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Opinión |
Viernes, 21 de Febrero de 2020

Las olimpiadas de la sostenibilidad

 

La transición sostenible conlleva transformar integralmente el sistema socioeconómico. Requiere realizar inversiones en sectores clave, reinventar instituciones y conseguir una sociedad comprometida en el logro de una serie de objetivos como si de unos juegos olímpicos se tratase. Este símil fue empleado por Carlos Mataix en el II Encuentro Anual sobre Financiación Sostenible organizado por OFISO, donde se anticiparon los nuevos escenarios a los que se enfrentan las finanzas ESG (inversiones que consideran aspectos ambientales, sociales y de buen gobierno además de financieros).

 

Uno de los epicentros donde se están fraguando los cambios bajo el punto de vista institucional es Bruselas, donde el grupo de expertos de la Comisión Europea está dictando qué se considera sostenible mediante la definición de criterios de inversión ESG. Junto a esto, se están delimitando las áreas prioritarias a financiar con la implementación del European Green Deal y la ley europea de cambio climático, que se aprobará en marzo. Con estas medidas se prevé la potenciación de energía verde, de la economía circular y del cuidado de la biodiversidad. El compromiso establecido en el Acuerdo de Paris de limitar el aumento de la temperatura a 2º C, siendo preferible que se mantenga por debajo de 1,5ºC, requiere que las emisiones alcancen su nivel máximo cuanto antes.

 

La UE trabaja para reducir un 40% sus emisiones en 2030 y su objetivo es que Europa se convierta en el primer continente neutro en carbono en 2050, lo que conlleva una remodelación de los procesos productivos. En el sector energético, la clave está en sustituir los combustibles fósiles por energías verdes como la solar, la eólica o la nuclear. En un proceso paralelo, otras áreas prioritarias son la mejora de la eficiencia de procesos productivos y la reducción de emisiones en sectores prioritarios como el agropecuario, el residencial, la industria y el transporte. Por último, pero no por ello menos importante, es necesario que se produzca una redirección de los flujos de capital financiero otorgados a actividades con un efecto negativo hacia otras respetuosas con el entorno, así como la compensación e internalización de impactos por parte de las compañías.

 

Una transición ecológica

Con este contexto, la principal pregunta es cómo llevar a cabo dicha transformación sin generar grandes desequilibrios sociales y que no todo el coste sea soportado por unos pocos. Bajo el punto de vista del sistema productivo, la innovación se erige como la principal herramienta para asegurar una transición equilibrada. Thomas Malthus (1776-1834) predijo que si el crecimiento demográfico seguía progresando de manera geométrica mientras que el crecimiento de la producción de alimentos lo hacía de manera aritmética, se llegaría a un momento de colapso económico que desencadenaría una hambruna mundial.

 

Sin embargo, en la ecuación de la supervivencia de la especie encontramos una variable adicional distinta al crecimiento poblacional y a los recursos del planeta: la tecnología. Con herramientas y procesos más eficaces, es posible hacer que la producción de recursos iguale las tasas de crecimiento demográfico. De cara a adaptar el modelo económico a las necesidades sostenibles, encontramos dos variables determinantes: los recursos económicos destinados a la transformación sostenible y la innovación. Los recursos económicos son limitados, pero la tecnología es la llave para multiplicar el impacto de cada euro invertido en la transformación del sistema.

 

En otras palabras, si mediante la innovación conseguimos desarrollar novedades tecnológicas que permitan mejorar la eficiencia de los procesos, abaratar el uso de fuentes de energía renovables, favorecer la economía circular y utilizar materiales menos perjudiciales, podremos superar la trampa del cambio climático. Por el contrario, si no invertimos en proyectos de innovación, el coste de la transición ecológica conllevará grandes sacrificios económicos y sociales.

 

Cambio sistémico

Sin embargo, por muchos cambios que haya en la financiación, en la producción y en la regulación, será necesario accionar una palanca más. Es prioritario que haya innovación social y que se produzca una metamorfosis sistémica. Tanto las empresas como los habitantes deben modificar sus hábitos y su proceso de toma de decisiones. Por otro lado, las instituciones son las encargadas de empujar a la sociedad hacia la transición mediante la regulación y el establecimiento de impuestos o incentivos que favorezcan comportamientos sostenibles.

 

El nuevo entorno al que nos enfrentamos es paradójico, pues los agentes que compiten en el mercado deben unir sus fuerzas para cooperar bajo un marco común que permita cumplir con el Acuerdo de París. Por ello, el Objetivo del Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas 17 “Alianzas para lograr los objetivos” se erige como uno de los más importantes para conseguir paliar los efectos del calentamiento global.

 

El director de negocio responsable de BBVA, Antoni Ballabriga, indicó en el encuentro de financiación sostenible que, para evaluar los resultados de las empresas, además del tradicional binomio beneficio-riesgo, el impacto que las compañías generan en la sociedad será una métrica de gran relevancia. Además, alertó que el impacto económico del cambio climático se va a anticipar, pues los mercados tienen en cuenta que los flujos futuros de ciertas compañías se verán muy mermados si no se adaptan al nuevo paradigma. Jose María Roldán, presidente de la AEB, recalcó también que lo importante para las empresas ya no es únicamente crear el máximo retorno para el accionista, pues el cómo se produce también es crucial.

 

Como en unas olimpiadas, el mensaje tiene que ser transversal y todos los miembros de la sociedad deben formar parte de él. Empresas, ciudadanos e instituciones han de ir de la mano con la motivación universal de lograr el objetivo. Tenemos la capacidad de anticipar el colapso y el coste de subsanarlo siempre será menor que el coste de que se materialice.

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