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Opinión |
Viernes, 16 de Noviembre de 2012

Tiempo nublado, más nublado todavía

Nuestros empleados de lujo comienzan a atisbar tibios rayos entre las tinieblas, se reconfortan con un sol de otoño, que a otros no llega. En medio de un huracán sin nombre (o con demasiados nombres innombrables), observan una mejoría que para la inmensa mayoría de la cámara de los comunes, ésa en la que usted y yo defendemos, si no nuestro escaño, al menos sí nuestra silla, resulta invisible e inapreciable. Y ya puede sonrojarnos la EPA encuesta tras encuesta, que siempre habrá quien vea el vaso medio lleno, aunque esté clamorosamente vacío. E incluso habrá quien sienta un indisimulado orgullo por su brillante y dilatada trayectoria política, pergeñada por unos resultados tan nefastos como los que tenemos. Y se seguirá apelando a las deudas históricas y a las herencias recibidas. Nadie parece responsable de nada. Tenemos lo que nos merecemos.

Hace una treintena de años Octavio Paz en su ensayo “Tiempo Nublado” hacía un diagnóstico exacto de lo que nos esperaba en el futuro/presente de nuestros días: “Todos los partidos están más interesados en llegar al poder o en conservarlo que en preparar el futuro. Ninguna idea de cambio les anima ni representa nada nuevo en la historia de este siglo. Su idea del movimiento es el del vaivén de los bandos, el quítate tú para ponerme yo”. Y en nuestro país, se haya quitado quien se haya quitado, y esté quien esté, siempre se le echará todas la culpas al contrario. Sobre todo, si ese contrario ha sido tan nefando como aquel cándido zapatero remendón de alianzas de civilizaciones, que tanto sirve de excusa. Aquí, como en tantos lares, abundan los “idólatras del statu quo y los especialistas en la componenda y la transacción”, que diría el pacífico Octavio.

Vamos camino indefectiblemente -y sin pudor alguno- de los 6 millones de parados; ya estamos pisando la frontera de los cinco millones ochocientos mil (un millón menos en los misteriosos registros de los servicios de empleo); más de 215 mil en nuestra Región (153 mil según el antiguo Inem). Uno de cada cuatro españoles en paro, casi el 29% en Murcia. Y, ante la estupefacción de todos y cada uno de nuestros desempleados, la ministra de Trabajo, ahora clarividentemente reconocida como de Empleo, afirmaba que veía visiones…digo,’ señales esperanzadoras’.  Desde aquellos brotes verdes, -amargos frutos de un zapaterismo, de cuyo yugo es imposible zafarse-, no se había escuchado mayor dislate, hasta que llegó un rejuvenecido Almunia, muy resabido él, y habló de ‘peldaños firmes’. Fátima, ni brotes ni peldaños,  atisbaba  señales. Y De Guindos, “signos positivos”. Ahora sí que todos vemos visiones.

El optimismo antropológico de Zapatero debe de ser contagioso. Porque la ministra sabe, como sabe el más humilde de sus compatriotas, que el aumento del empleo por cuenta propia en la encuesta de población activa del tercer trimestre en 65.100 trabajos, resulta insignificante en comparación con  ese proceloso océano de paro en el que se ahogan millones de españoles. La ministra sabe, o debe saber, como sabe Almunia y hasta De Guindos, que en esta España nuestra, esta España mía, el mayor riesgo, no es la prima veleidosa... sino la sobrina pobre, que empezamos a tener todos llamando a nuestra puerta.  
Según los datos del Eurostat, que recoge el nada sospechoso Instituto de Estudios Económicos, el 27% de la población española vive en riesgo de pobreza. En Murcia, casi el 31%. Y mientras tanto, perecemos ofuscados todos en tiempos revueltos y de huelgas... generales o no.

Mas, huelgas al margen, la Región de Murcia es la comunidad con mayor número de hogares con "mucha dificultad" para llegar a fin de mes, con una tasa del 22'2 por ciento, frente al 12'7 por ciento de la media nacional...  Y ahí si que no caben las componendas: el que llega, llega; y el que no, sufre las consecuencias… E ironías de las ironías los afortunados trabajadores murcianos, que aún conservan su empleo, siguen siendo los más satisfechos de la española  tierra. El 86,2% de los murcianos encuestados por Adecco en la III Encuesta La Felicidad en el Trabajo confiesa sentirse feliz en su profesión, porcentaje que aumenta en más de un punto con respecto a la  realizada hace un año...

Empero, a medida que la crisis se agrave, habrá menos trabajo, menos cosas que comprar y menos dinero para comprarlas… y obviamente menos felicidad. No obstante, nuestros políticos lo seguirán arreglando casi todo con deletéreas descalificaciones. Y echándose las culpas unos a otros. Parafraseando a Paz, contrasta la magnitud de los problemas a los que nos enfrentamos los hombres del siglo XXI, con la modestia de los programas y soluciones que nos proponen los gobiernos y los partidos.

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