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Opinión |
Martes, 11 de Diciembre de 2012

En vías de asumir la realidad

En opinión de distintos organismos internacionales, España comienza a avanzar y a ganar terreno en competitividad, en parte por el freno en los salarios, pero también porque se ha ganado en productividad. Así  la productividad de las empresas españolas ha crecido un 4%, frente al 1% de las empresas francesas, por ejemplo. El resultado es que las empresas españolas están mejorando sus exportaciones y han reducido su déficit comercial (un 21% hasta septiembre). Nuestras cifras de paro siguen asustando a nuestros vecinos, pero ya comienzan a valorar la manera en la que las compañías españolas se han adaptado a la realidad de la situación económica, trabajando más y por menos dinero, al tiempo que incorporando elevadas dosis de agresividad.

Somos muchos en España quienes asumimos la realidad e intentamos conservar nuestro puesto de trabajo trabajando con notable esfuerzo y compitiendo en duras condiciones en lo queda del desaparecido mercado interior y en todos los rincones del exterior donde asoma alguna oportunidad, por pequeña que sea. Y lo hacemos con alta motivación, no exenta de cierta agresividad (“venís a competir con el cuchillo entre los dientes, no os basta con portar la Marca España”, me decía hace unos días el gerente de una conocida ingeniería centroamericana).

Y cada vez es más decidida la voluntad de los jóvenes que llegan al mercado con ganas de hacerse un hueco en él sin importarles la dificultad del objetivo, así como la de aquellos menos jóvenes apartados temporalmente del trabajo y que ahora intentan desesperadamente acceder a él.

Pero la dura y triste realidad de nuestra situación económica debe ser asumida por todos los actores -públicos y privados sin distinción-, ya que de otra forma la pasividad de unos podría hacer inútil y baldío el esfuerzo de otros.

Y si nos decidimos a salir entre todos de esta situación, ¿saldremos pronto? Antes que si no lo hacemos, claro, pero no tengamos prisa, que el camino es muy largo. En España se apunta que el 2013 será un año horrible para industria y construcción, sin mayor proyección, mientras que en el Reino Unido la austeridad regirá hasta 2018.

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