El céntimo inaugural
El presidente de la Región de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, ha destapado el tarro de las esencias al proponer en un desayuno-conferencia en Madrid que los ciudadanos apoquinen más de su peculio particular para pagar servicios esenciales como la Sanidad y la Educación.
Lo dijo en presencia de Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy, que mantuvo un sonoro hermetismo al respecto tras la intervención de su compañero periférico que rompió horas después su vicesecretario de Comunicación, Esteban González Pons, para asegurar que ni copago ni gaitas en vinagreta en una intervención que parecía desmentir a Valcárcel, quien, por otro lado, se apresuraba al día siguiente a negar la mayor a base de precisiones aun a sabiendas de que lo que se suelta en foros públicos en época electoral tiene intencionalidad y queda sujeto a todo tipo de interpretaciones, valoraciones y especulaciones.
Lo llamativo del viejo debate en el caso que nos ocupa es que, para justificarse, el mandatario murciano nos recordó con la pasión del docente que lucha porque les entre a sus alumnos en la mollera complicados conceptos, que ni una ni otra prestaciones son gratis, que salen de nuestros impuestos al igual que las carreteras, los ferrocarriles, las obras hidráulicas, etcétera. No lo dijo, pero no hubiera estado de más que, ya puestos, nos refrescara la memoria en lo que respecta a los sueldos de los propios políticos, que salvo que la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre tenga una edición especial reservada para ellos, también provienen de la parte proporcional de las nóminas de los ciudadanos.
Y, sin embargo, ese mismo ciudadano se ve obligado a convertirse en asombrado espectador de llamativas y suntuarias inauguraciones de espacios virtuales, como la del aeropuerto de Castellón que oficiaron hace unos días el presidente de la Diputación, Carlos Fabra, y su homólogo de la Generalitat Valenciana Francisco Camps tan solo cuarenta y ocho horas antes de que entrara en vigor la normativa que regula y limita este tipo de actos en periodo preelectoral. También estos dispendios corren a cargo del administrado y, no obstante, nadie les echa cuentas a juzgar por la profusión de eventos de idéntico signo que preceden a la apertura de los colegios electorales.
Debe tratarse de una versión del céntimo sanitario que aplican tanto Murcia como otras comunidades autónomas sobre los combustibles. O sea, un céntimo inaugural que puesto uno sobre otro puede sumar un potosí del que se podría prescindir sin que el erario se alterara negativamente. Más bien al contrario.
Lo dijo en presencia de Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy, que mantuvo un sonoro hermetismo al respecto tras la intervención de su compañero periférico que rompió horas después su vicesecretario de Comunicación, Esteban González Pons, para asegurar que ni copago ni gaitas en vinagreta en una intervención que parecía desmentir a Valcárcel, quien, por otro lado, se apresuraba al día siguiente a negar la mayor a base de precisiones aun a sabiendas de que lo que se suelta en foros públicos en época electoral tiene intencionalidad y queda sujeto a todo tipo de interpretaciones, valoraciones y especulaciones.
Lo llamativo del viejo debate en el caso que nos ocupa es que, para justificarse, el mandatario murciano nos recordó con la pasión del docente que lucha porque les entre a sus alumnos en la mollera complicados conceptos, que ni una ni otra prestaciones son gratis, que salen de nuestros impuestos al igual que las carreteras, los ferrocarriles, las obras hidráulicas, etcétera. No lo dijo, pero no hubiera estado de más que, ya puestos, nos refrescara la memoria en lo que respecta a los sueldos de los propios políticos, que salvo que la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre tenga una edición especial reservada para ellos, también provienen de la parte proporcional de las nóminas de los ciudadanos.
Y, sin embargo, ese mismo ciudadano se ve obligado a convertirse en asombrado espectador de llamativas y suntuarias inauguraciones de espacios virtuales, como la del aeropuerto de Castellón que oficiaron hace unos días el presidente de la Diputación, Carlos Fabra, y su homólogo de la Generalitat Valenciana Francisco Camps tan solo cuarenta y ocho horas antes de que entrara en vigor la normativa que regula y limita este tipo de actos en periodo preelectoral. También estos dispendios corren a cargo del administrado y, no obstante, nadie les echa cuentas a juzgar por la profusión de eventos de idéntico signo que preceden a la apertura de los colegios electorales.
Debe tratarse de una versión del céntimo sanitario que aplican tanto Murcia como otras comunidades autónomas sobre los combustibles. O sea, un céntimo inaugural que puesto uno sobre otro puede sumar un potosí del que se podría prescindir sin que el erario se alterara negativamente. Más bien al contrario.






















