Reconocer
RECONOCER. Es una palabra curiosa. Se lee igual del derecho y del revés. Y empresarialmente hablando, ese detalle debería darnos que pensar.
Al empresario, como es justo y obvio, le encanta que su proyecto se vea “reconocido” mediante la entrega de un galardón, de cualquiera distinción a la trayectoria empresarial, o de los Premios a la Calidad, Gestión, Innovación u otro factor representativo de mejora y diferenciación respecto al resto de colegas.
Pero al trabajador, fíjese usted que curioso, también le encanta que se trabajo sea justamente “reconocido”. En las encuestas de aspectos motivacionales que se realizan con frecuencia entre nuestros trabajadores, el dinero no llega a ocupar ni el sexto puesto en relevancia. Muy al contrario, el reconocimiento del trabajo y la valoración del mismo por parte de los superiores, es lo que resulta más estimado por los encuestados.
Y dicho sea de paso. Acostumbrémonos a reprochar en privado y alabar en público. Quien tenga que liderar (vamos a dejarlo en administrar, lo otro son palabras mayores de las cuales ya hablaré) una empresa, ha de ser consciente de que hay que gestionar personas y tareas. Si solo nos dedicamos a la gestión de las personas es mejor que pongamos una guardería. Si por el contrario somos unos obsesos de las tareas olvidándonos de las personas, mejor dirigir un campo de concentración.
Acostumbrémonos pues, a RECONOCER tanto los factores positivos como negativos que tengamos en nuestro grupo humano. Y a tratarlos de forma distinta.
A veces, merece la pena RECONOCER los logros de los demás aunque no los entendamos…
Se cuenta que en una reunión social Einstein coincidió con el actor Charles Chaplin. En el transcurso de la conversación, Einstein le dice a Chaplin: - Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo le comprende y le admira.
A lo que Chaplin respondió: - "Lo suyo es mucho más digno de respeto; todo el mundo le admira y prácticamente nadie lo comprende"...
P.D. Sea muy, muy generoso elogiando públicamente a los empleados que se esfuerzan un milímetro más de lo necesario en hacer un trabajo insignificante particularmente bien. ¡Lo pequeño importa y mucho!
Otros artículos de José Pomares
Al empresario, como es justo y obvio, le encanta que su proyecto se vea “reconocido” mediante la entrega de un galardón, de cualquiera distinción a la trayectoria empresarial, o de los Premios a la Calidad, Gestión, Innovación u otro factor representativo de mejora y diferenciación respecto al resto de colegas.
Pero al trabajador, fíjese usted que curioso, también le encanta que se trabajo sea justamente “reconocido”. En las encuestas de aspectos motivacionales que se realizan con frecuencia entre nuestros trabajadores, el dinero no llega a ocupar ni el sexto puesto en relevancia. Muy al contrario, el reconocimiento del trabajo y la valoración del mismo por parte de los superiores, es lo que resulta más estimado por los encuestados.
Y dicho sea de paso. Acostumbrémonos a reprochar en privado y alabar en público. Quien tenga que liderar (vamos a dejarlo en administrar, lo otro son palabras mayores de las cuales ya hablaré) una empresa, ha de ser consciente de que hay que gestionar personas y tareas. Si solo nos dedicamos a la gestión de las personas es mejor que pongamos una guardería. Si por el contrario somos unos obsesos de las tareas olvidándonos de las personas, mejor dirigir un campo de concentración.
Acostumbrémonos pues, a RECONOCER tanto los factores positivos como negativos que tengamos en nuestro grupo humano. Y a tratarlos de forma distinta.
A veces, merece la pena RECONOCER los logros de los demás aunque no los entendamos…
Se cuenta que en una reunión social Einstein coincidió con el actor Charles Chaplin. En el transcurso de la conversación, Einstein le dice a Chaplin: - Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo le comprende y le admira.
A lo que Chaplin respondió: - "Lo suyo es mucho más digno de respeto; todo el mundo le admira y prácticamente nadie lo comprende"...
P.D. Sea muy, muy generoso elogiando públicamente a los empleados que se esfuerzan un milímetro más de lo necesario en hacer un trabajo insignificante particularmente bien. ¡Lo pequeño importa y mucho!
Otros artículos de José Pomares





















