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Los efectos de la canícula

Jueves, 27 de septiembre de 2018 | Manuel Pérezcarro

Dicen que, en este periodo del año, en que el calor es más fuerte, afecta a las meninges y unos se vuelven
más irascibles, otros menos tolerantes y algunos gilipollas.


La ocurrencia del denominado grupo de los 27, esas veintisiete asociaciones - que son bastante menos porque sus representantes aparecen por duplicado en varias organizaciones- unidas con el objetivo de trabajar por el “Impulso a la Competitividad del Transporte”, de afirmar que las 44 toneladas contribuirán a la sostenibilidad ambiental, económica y social del transporte de mercancías es una gilipollez y, además, toman a los transportistas por imbéciles.


Como ven que su demanda no cuela después de varios años con la misma tabarra, nos las quieren encasquetar a base de raciones de “buenismo”, que es lo que se lleva ahora, y lo políticamente correcto.

 
Todo ello, sin embargo, es para tratar de encubrir algo mucho más vulgar como pretender ganar más dinero para sus ya abultadas economías con el esfuerzo de otros, los transportistas.


Mucho pregonar el 'win to win', es decir, una negociación donde tanto transportistas como cargadores salieran beneficiados, pero a la hora de aceptar las justas reivindicaciones planteadas por el Comité Nacional del Transporte, tararí que te vi.


Y siguen con la matraca. Ahora resulta que si se implantan las 44 toneladas se favorecerá el cumplimiento de los objetivos de reducción de emisiones y contribuirá a paliar la alarmante falta de conductores profesionales, dos afirmaciones fácilmente desmontables pero que quedan muy bonitas para rellenar titulares.


Según los datos contenidos en el estudio denominado “Evolución de los indicadores económicos y sociales del transporte terrestre”, que elabora periódicamente la dirección general de Transporte Terrestre del ministerio de Fomento, referidos al 31 de diciembre de 2016 –último publicado- de los 31.237.511 vehículos automóviles (turismos, motocicletas, autobuses, camiones, furgonetas y tractores industriales) que existen en España, solo 97.018 son camiones de más de 10 toneladas, es decir, el 0,31% y de este porcentaje habría que deducir los que no están autorizados para transportar 40 toneladas.


Vamos, que le están indicando al Gobierno de turno que puede apuntarse una medalla en el ámbito de la ecología y la sostenibilidad adoptando esta medida que, en definitiva, no sirve para nada, pero queda guay y, además, la pagará el sufrido transportista que lo admite todo.


La segunda afirmación de que las 44 toneladas contribuirán a paliar la alarmante falta de conductores
profesionales, es otra memez, ya que, si las condiciones actuales para el ejercicio de la profesión no se mejoran, seguirán faltando conductores, y para mejorar las condiciones hay que acometer otras actuaciones.

 

En primer lugar, las que tienen relación con los cargadores, esto es con el grupo de los 27, como suprimir
las cargas y descargas por los conductores y que sea el cargador quien ponga los medios humanos y materiales para ello; acabar con el intercambio de palés que supone un trabajo adicional para el conductor y un coste para la empresa; reducir drásticamente los tiempos de espera para cargar y descargar los camiones; la correcta atención y respeto a los conductores por el personal de los almacenes o fábricas, etc. Éstas, son quejas que oímos todos los días a nuestros conductores, al margen de las mejoras salariales que reivindican y que la empresa de transporte no puede atender en la medida que ellos quisieran porque no consiguen una rentabilidad mínima debido también, al comportamiento de los cargadores en el mercado, siendo morosos en sus pagos, con falta de escrúpulos a la hora de contratar el transporte a través de los denostados tender, negándose a revisar el precio del transporte en función de la variación del precio del gasóleo o contratando el transporte sin importar con quien, sino solo si lo realiza más barato, aunque para ello se utilicen empresas buzón o falsas cooperativas.

 

Esta es la realidad y la oferta de negociación con los transportistas es una pura patraña, ellos solo quieren sentarse a hablar de su libro.

 

Artículo publicado en la revista de Froet

 

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