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Las cajas: una historia de casi 200 años

Miércoles, 7 de noviembre de 2018 | Pedro José García López

[Img #59162]Como bien es sabido, una de las consecuencias de la mal llamada ‘crisis económica’ que derivó de la quiebra de grandes bancos de inversión de Estados Unidos, y que luego se contagió al resto del mundo, ha sido la práctica desaparición de las cajas de ahorro en España.


Mucho se ha hablado y escrito al respecto de los acontecimientos que han dado lugar a que hoy día queden dos de las 45 que había antes de la crisis si bien tenemos que mirar con un poco más de perspectiva para entender que el final de estas instituciones, no ha sido únicamente por el estallido de la burbuja de los últimos años, sino que el principio del fin se produce muchos años antes, de lo cual voy a tratar de reflexionar aquí.


Para ello lo primero que hay que explicar es cómo nacen y qué función tenían las cajas de ahorros, y cuáles han sido las decisiones que han llevado a que tuvieran un comportamiento que acabó por extinguirlas. Las primeras cajas datan de los primeros años del reinado de Isabel II; un Real Decreto crea la Caja de Ahorros de Madrid en 1838, y es la constancia inicial de la primera entidad de estas características, aunque parece ser que anteriormente se había creado una en Jerez de la Frontera. A su vez, estas entidades eran una especie, o sin especie, de derivado de otras aún más antiguas, como eran los Montes de Piedad, nacidos en la Edad Media en Italia, y que en España existían ya en los siglos XVII y XVIII. En ellas se producían empeños de joyas y otros bienes a cambio de dinero, a unas tasas muy inferiores a las que lo hacían los prestamistas, y por tanto accesibles para mayor cantidad de gente que podía acceder a dinero o mercancías para sus negocios.


En 1880 una ley calificada de ‘benéfico’ el fin de las cajas de ahorro, poniéndolas bajo la protección del estado. Esto ligado a su territorialidad, hace que el profesor Juan Velarde defina del siguiente modo estas instituciones: “Estas instituciones pasaban, pues, a ser dirigidas y orientadas por personalidades destacadas de los lugares donde surgían. Prestaban a personas muy conocidas por su solvencia y no iban mucho más allá de la localidad donde nacían. Así comenzó el proceso crediticio de las cajas de ahorros con una triple proyección: ámbito geográfico muy reducido, tipos de interés pequeños y enorme seguridad para quienes depositasen en estas instituciones su dinero”.


En este párrafo queda más que definidas las características de estas entidades, sobre todo en cuanto a su política de concesión de préstamos y su ámbito geográfico.


Hay que decir, que durante todo este tiempo, ha existido la convivencia de cajas de ahorros con bancos, instituciones privadas, y con ligeros matices  podemos afirmar que las cajas canalizaban el ahorro de las personas, disponían de más dinero depositado que dinero prestado; mientras que un banco hacía justamente lo contrario, y por tanto si prestaba más de lo que tenía depositado, la diferencia tenía que salir de algún sitio, en este caso parte del ahorro canalizado por las cajas, que eran prestamistas de los bancos.

 

Los bancos asumían unos riesgos que no asumían las cajas, y estaban más expuestos a los ciclos de la economía, que siempre han existido y existirán, siendo relativamente normal, que sus políticas de riesgos derivasen en quiebras o intervenciones, siendo una de las más famosas la de Banesto, y anteriormente el conglomerado financiero (bancos entre ellos) del holding de Rumasa.

 

¿Por qué entonces se produjeron cambios en esta filosofía que llevaron a la situación que todos conocemos?


Pues varios son las claves para explicar esto; de nuevo me remito a palabras textuales del profesor Velarde: “Fijémonos en la fecha: año 1977 y Transición política que conduciría a la Constitución de 1978. Todo un amplio conjunto de entidades, de organizaciones políticas, de realidades nuevas, como pasaban a ser las autonómicas, exigieron tomar el control de estas entidades de creciente ámbito”. Y ahí es, precisamente, cuando comienzan las turbulencias creadas por la peligrosa mezcla de política y dinero que se dio en muchas cajas de ahorros”.

 

Y luego, resumiendo bastante los hechos, llega el año 1985, con una Ley de Órganos Rectores de las Cajas de Ahorros, siendo ministro de Economía Miguel Boyer, en la que se determina que las cajas tengan una asamblea, un consejo rector y un consejo de administración, en los que el peso lo tiene el partido político que gobierna en la comunidad de dónde es la caja correspondiente.


No aporto nada nuevo si digo que si yo tengo el poder de manejar el dinero a mi gusto, pues quizá tome decisiones que no tienen mucho que ver con la filosofía original de prestar a personas muy conocidas por su solvencia, a tipos menores y con poca asunción de riesgos en los préstamos que se concedían. ¿Quizá?; pues claramente no; dicho de otra forma: la ley Boyer de 1985 quitó el poder de decisión a los depositantes en la asamblea, para pasársela al gobierno de la comunidad autónoma, los ayuntamientos e incluso los sindicatos, y como dice el dicho popular, “de esos barros, vienen estos lodos”.

 

Las cajas empezaron a comportarse como bancos, incluso fueron más agresivas que los bancos en la concesión de préstamos en la época del boom inmobiliario, ligado a este sector. Llegaron a ser más de la mitad del sistema financiero. El resto es historia más reciente y conocida.


También hay que decir, que a diferencia de los Bancos, las Cajas de Ahorros no tienen capital propio, no tienen accionistas, sino depositantes, que no es lo mismo ni por asomo. Por tanto ante tanto préstamo, para poder a su vez financiarse y concederlos, buscaron “fórmulas creativas” para ello, como las participaciones preferentes.


En marzo de 2009 estalló la primera de las cajas de ahorro, CCM (Caja Castilla La Mancha), y el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), tuvo que poner encima de la mesa 5.249 millones de euros, para que al día siguiente pudieran abrir sus oficinas. Después han ido cayendo una tras otra y dicha cifra ha llegado a los 60.700 millones de euros, cuya parte proporcional hemos asumido pagando impuestos, sin que nadie nos preguntara, de ningún partido político, si queríamos o no, argumentando que era peor el remedio que la enfermedad, y que no había otra opción.

 

En resumen, si bien la crisis financiera e inmobiliaria ha sido la puntilla para la desaparición, no podemos afirmar en vista de lo contado que esa haya sido la causa, sino que el principio del fin es anterior y tiene claros responsables; pero nuestra visión de corto plazo hace que olvidemos quién ha estado detrás de esta situación, culpando al ‘libre mercado” de algo, que a mi entender ha sido justamente por lo contario, por la intervención política de unas instituciones que durante casi 200 años han estado dando servicio, y muy bueno por cierto a muchas personas normales y corrientes.

 

Pedro José García López
Director Factor Financiero

linkedin: @Foro Ilusionando

 

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