudes… Yo prefiero – y es una opinión personal, claro – las aptitudes a las actitudes. Es el terreno del diálogo, de la discusión incluso, pero no el del posicionamiento que lleva al enfrentamiento. El feminismo igualitario es bueno si se entiende con respecto al hombre, pero el feminismo identitario es malo porque se entiende solo entre mujeres, y no con los hombres. Es de identidad, de sexo contra sexo, de clase, de género (aunque no es igual género que sexo, y las femilitantes lo confunden adrede).


Y ese feminismo, como el nacionalismo, al ser excluyente, termina por fagocitarse a sí mismo en una espiral donde los juicios mediáticos provocan cazas de brujas interminables, como en un alud siniestro. Las muertes de niños provocan docenas de apariciones de falsas furgonetas con falsos raptos. Las violaciones mediáticas están provocando una cascada de violaciones, al menos alguna de las cuales – por decirlo prudentemente - son absolutamente falsas. Las encuestas que realizan algunas organizaciones con preguntas dirigidas que invitan a contabilizar como abuso cualquier mala experiencia más o menos olvidada, son de una subjetividad manipuladora impresionante. Solo así pueden publicarse cifras que epatan y espantan… El propio fiscal que impulsó la demanda del movimiento MeToo contra el grupo Weinstein por abuso sexual, un tal Scheiderman, ha tenido que dimitir tras ser acusado también de maltrato sexual. Los propios inquisidores acusados de brujería… Si esto no suena a paranoia…

 

Y quiero terminar haciendo constar que este artículo no es un alegato contra el feminismo, por mucho que quieran algunas y algunos. Es un alegato a favor de la mesura y la moderación, y, sobretodo, contra las políticas de pensamiento único. Políticas éstas ya practicadas y conocidas por todos los regímenes absolutistas tanto de derechas como de izquierdas. Las impuso el nazismo, el stalinismo, el franquismo… y ahora quieren imponerlas otros tantos ísmos… por lo mismo.

 

Escrito por Miguel Galindo Sánchez (Twitter) / El Mirador / www.escriburgo.com / viernes 10,30 h. en http://www.radiotorrepacheco.es/radioonline.php

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