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CONSERVACIÓN PATRIMONIO

Investigadores de la UPCT piden protección para posadas históricas en ruina como la de Librilla

Expertos en Patrimonio Arquitectónico de la Politécnica están recopilando un catálogo de itinerarios de viaje en la Región

Jueves, 30 de agosto de 2018 | Redacción

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La Casa de Postas de Librilla, una histórica posada construida por el Duque de Alba en el siglo XVIII, amenaza ruina. Así lo alertan investigadores de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) en un artículo publicado por el anuario de Historia ‘Memoria y civilización’ de la Universidad de Navarra.

 

 

El gran edificio conocido localmente como «Las Caballerizas», situado en la entrada del pueblo desde Murcia y junto a la antigua carretera nacional N-340 es, en realidad, una antigua posada. “La fachada principal responde a los patrones de la arquitectura neoclasicista que promovían las academias de Bellas Artes”, destaca la investigadora Rosario Baños Oliver, que está realizando la tesis doctoral ‘Ventas y posadas de la Región de Murcia’, dirigida por los profesores Francisco Segado Vázquez y Juan Carlos Molina Gaitán y financiada por la Fundación Juanelo Turriano.

 

 

El edificio de la posada se encuentra catalogado con un grado de protección 2 por el PGMOU de Librilla, que estipula que se debe conservar tanto el volumen original como la estructura portante, así como la disposición de vanos en fachadas y los elementos ornamentales y compositivos más significativos, como el escudo o la rejería. “A pesar de estas disposiciones, el estado de la posada de Librilla es lamentable, en un estado de abandono total”, describen los autores en el artículo.

 

 

Estos expertos en Patrimonio Arquitectónico de la UPCT están realizando un trabajo de investigación para la identificación de cada una de estas edificaciones anteriores al siglo XX que aún se conservan en la Región y la de su relación con los itinerarios de viaje. “El objetivo último no es otro que el de identificar estos edificios singulares y contribuir al conocimiento y puesta en valor de esta tipología arquitectónica, con el fin de garantizar su preservación y conservación”, explican. “Fueron piezas esenciales del patrimonio de la obra pública”, argumentan, por lo que piden su inclusión en el Plan Nacional de Patrimonio Industrial.

 

 

“De las posadas que aún se encuentran en pie, pocas hay que se encuentren catalogadas a pesar de su relevancia. Es por esto por lo que parece necesario el estudio de estos bienes inmuebles con el objetivo de protegerlos , conservarlos, identificarlos y fomentar y difundir su importancia en el transporte de viajeros, en la red viaria y en la historia del territorio y de la movilidad de las personas”, añade Rosario Baños, que antes de iniciar la tesis hizo el máster de Patrimonio Arquitectónico de la UPCT.

 

 

Una de las supervivientes de las numerosas ventas y posadas levantadas durante siglos a lo largo de la red caminera española es la Casa de Postas de Librilla, cuya construcción fue promovida José María Álvarez de Toledo y Gonzaga, duque de Alba, marqués de Villafranca y los Vélez y señor de Librilla. A pesar de que la mayoría de estas construcciones son de carácter anónimo, la de Librilla fue ejecutada entre 1765 y 1779 por arquitectos y maestros de obras siguiendo los modelos de parador que se proyectaban en las distintas academias de Bellas Artes.

 

 

Opiniones de los viajeros

 

Los investigadores han repasado la literatura sobre las posadas en España, recogiendo testimonios muy negativos de los primeros turistas que recorrían el país y la Región de Murcia. De la posada de Puerto Lumbreras, Jean Peyron dijo en 1772 que en su dormitorio “todo se hace sin proporción y con mal gusto”. Por la misma época, Juan Martínez Ordoñez llamó ni más ni menos que “puercos” a los venteros de Archena y John Carr se quejó de un “colchón plagado de pulgas” en Totana. Sin embargo, este último viajero calificó la posada de Librilla como “la más bonita vista en España”.

 

 

Las ventas y posadas se situaban en cruces de caminos de cierta entidad y a determinadas distancias unas de otras, puesto que todo viaje que requiriese más de una jornada, haría necesario un lugar para el descanso y refresco de los viajeros y, sobre todo, de sus animales. Las postas eran estaciones dispuestas a lo largo de los principales caminos con la finalidad de que el correo real llegará lo más rápido posible a la Corte.

 

 

La trascendencia de estas construcciones fue tal que llegaron a recogerse en los diccionarios geográficos que surgieron en el siglo XIX con el fin de conocer y registrar el territorio. Además, debido a la preocupación por la existencia de buenos establecimientos hosteleros, se llegó a crear la figura de un inspector que recorría las ventas y posadas, analizando la calidad del establecimiento.

 

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