Ideas y negocios
En el principio no había nada, entonces surgió la idea y el emprendedor, entusiasmado, decidió emprender.
Este bíblico comienzo, que representa el inicio de la gran mayoría de las aventuras empresariales que se ponen en marcha, podría parecer suficiente, sin embargo, en absoluto significará nada ni nos garantizará el éxito, si no contamos con un bien estructurado y realista “modelo de negocio”.
![[Img #11930]](upload/img/periodico/img_11930.jpg)
Para tener claro la importancia de lo anterior, podemos pensar en cualquier sector de actividad y relacionar las diferentes empresas que actúan en él, comprobando que, dedicándose todas ellas a lo mismo, algunas han tenido éxito y han progresado de manera sobresaliente, otras se han quedado estancadas en un determinado nivel, sobreviviendo en mejor o peor medida y las últimas han sucumbido estrepitosamente. Entonces, si sus productos o servicios son similares y la situación de mercado les afecta por igual, ¿qué es lo que ha causado estos resultados tan diferentes? La respuesta está en el “modelo de negocio”.
Así pues, este modelo de negocio actúa como un catalizador por medio del cual, nuestra brillante idea se hace viable y se convierte en una inagotable fuente de ingresos y prosperidad, es decir, en un verdadero negocio de éxito, porque no lo olvidemos, también existen negocios desastrosos y además, estos se alcanzan con mayor facilidad.
Dicho esto y lejos de tratar de dogmatizar sobre el contenido y filosofía que debe abarcar el modelo de negocio, asunto sobre el cual se han escrito infinidad de manuales y continuamente se realizan seminarios especializados de las más diversas tendencias y líneas de pensamiento, debemos simplificar hasta niveles casi insultantes y concluir que lo fundamental es definir a quien le vamos a vender nuestros productos o servicios y que canales utilizaremos para su comercialización, cuáles serán los rasgos que nos diferencien de la competencia, que precios son los que los potenciales clientes estarían dispuestos a pagar por ellos y cuales serán los costes de producción en los que incurriremos para fabricarlos o prestarlos y, por diferencia entre ambos, que márgenes nos otorgarán y cuál será el beneficio que obtendremos, qué recursos físicos, humanos y económicos serán necesarios para el desarrollo de nuestra actividad y como los vamos a gestionar, etc., etc.
Como bien se puede comprender, el tema se complica bastante, es decir, no solo basta tener una idea feliz, sino que necesitamos hacer un exhaustivo análisis de mercado e identificar aquellas circunstancias que suponen unas oportunidades reales que, unidas a nuestras fortalezas, se impongan sobre las amenazas y nos posibiliten minimizar o eliminar nuestras debilidades, todo ello, expuesto y argumentado de manera lógica y ordenada y por supuesto, contrastada, mejor antes que después, con la realidad que nos rodea, que no es otra que la que representa el mercado en que pretendemos operar.
Para complicar más el asunto, debemos reconocer que aún nos falta un ingrediente básico para emprender con una mínima garantía de éxito, tenemos la idea, tenemos el modelo de negocio pero, ¿tenemos la motivación? La respuesta inmediata que el ilusionado emprendedor dará a esta cuestión será, sin duda alguna, afirmativa, sin embargo, debemos ser conscientes que, aún en el mejor de los casos en que tengamos todos los cabos de nuestro proyecto bien atados, surgirán problemas y dificultades y solo alcanzaremos nuestros anhelados objetivos si tenemos una fuerte convicción sobre nuestras posibilidades y la suficiente motivación para continuar nuestro camino y sobreponernos a todas las adversidades que se nos presentarán.
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Este bíblico comienzo, que representa el inicio de la gran mayoría de las aventuras empresariales que se ponen en marcha, podría parecer suficiente, sin embargo, en absoluto significará nada ni nos garantizará el éxito, si no contamos con un bien estructurado y realista “modelo de negocio”.
![[Img #11930]](upload/img/periodico/img_11930.jpg)
Para tener claro la importancia de lo anterior, podemos pensar en cualquier sector de actividad y relacionar las diferentes empresas que actúan en él, comprobando que, dedicándose todas ellas a lo mismo, algunas han tenido éxito y han progresado de manera sobresaliente, otras se han quedado estancadas en un determinado nivel, sobreviviendo en mejor o peor medida y las últimas han sucumbido estrepitosamente. Entonces, si sus productos o servicios son similares y la situación de mercado les afecta por igual, ¿qué es lo que ha causado estos resultados tan diferentes? La respuesta está en el “modelo de negocio”.
Así pues, este modelo de negocio actúa como un catalizador por medio del cual, nuestra brillante idea se hace viable y se convierte en una inagotable fuente de ingresos y prosperidad, es decir, en un verdadero negocio de éxito, porque no lo olvidemos, también existen negocios desastrosos y además, estos se alcanzan con mayor facilidad.
Dicho esto y lejos de tratar de dogmatizar sobre el contenido y filosofía que debe abarcar el modelo de negocio, asunto sobre el cual se han escrito infinidad de manuales y continuamente se realizan seminarios especializados de las más diversas tendencias y líneas de pensamiento, debemos simplificar hasta niveles casi insultantes y concluir que lo fundamental es definir a quien le vamos a vender nuestros productos o servicios y que canales utilizaremos para su comercialización, cuáles serán los rasgos que nos diferencien de la competencia, que precios son los que los potenciales clientes estarían dispuestos a pagar por ellos y cuales serán los costes de producción en los que incurriremos para fabricarlos o prestarlos y, por diferencia entre ambos, que márgenes nos otorgarán y cuál será el beneficio que obtendremos, qué recursos físicos, humanos y económicos serán necesarios para el desarrollo de nuestra actividad y como los vamos a gestionar, etc., etc.
Como bien se puede comprender, el tema se complica bastante, es decir, no solo basta tener una idea feliz, sino que necesitamos hacer un exhaustivo análisis de mercado e identificar aquellas circunstancias que suponen unas oportunidades reales que, unidas a nuestras fortalezas, se impongan sobre las amenazas y nos posibiliten minimizar o eliminar nuestras debilidades, todo ello, expuesto y argumentado de manera lógica y ordenada y por supuesto, contrastada, mejor antes que después, con la realidad que nos rodea, que no es otra que la que representa el mercado en que pretendemos operar.
Para complicar más el asunto, debemos reconocer que aún nos falta un ingrediente básico para emprender con una mínima garantía de éxito, tenemos la idea, tenemos el modelo de negocio pero, ¿tenemos la motivación? La respuesta inmediata que el ilusionado emprendedor dará a esta cuestión será, sin duda alguna, afirmativa, sin embargo, debemos ser conscientes que, aún en el mejor de los casos en que tengamos todos los cabos de nuestro proyecto bien atados, surgirán problemas y dificultades y solo alcanzaremos nuestros anhelados objetivos si tenemos una fuerte convicción sobre nuestras posibilidades y la suficiente motivación para continuar nuestro camino y sobreponernos a todas las adversidades que se nos presentarán.
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