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Opinión |
Martes, 25 de Diciembre de 2012

El coste de oportunidad

Bajo este fundamento histórico de la cultura empresarial, un tanto exotérico por cierto y que mejor podría denominarse “coste del no aprovechamiento”, de la “oportunidad” claro está, se han ido incluyendo desde siempre multitud de argumentaciones orientadas a las consecuencias de la pérdida de beneficio potencial, que deja de obtenerse al no llevar a efecto un posible proyecto o negocio. El motivo de calificar de exotérico dicho fundamento no es otro que la dificultad a la que nos enfrentamos cuando tratamos cuantificar ese “no beneficio”, toda vez que carecemos de datos empíricos, basándonos solo en estimaciones para determinar su importe. Únicamente cuando empezamos a andar el camino, percibimos con total realidad y certeza las ventajas que nos ofrece, el resto son conjeturas.

En línea con esta disertación, podríamos concluir que, durante los ya lejanos años de bonanza que hace tiempo vivimos, las oportunidades de negocio eran fecundas y por tanto, a pesar de que todo lo que se tocaba se convertía en oro, también existían otras opciones que, por la misma regla de tres, hubieran reportado un significativo retorno. No obstante, ¿Quién se acordaba de este concepto por aquel entonces? Sinceramente, creo que muy pocos, pues todo nos iba bien.

Muy a nuestro pesar, aquella feliz época pasó y ahora luchamos por sobrevivir en un entorno hostil, que trata de derribar y echar por tierra cualquier iniciativa que se pueda tener, muchas veces incluso sin merecerlo. Así pues, ahora más que nunca este principio empresarial cobra total protagonismo, no ya en el sentido de pérdida de beneficio potencial, sino ganancia de pérdida real, es decir, vamos a darle la vuelta y a pensar que igual que si no emprendemos o iniciamos una acción distinta a las cotidianas, dejamos de ganar, si estamos ya perdiendo y no cambiamos algo, esto seguirá igual y continuaremos perdiendo.

Stephen R. Covey dice que "cada uno de nosotros custodia una puerta del cambio que solo puede abrirse desde adentro" lo cual es totalmente cierto y también dice que "un viaje de 1.000 kilómetros empieza con el primer paso", lo cual es totalmente cierto también.

Analizando pues la convulsa e inquietante situación que vivimos y considerando estas dos afirmaciones, es más que evidente que resulta necesario hacer algo con nuestras vidas y empresas, para corregir nuestras desafortunadas circunstancias o, al menos, minimizar sus consecuencias. No hace falta estar perdiendo, sino simplemente tener la sensación de que no se gana lo que se debiera, a tenor del esfuerzo que realizamos, para que nos mentalicemos, de una vez por todas, que algo distinto debemos hacer para encontrar una solución y que esta, para nuestra fortuna, pasa por nosotros mismos, así que, decidamos abrir esa puerta del cambio y demos el primer paso, para empezar a andar el camino y acercarnos, día a día, a nuestros objetivos soñados. Si hacemos todo esto, la teoría del “coste de oportunidad” se encargará de todo lo demás y nos garantizará un mejor resultado del que actualmente recibimos.


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