La hora de los soñadores
Entre mis lecturas cotidianas se encuentra la revista Telva, publicación excelente en su diseño y más que interesante en sus contenidos y que, aunque oficialmente dirigida al público femenino, presenta atractivos suficientes para todos los públicos. Signo de calidad.
Su directora, Olga Ruiz, cuenta en el editorial de su último número que compartió mesa y mantel con un médico que le cautivó por su valía profesional y, sobre todo, por sus enseñanzas humanas. Así, ante la pregunta que le hace Ruiz acerca del nivel de los colaboradores que le rodean, el eminente galeno, responsable desde hace años de centros de referencia en la lucha contra el cáncer en Estados Unidos, contesta que no solo quiere gente válida, sino “buscadores de sueños”. Me llamó la atención la frase, un titular como la copa de un pino, y me invitó a hacer esta reflexión compartida.
Cuando la realidad no es del color que más te gusta tienes varias opciones. Conformarte, quejarte sin aportar nada que provoque un cambio, o rebelarte ante ella. Las dos primeras actitudes son sencillas y no implican esfuerzo alguno. Es la tercera la más compleja, la que obliga a perseverar y a trabajar duro, la que resulta, por lo tanto, más desagradecida en el proceso.
Porque no todos están dispuestos a convertir un sueño en realidad, a pasar ese trance que a veces llega repleto de amarguras y sinsabores antes de lograr la recompensa final. Quien sí da este paso adelante, quien se declara en rebeldía ante el estado de las cosas y aporta su granito de arena para que el cambio no sea un trauma sino un paso natural en la evolución de la persona; quien haga eso, es un buscador de sueños.
Y tal vez no haya mejor momento que el actual para los soñadores. Es la hora de emprender, que también es soñar. De poner en marcha cuerpo y mente para que bombeen la ilusión que requiere un nuevo proyecto, pero siendo conscientes de que las cosas rara vez se logran por azar, sino gracias a la fuerza, el valor y la constancia. Esta máxima, que desde luego no he inventado yo, ha perdido su valor por culpa de modelos erróneos cuyas consecuencias estamos padeciendo en estos últimos años, difíciles en términos económicos y sociales. Y es necesario que volvamos a soñar, que pensemos que se puede empezar otra vez aunque sintamos que la tierra se mueve bajo nuestros pies.
La realidad es implacable, pero tiene también su “cara B” y en ocasiones nos empeñamos en ignorarla. En ella están los que asumen retos, los que eluden el miedo a hacer las cosas de otra manera, los que se lanzan a emprender nuevos proyectos.
Por eso, buscadores de sueños, no flaqueéis. Sois imprescindibles para hacer que otros sueñen también. Y eso es lo que llama la atención de los mejores.
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Su directora, Olga Ruiz, cuenta en el editorial de su último número que compartió mesa y mantel con un médico que le cautivó por su valía profesional y, sobre todo, por sus enseñanzas humanas. Así, ante la pregunta que le hace Ruiz acerca del nivel de los colaboradores que le rodean, el eminente galeno, responsable desde hace años de centros de referencia en la lucha contra el cáncer en Estados Unidos, contesta que no solo quiere gente válida, sino “buscadores de sueños”. Me llamó la atención la frase, un titular como la copa de un pino, y me invitó a hacer esta reflexión compartida.
Cuando la realidad no es del color que más te gusta tienes varias opciones. Conformarte, quejarte sin aportar nada que provoque un cambio, o rebelarte ante ella. Las dos primeras actitudes son sencillas y no implican esfuerzo alguno. Es la tercera la más compleja, la que obliga a perseverar y a trabajar duro, la que resulta, por lo tanto, más desagradecida en el proceso.
Porque no todos están dispuestos a convertir un sueño en realidad, a pasar ese trance que a veces llega repleto de amarguras y sinsabores antes de lograr la recompensa final. Quien sí da este paso adelante, quien se declara en rebeldía ante el estado de las cosas y aporta su granito de arena para que el cambio no sea un trauma sino un paso natural en la evolución de la persona; quien haga eso, es un buscador de sueños.
Y tal vez no haya mejor momento que el actual para los soñadores. Es la hora de emprender, que también es soñar. De poner en marcha cuerpo y mente para que bombeen la ilusión que requiere un nuevo proyecto, pero siendo conscientes de que las cosas rara vez se logran por azar, sino gracias a la fuerza, el valor y la constancia. Esta máxima, que desde luego no he inventado yo, ha perdido su valor por culpa de modelos erróneos cuyas consecuencias estamos padeciendo en estos últimos años, difíciles en términos económicos y sociales. Y es necesario que volvamos a soñar, que pensemos que se puede empezar otra vez aunque sintamos que la tierra se mueve bajo nuestros pies.
La realidad es implacable, pero tiene también su “cara B” y en ocasiones nos empeñamos en ignorarla. En ella están los que asumen retos, los que eluden el miedo a hacer las cosas de otra manera, los que se lanzan a emprender nuevos proyectos.
Por eso, buscadores de sueños, no flaqueéis. Sois imprescindibles para hacer que otros sueñen también. Y eso es lo que llama la atención de los mejores.
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