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Historia de un retraso

[Img #9353]Tras el fatídico cartel de «Retrasado/Delayed» siempre hay una historia que contar. Uno mira las letras en rojo una y otra vez, viendo cómo parpadea la previsión. De diez minutos pasan a ser veinte. Y luego media hora. Y, evidentemente, uno se preocupa. Piensa que habrá turbulencias allá en lo alto, a pesar de que no aparece ni una nube bajo el cielo protector de San Javier. O en la fuerza del viento, aunque no se ve ni un windsurfista en el Mar Menor. Entonces, me temo lo peor.

Finalmente, nos informan de que por un accidente de un avión militar deben desviar a los pasajeros al aeropuerto de El Altet. Y que de ahí un taxi los traerá hasta San Javier sanos y salvos. De repente, mis teorías sobre si el «malo» de turno ha secuestrado el avión se desvanecen. Es decir, que Chuck Norris no salió a comer y que, por lo tanto, los malos nunca tomaron el avión.

Aunque he de reconocer que confío ciegamente en el saber hacer de los que siempre son los «buenos» de las películas, especialmente si se trata de Steven Seagal. Los buenos actores nunca ganan, recuerden a John Malkovich en Con Air. Un perdedor de manual. Interpreta a uno de esos criminales de la gran pantalla crueles e inteligentes. Por lo que su muerte también ha de serlo. Es lo que espera el espectador, y por ello entre el guionista y el director le dan su merecido. Pobre Malkovich.

Pero en la vida real todo es terriblemente normal. Los aviones se retrasan. Sus familiares se ponen histéricos. Incluso, a veces, Malkovich extorsiona en televisión a George Clooney a cambio de cápsulas de café. Pero reconocerán cierto grado de anormalidad en que un accidente militar influya en un vuelo comercial entre Madrid y San Javier. O entre Manchester y San Javier.

Ciertamente, se trata de un suceso excepcional, y más cuando los aviones militares y civiles utilizan distintas pistas en el aeropuerto de San Javier. Pero quizá traduzca la necesidad de una nueva infraestructura en la Región. Durante los últimos 15 años los responsables políticos han invertido en su mejora, pero el sector turístico aplaude la inversión –costosa, pero necesaria- de un aeropuerto de carácter internacional. Hay que estar en consonancia con las nuevas demandas que el mundo empresarial, el turístico y la sociedad en general exigen.
 
Es evidente que después de inaugurarlo no se va a llenar de turistas por arte de magia. Pero el que coincidan en un radio de 100 kilómetros tres aeropuertos provocará, irremediablemente, que la ley de la oferta y la demanda decida por todos nosotros. Ya se sabe, manda la economía. Así que hemos de usar esta herramienta para conseguir los fines turísticos tan necesitados para el empresariado. Y, en suma, para toda la Región de Murcia.
 
A corto plazo, el aeropuerto es una la gran apuesta del Gobierno regional para tratar de incrementar el peso específico del turismo en el PIB. Y más bajo el mandato de las aerolíneas de bajo coste. El aeropuerto de Corvera, que ojalá se denomine Juan de la Cierva y Codorníu, debe ofrecer un mejor servicio. Para convertirse en un catalizador económico de subsectores como el sol y playa, el turismo de salud, de congresos, religioso, cultural, rural, de ocio y eventos, gastronómico o deportivo.

No sería realista no estar expectante ante la llegada del nuevo aeropuerto, que además se ubica estratégicamente en el centro de la Región. Una infraestructura que promoverá el desarrollo local y regional que nos permitirá contar con un mayor número de enlaces directos con el resto de Europa. Hablamos de mejorar la calidad de servicio al pasajero y la oferta comercial, que facilitará el desarrollo industrial con terminales de carga aérea y otras actividades relacionadas con el transporte aéreo.

No es disparatado pensar que el futuro aeropuerto debe aspirar a convertirse en una de las primeras empresas de la comunidad. Porque 2012 debe suponer el comienzo de una nueva etapa de transformación que fortalezca de una vez las comunicaciones entre Murcia y resto de España.

Es un elemento fundamental de futuro, no sólo desde el punto de vista turístico, sino por el efecto de oportunidad de negocio que genera para miles de emprendedores. Desde el alquiler de coches o los comercios, pasando por los promotores urbanísticos –hay importantes urbanizaciones en el entorno-. Porque, según las estimaciones de la Administración, por cada millón de pasajeros se generarán cerca de 4.000 empleos directos e indirectos.

¿Habrá retrasos en Corvera? Por supuesto que sí. Pero será por razones puramente comerciales. Ya contaremos las historias de esas demoras, que esperemos que comiencen lo antes posible. No por nada, sino porque según el hasta ahora consejero de Obras Públicas y nuevo portavoz del Gobierno regional, José Ballesta, el aeropuerto estará en marcha la próxima primavera. Habrá que escuchar ahora los plazos de tiempo en boca de Antonio Sevilla.

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