31 aniversario de la caída del muro de Berlín
Ayer lunes 9 de noviembre fue el 31º aniversario de la caída del muro de Berlín que supuso la demostración simbólica de la imposibilidad del socialismo y el fin de una barrera física que separaba un país impidiendo a una parte de la población salir de su territorio. Quiero aprovechar este espacio para rememorar este evento que unió al mundo en contra de la planificación centralizada de la economía y sociedad. En el caso del muro de Berlín, los ciudadanos alemanes lucharon contra la planificación socialista, pero la evidencia teórico-práctica de que todo tipo de planificación central es ineficiente para un mecanismo de coordinación tan complejo como son el mercado y la generación de valor en una economía es una cuestión que aún hay que defender de todas las ideologías políticas.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Francia, Reino Unido, Francia y la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas se repartieron el control de Alemania. Dada la diferencia de ambos bloques, Occidental y Oriental, el país se dividió en la República Democrática Alemana, controlada por la URSS y la República Federal Alemana, controlada por los países del bloque Occidental. En la primera, la RDA, regía un régimen económico socialista altamente planificado por parte del Estado dirigido bajo criterios socialistas de la URSS; y en la segunda, la RFA, regía una economía de mercado basada en el capitalismo que los países del bloque Occidental tenían implantado en sus países. Los efectos de esta división territorial y de la aplicación de sendos modelos fueron primero económicos y consecuentemente sociales. Debido a la imposibilidad del cálculo de precios en el socialismo por la falta del mercado, que ya llevaba tiempo debilitando el potencial de la URSS, el bloque Oriental de Alemania empezó a empeorar su economía debido a la elevada rigidez de su sistema central de planificación industrial para adaptarse a la evolución de mercados formados por personas. Este estancamiento o empeoramiento de la situación económica hizo que esta parte del país ralentizara el ritmo de su mejora de vida tras la guerra, más en comparación con el bloque Occidental que sí veía los frutos de abrazar el capitalismo, la apertura y cooperación económica. Ante esto fueron muchas las migraciones que se produjeron desde el bloque Oriental hacia el Occidental, obligando incluso a la RDA a cerrar fronteras para evitar la fuga masiva de personas desde 1952. Sin embargo, la gente seguía huyendo del socialismo vía Berlín, ciudad en la que ambos bloques compartían territorio de la misma ciudad y la separación física parecía impensable en principio. Se estima que entre 1949 y 1961, cuando se construye el muro, 3,5 millones de alemanes migraron del bloque Oriental al Occidental lo que en aquel momento representaba un sexto de la población.
El 13 de agosto de 1961 se comienza la construcción de un muro físico que separa en dos la ciudad de Berlín. Para evitar la infracción de los acuerdos internacionales tras la guerra, la RDA construye el muro en su parte del territorio impidiendo la salida a toda la población de su territorio sin cerrar la entrada. Esta herramienta se planteó para la URSS como imprescindible para retener a la población de cuyos recursos, y su extracción, depende todo sistema de planificación socialista. Si los ciudadanos huyen a otro territorio el Estado no puede extraer recursos ni económicos ni humanos con los que planificar una estructura productiva ni de consumo. En el bloque Occidental, los ciudadanos del otro bloque eran recibidos como nacionales y disponían en igualdad de condiciones de las oportunidades sociolaborales que el ritmo de la economía estaba brindando a la población. Con esta medida el bloque Oriental consiguió frenar la fuga de capital humano, pero no mejorar la situación de su economía que empeoraría progresivamente hasta la caída definitiva del bloque socialista. El muro recorría más de 140 kilómetros y constaba de una valla metálica que llegó a estar electrificada y de un muro de hormigón que recorría Berlín rodeando todo el territorio controlado por la RFA y dividía la ciudad en Este y Oeste. Entre las justificaciones oficiales estaba la de que se trataba de una “muralla anti-fascista” (antifaschistischer Schutzwall) para evitar posibles agresiones de una gente, la RFA, que había empezado a comerciar y tratar con economías y poblaciones de todo el mundo con mucho éxito y sin ningún abuso. El levantamiento del muro supuso un aumento en la intensidad de las operativas de espionaje mutuas entre Estados Unidos y la URSS que el muro hacía mucho más delicadas y exigidas. Como ya se ha mencionado, la situación económica y el nivel de vida de ambas mitades del país no se igualaron hasta el desmembramiento de la URSS en los años 80 y la caída del muro en 1989. El fin del muro suponía la incorporación de la otra mitad del país al sistema capitalista que ya había en la RFA basado en la cooperación voluntaria y la libre competencia. Los ciudadanos de la vieja RDA recordaron que es la coordinación privada la que siempre ha dotado a los consumidores de los mejores bienes y servicios al ser la que mejor utiliza los recursos, y que toda forma de planificación no supeditada al mercado esta destinada a entrar en déficits y al largo plazo a quebrar a su gente.
Eventos y recordatorios como éste son muy necesarios en sociedades como las actuales donde la información sucede tan deprisa y todo parece impregnado por ideologías políticas que definen la intervención estatal como solución a todos los problemas económicos y sociales. El Estado puede crear incentivos y palancas económicas mediante déficits en sus cuentas públicas pero que en ningún caso deben ser estructurales ni desincentivar el ahorro y capitalización. Con más de 30 años de distancia, este texto pretende recordar todo el esfuerzo y atrocidades sufridas por la sociedad global durante esta época luchando contra el mal de la planificación estatal y la tiranía de aquellos que gobiernan con poderes ilimitados en nombre de un, aún no descubierto, ‘bien común’ y en virtud de un, aún más impreciso, ‘pacto social’ fin firma ni clausulas.





















