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Opinión | Ética empresarial y personal
Martes, 04 de Febrero de 2020
José Pomares

Intimidad no es intimidar

 

Según van pasando los años pedimos y necesitamos un amor distinto.

 

Así, al comenzar una relación a temprana edad, aspiramos a que la pareja nos diga un cariñoso “te quiero”.  Igual que sucede cuando tenemos nuestro primer trabajo. Nos sentimos “plenamente” felices cuando una empresa nos dice “te quiero” para mi negocio. En ambas circunstancias, parece como si nuestro sueño se hubiera cumplido. Basta con que nos quieran.

 

Con el paso de los años, uno se da cuenta que necesita algo más. Ya no nos vale sólo con que nos quieran (nos pueden querer bien, mal, con locura, de forma agobiante,…). Por supuesto que sigue siendo necesaria la querencia, pero aspiramos a que la pareja, a que la empresa, además nos aporte.

 

Si no encontramos, mutuamente, esa aportación, la relación, ya sea familiar o empresarial, queda coja.

 

Es nuestro deseo y aspiración sentirnos identificados y repletos con lo que dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo, bien sea hablando de la familia o de la empresa. Que seamos conscientes de que aportamos y que nos aportan.

 

Pero ni siquiera así, siguiendo pasando los años, estaremos plenamente satisfechos.

 

La última etapa es la de estar al lado de alguien, la de trabajar con alguien, que sea capaz de sacar lo mejor de nosotros. Y nosotros seamos capaces de dar lo mejor que tenemos. Es entonces cuando, queriendo, aportando y dando lo mejor de uno mismo te das cuenta de lo maravilloso de las relaciones, familiares y empresariales.

 

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