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Opinión | Ética empresarial y personal
Lunes, 22 de Julio de 2019
José Pomares

Libertad y responsabilidad

Cuando hablo con empresarios y directivos (permítanme que utilice el masculino genérico por economía del lenguaje y no por discriminación de sexo) y les pregunto, después de muchos años de lucha personal y empresarial, cuál era su ideal  de vida al empezar y si lo han conseguido, me suelen responder:


- seguir al lado de mi pareja después de tantos años y permanecer unidos


- haber educado a mis hijos de forma correcta


- tener a mi cargo a x empleados pudiéndoles dar un trabajo digno y un salario equitativo…
Creo que confundimos el idealismo con la responsabilidad. Nadie nos obliga a casarnos, a tener hijos o crear una empresa.


Lo más sagrado del ser humano es su libertad. Y esa libertad se fundamenta en el libre albedrío al cual se suma la responsabilidad para tomar decisiones.


Si una persona quiere, libremente, vivir con otra, es su responsabilidad no su ideal,  hacer o intentar hacer feliz a la otra persona. Si queremos tener hijos, libremente, es nuestra responsabilidad no nuestro ideal, educarles conveniente. Y si queremos ser empresarios, elección libre al igual que las otras dos, es nuestra responsabilidad no nuestro ideal, proporcionar a nuestros trabajadores un salario digno y un proyecto empresarial atractivo.


Y sólo cuando se es responsable se es libre.


El idealismo es otra cosa. Es aquella misión que empieza donde acaba nuestra responsabilidad. Es decir, yo no soy responsable del hambre en el mundo, ni de las carencias fundamentales del ser humano, ni del paro global que estamos sufriendo. Y es mi libertad, no mi responsabilidad, adoptar como ideal de mi vida luchar contra ello por medio de mis acciones en pro de mitigar, paliar o subsanar las injusticias de la vida.


Les explico el motivo de esta introducción.


Decía San Agustín “Tanta libertad como sea posible y tanta autoridad como sea necesaria”.


Y es que si diseccionamos la frase nos daremos cuenta que primero hay que trabajar tu propia libertad añadiendo valores a la misma. Y usar la autoridad con carácter supletorio cuando se produzca un mal uso de la libertad.
Porque una cosa es dar libertad imponiendo normas y otra educar la libertad contagiando valores.   


Nadie discute que sus subordinados le harán caso y cumplirán las normas. Faltaría más. En caso contrario saben que serían despedidos. Pero la ilusión, el optimismo, la alegría y la pasión con que hagan las cosas eso no hay cláusula contractual que lo imponga. La entrega no se exige, se regala.


Los valores se contagian, se respiran, se adhieren… no se predican. Los valores no se imponen, son imponentes en sí mismos.


¿Qué valores se respiran en su empresa? Ya sabe que enseñamos lo que sabemos pero contagiamos nuestra forma de vivir. Y los conocimientos no enamoran.


Y hoy, o usted y su gente enamoran o tienen que bajar precios.


Pero hay dos tipos de libertad. Una de elección, la que tiene que ver con el fin (lo que elegimos respecto a lo que quiero hacer, la que afecta a mi SER) y otra de acción (dirigida hacia los medios que me ayudan a alcanzar el fin, encaminada a mi HACER).


Y si uno no tiene claro el fin (su SER), no encontrará los medios para alcanzar su meta (su HACER).
Sin embargo en las empresas se sigue obsesionado por capacitar e instruir en el hacer sin antes profundizar en el ser que tiene que desarrollar esos procesos y procedimientos.


Y mire usted. Una cosa es tener libertad y otra ser libre.


Yo puedo tener la libertad de HACER una serie de acciones, pero solo seré libre si ejerzo esa libertad en beneficio de mi plenitud personal, de mi SER. Tengo libertad de comprar alcohol (HACER) pero si daña mi salud al depender de necesitar beber, atentará a mi SER y dejaré de ser libre.


Igualmente puedo tener libertad de hacer aquello que no me guste (cumplimiento) pero sólo obtendré realización personal si vuelco mi pasión en la tarea diaria (compromiso).


Dedicamos mucho tiempo a hacer mejor las cosas y muy poco a ser mejores personas.


Estamos exaltando la libertad en los medios y acciones pero preguntémonos si lo estamos haciendo para ser más libres en aras a nuestro desarrollo personal.


Estamos en una sociedad en la que se exalta la libertad para poder hacer de todo pero no nos está enseñando a hacer bien, formándonos primero en nuestra propia libertad como personas para luego transmitirla a los demás.
Y por tanto lo primero que debemos hacer es educarnos en la libertad. Educarnos en la libertad del SER de la persona antes de que del HACER.


Y dado que esto es un foro empresarial, recomendaría a nuestros empresarios que se educaran y educaran a sus trabajadores no en el cumplimento de las normas, sino en las actitudes que conllevan valores y por consiguiente un compromiso personal.


Solo con el cumplimiento ya no vale. No eduquemos en la obediencia, eduquemos en la convicción. No tengamos gente involucrada (gente que vive por obligación), sino comprometida (sintiéndose responsable).


Lo primero que quita la libertad es el miedo. El miedo busca lo seguro, el amor te lanza a la plenitud. El miedo siempre tapa y calla, el amor abre y habla.


Si la libertad no está en función de la unidad, caemos en el INDIVIDUALISMO (el veneno de la conciencia colectiva).


Si la libertad no está en función de la generosidad, caemos en el EGOISMO (el veneno de la conciencia personal)
Ya he dicho en numerosas ocasiones que me contratan las empresas para desarrollar habilidades directivas y resolver conflictos del personal e insisto en que todos los problemas, desde la empresa más grande a la pequeña empresa, están basados en la envidia, la soberbia y la falta de humildad del personal.


Si usted que me lee es empresario, empiece ayudando a hacer libre a su gente. Si va a contratar a alguien, siga las directrices que escribió  Antoine de Saint-Exupery “si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar maderas o distribuir el trabajo (eso lo hace un jefe) sino que primero has de evocar en los hombres el anhelo por el mar (eso es tarea de un líder).


Y sobre todo póngase en marcha ya. No piense que no es este un tema importante y nuclear. Deje de pensar y actúe. Encuentre tiempo para ello.


El tiempo es la manera de medir nuestros compromisos. Sé que es más cómodo pensar que esto es tarea de cada uno. Pero la comodidad es el cementerio de la conciencia. Y es una labor de todos.


Un proverbio sufí reza así: “Si el grano de arena toma conciencia de estar unido a los demás granos, puede hacerse inmenso como el desierto”. Así debe ser su equipo.


@josepomaresbarr

 

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