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Opinión |
Lunes, 27 de Abril de 2020

¿Qué tienen en común Donald Trump, Boris Johnson, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias?

 

Las actuaciones de los distintos gobiernos de los estados que han enfrentado la crisis del coronavirus han [Img #69862]demostrado estilos políticos diversos. En este contexto, resulta paradójico notar las grandes similitudes apreciables entre líderes que, a priori, pueden parecer antagónicos, pero que, nada más lejos de la realidad, comparten enormes similitudes de estilo, personalidad y forma de entender la política y hasta de entenderse a ellos mismos. Éste es el caso de Donald Trump, Boris Johnson y nuestros paisanos Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

 

Para comprender la cuestión, conviene sacar a colación una famosa cita que algunos han atribuido a Otto Von Bismarck, mientras que otros afirman que fue pronunciada por Winston Churchill, y que, en cualquier caso, resulta de todo punto pertinente:

 

“El político piensa en la próxima elección; el estadista en la próxima generación”

 

Pues bien, partiendo de esta cita, podemos apreciar claramente la primera gran similitud entre Donald, Boris, Pedro y Pablo: todos ellos son fantásticos políticos. Los cuatro han demostrado ser auténticos tiburones de la política. En el caso de Donald Trump, fue capaz de merendarse a todos sus contrincantes en las primarias del Partido Republicano, los cuales cometieron el error fatal de no tomarlo en serio, para después, dar la sorpresa en las elecciones presidenciales frente a Hillary Clinton. Por su parte, Boris Johnson ha sabido aprovechar a la perfección el auténtico embrollo que ha supuesto el Brexit para “pescar a río revuelto” y acabar siendo proclamado Premier británico. Respecto a Pedro Sánchez, “su” Manual de Resistencia da buena cuenta de su habilidad para darle la vuelta a la tortilla y hacerse con el control de un partido cuyos principales líderes lo rechazaban. Por último, Pablo Iglesias no se queda atrás. En un estrecho margen de tiempo, ha pasado de ver su liderazgo cuestionado en su propio partido a ser el actual vicepresidente del Reino de España, habiéndose deshecho previamente, claro está, de todos aquellos antiguos “compas” que lo desafiaron. Queda claro que, en eso de la política, estos cuatro son unos auténticos fenómenos.

 

Sin embargo, si bien nuestros cuatro protagonistas son maravillosos políticos, son unos pésimos gobernantes. Son expertos en ganar elecciones, se mueven como peces en el agua en el ahora, pero se desentienden del futuro. Son, en definitiva, políticos y no estadistas. Esta contundente aseveración queda respaldada por los hechos, que, como suele decirse, hablan por sí solos. Y, es que, los cuatro líderes, desatendiendo las recomendaciones de los expertos y de la OMS y haciendo caso omiso de la experiencia previa de otros países como China, Corea del Sur o Italia, decidieron demorarse en la adopción de medidas, pensando únicamente en el presente y sin preocuparse siquiera por el futuro más próximo.

 

Las razones por las que los cuatro decidieron comportarse de tal forma varían levemente, pero muestran de nuevo una gran similitud. Cabe notar que en estas cuatro personalidades destacan primordialmente dos características comunes: su narcisismo y su ausencia de empatía. La ausencia de empatía ha permitido que actúen sin pensar en el daño que provocaban a la población. El narcisismo se encuentra detrás de su incapacidad para asumir la responsabilidad y pedir disculpas. No obstante, como he apuntado anteriormente, existe una leve variación en las razones que explican la tardía y negligente actuación de estos líderes políticos, dándose en el caso de Sánchez e Iglesias una tercera actitud que ennegrece todavía más el veredicto: su sectarismo ideológico. No debemos olvidar, ni tan si quiera dudar, que fue su sectarismo ideológico el que, unido a su narcisismo y falta de empatía, motivó a Pedro y a Pablo a desmentir a cualquiera que advirtiera que la situación era más seria de lo que parecía, a abstenerse de tomar cualquier medida de prevención y a concentrar sus esfuerzos en que el COVID-19 no entorpeciese la marcha feminista del 8M, que ha sido uno de sus principales altavoces políticos en los últimos años.

 

En definitiva, esta crisis me ha llevado a plantearme la siguiente reflexión, la cual me gustaría compartir con ustedes: puede que en tiempos de bonanza los políticos y su espectáculo nos mantengan entretenidos, pero cuando asoma la crisis se echa de menos a los estadistas.

 

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