La responsabilidad
Mi padre, al cual recuerdo todos los días un día desde que se me fue hace ya 17 años, era abogado de Naciones Unidas y solía informar con regularidad en el Tribunal Supremo. Recuerdo que siempre me decía que por muchas veces que lo hubiera hecho, cada vez que se disponía a hablar en público un cosquilleo le recorría el estómago. Y que eso era bueno, como síntoma de la responsabilidad de hablar a un público que así lo merecía.
Llevo muchos años hablando en público y me pasa lo mismo. El lunes pasado me acordé especialmente de él. Había 200 personas con motivo de las conferencias que imparto cada lunes primero de mes en el Club de Golf de Altorreal. Desde aquí mi agradecimiento a Tecnópolis Software como organizadores y a la Asociación de empresarios y comerciantes de la Vega Media, ASEMOL, como patrocinadores.
Antes de empezar, mi hija Marta me hizo la misma pregunta que yo solía hacer a mi padre: ¿pero te sigues poniendo nervioso?
Es curioso. Ella está cursando 3º de Derecho y siempre prefiere hacer los exámenes orales a escritos. Según ella, “así tarda menos”. Según yo, “eso es que te lo sabes”.
Y le expliqué algunos conceptos sobre la responsabilidad. La defino como tener la habilidad de responder adecuadamente a cada situación. Pero hay cosas que podemos controlar y otras que no. Obviamente no podemos controlar la situación de crisis que estamos pasando. Pero también es más fácil quejarse de las cosas que NO se pueden controlar(imaginemos un comercial que se queja de que los precios de su empresa son elevados, hay poca publicidad, no hay apoyo promocional, la competencia tiene mejores ofertas, mi jefe no se entera, no tengo buen equipo…) que centrarse en las cosas que SI se pueden controlar: (el conocimiento de los productos, estudiar a la competencia, mandar información al cliente de su sector, saber argumentar las objeciones, devolver las llamadas, la forma de vestir, la puntualidad, formarte…)
En definitiva, sí se pueden controlar las reacciones y el estado de ánimo ante las circunstancias, lo que nos hará ser proactivos, ser personas responsables, que toman la iniciativa. Y por tanto, no habrá fracasos. Es común considerar el fracaso como el enemigo del éxito. Y no es así. El fracaso es quizás un maestro cruel, pero inmejorable, que nos conduce al éxito, si es que somos capaces de preguntarnos ¿Por qué fracase? y de escudriñar hasta hallar la razón. Y eso nos irá forjando nuestra experiencia. Experiencia es lo que obtienes cuando no obtienes lo que quieres.
El polo opuesto sería convertirnos en personas reactivas. Personas irresponsables que siempre ven la suerte en los demás, no su esfuerzo ni su constancia, y que esperan que los acontecimientos les vengan antes de ir a ellos.
Si queremos dirigir nuestra vida (efectos) debemos hacernos cargo del control de nuestras acciones (causas). Nuestra vida no es lo que hacemos de vez en cuando, sino lo que convertimos en hábitos de excelencia
Por eso, mi querida Marta, habitúate a saber siempre el examen, lo de menos es que sea oral o escrito. Eso no quiere decir que cuando lo empieces no estés nerviosa. Es bueno. Es ser responsable.
P.d. Decía Miguel Angel Buonarotti que “El mayor de los peligros para la mayoría de nosotros, no es que nuestro objetivo sea demasiado alto y no lo alcancemos, sino que sea demasiado bajo y lo logremos”
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Llevo muchos años hablando en público y me pasa lo mismo. El lunes pasado me acordé especialmente de él. Había 200 personas con motivo de las conferencias que imparto cada lunes primero de mes en el Club de Golf de Altorreal. Desde aquí mi agradecimiento a Tecnópolis Software como organizadores y a la Asociación de empresarios y comerciantes de la Vega Media, ASEMOL, como patrocinadores.
Antes de empezar, mi hija Marta me hizo la misma pregunta que yo solía hacer a mi padre: ¿pero te sigues poniendo nervioso?
Es curioso. Ella está cursando 3º de Derecho y siempre prefiere hacer los exámenes orales a escritos. Según ella, “así tarda menos”. Según yo, “eso es que te lo sabes”.
Y le expliqué algunos conceptos sobre la responsabilidad. La defino como tener la habilidad de responder adecuadamente a cada situación. Pero hay cosas que podemos controlar y otras que no. Obviamente no podemos controlar la situación de crisis que estamos pasando. Pero también es más fácil quejarse de las cosas que NO se pueden controlar(imaginemos un comercial que se queja de que los precios de su empresa son elevados, hay poca publicidad, no hay apoyo promocional, la competencia tiene mejores ofertas, mi jefe no se entera, no tengo buen equipo…) que centrarse en las cosas que SI se pueden controlar: (el conocimiento de los productos, estudiar a la competencia, mandar información al cliente de su sector, saber argumentar las objeciones, devolver las llamadas, la forma de vestir, la puntualidad, formarte…)
En definitiva, sí se pueden controlar las reacciones y el estado de ánimo ante las circunstancias, lo que nos hará ser proactivos, ser personas responsables, que toman la iniciativa. Y por tanto, no habrá fracasos. Es común considerar el fracaso como el enemigo del éxito. Y no es así. El fracaso es quizás un maestro cruel, pero inmejorable, que nos conduce al éxito, si es que somos capaces de preguntarnos ¿Por qué fracase? y de escudriñar hasta hallar la razón. Y eso nos irá forjando nuestra experiencia. Experiencia es lo que obtienes cuando no obtienes lo que quieres.
El polo opuesto sería convertirnos en personas reactivas. Personas irresponsables que siempre ven la suerte en los demás, no su esfuerzo ni su constancia, y que esperan que los acontecimientos les vengan antes de ir a ellos.
Si queremos dirigir nuestra vida (efectos) debemos hacernos cargo del control de nuestras acciones (causas). Nuestra vida no es lo que hacemos de vez en cuando, sino lo que convertimos en hábitos de excelencia
Por eso, mi querida Marta, habitúate a saber siempre el examen, lo de menos es que sea oral o escrito. Eso no quiere decir que cuando lo empieces no estés nerviosa. Es bueno. Es ser responsable.
P.d. Decía Miguel Angel Buonarotti que “El mayor de los peligros para la mayoría de nosotros, no es que nuestro objetivo sea demasiado alto y no lo alcancemos, sino que sea demasiado bajo y lo logremos”
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