Un nuevo intento
La inercia alcista a la que aludíamos al final de nuestro comentario anterior no solo ha servido para mantener los índices, como pensábamos, sino que, además, ha propiciado una nueva semana alcista en las Bolsas europeas y americanas, con subidas fuertes en algunas de ellas como es el caso de la alemana.
El renovado apetito por el riesgo de este comienzo de 2013 tiene una plasmación muy clara en el hecho de que las dos Bolsas que más han subido la semana pasada son la argentina y la griega, pero es verdad que no han sido las únicas en subir. El Dax subió más de un 2% en la semana, nuestro Ibex 35 el 1,4%, el Eurostoxx 50 un 1,3%, y el S&P 500 el 1,1%. Incluso el Nikkei logró su undécima semana consecutiva de subidas, la mejor racha de su historia, aunque su alza semanal ha sido tan solo de un simbólico 0,1%. En general las Bolsas asiáticas no se han sumado a las alzas, e incluso el Shanghai Composite ha bajado algo más del 1% en la semana.
No es la primera vez en los últimos años que vemos un inicio de año animado en las Bolsas. Lo vimos ya en 2010, en 2011, y en 2012, y en los tres casos la causa de las subidas era, como lo es también esta vez, una política monetaria muy expansiva de los Bancos Centrales, unida a algunos datos económicos que parecían indicar una reactivación e incluso una salida de la crisis. El comienzo de 2010 se benefició de la llamada QE1, la primera ronda de expansión de balance de la FED. El comienzo de 2011 se beneficio de la QE2 lanzada asimismo por la FED y de las inyecciones de liquidez a los Bancos europeos por parte del BCE. En el primer trimestre de 2012 las Bolsas celebraron el llamado LTRO del Banco Central Europeo, por el que el BCE inyecto más de un billón (trillion) de euros a los Bancos europeos.
Ahora, en el comienzo de 2013, estamos ante un nuevo intento de salida de la crisis, y de forma simultánea ante un nuevo intento de los principales índices bursátiles (S&P, Dax) de alcanzar y/o superar sus niveles máximos de todos los tiempos, simbolizando así, de alguna manera, el final de la crisis.
La decidida acción de la FED al impulsar una QE3, unida a la no menos audaz política del BCE al garantizar que tomará las medidas que hagan falta, sin límite, para evitar la ruptura del euro, y unidas a la vez ambas a las nuevas medidas de un Bank of Japan que se ha puesto al servicio del nuevo Gobierno japonés elevando su objetivo de inflación al 2%, han llevado a muchos inversores a la convicción, basada en los hechos y en la experiencia reciente, de que los Bancos Centrales no van a tolerar la más mínima corrección de las Bolsas, y que van a mantener los tipos de interés de los activos sin riesgo artificialmente bajos.
Además, los resultados empresariales que se van anunciando están siendo en general mejores de lo previsto, y vemos buenas noticias económicas, como lo han sido esta semana pasada el PMI de manufacturas chino, en su mejor nivel en dos años, el buen dato de empleo semanal en EEUU, o el buen PMI de Alemania, por encima de los cincuenta puntos. Estos datos parecen indicar una economía que se reactiva, lo que hace más creíbles a oídos de los inversores las promesas políticas de una próxima salida de la crisis, promesas a las que se unió Draghi en su alocución en Davos el pasado viernes, cuando anunció que la zona euro empezará a crecer en la segunda mitad de 2013.
Uniendo todas estas cosas, el consenso de muchos gestores de inversiones es que al final la política de inyecciones monetarias extraordinarias y la política de dar permanentemente a los problemas una patada hacia adelante (kick the can down the road) van a acabar funcionando y van a poner fin a la crisis. La idea es que si hay liquidez a tipos bajos y si se mantienen con apoyos e intervenciones los precios de los activos financieros, al final las empresas invertirán y las familias consumirán, luego la economía funcionará. Por tanto, hay que comprar.
Dicho de otra manera, el escenario de crecimiento económico, inyecciones de liquidez recurrentes y tipos bajos, es el sueño de cualquier inversor, y, de pronto, todos quieren subirse a él, rebajando las exigencias de calidad de los activos y mirando menos el precio de compra.
Pero, como en los años anteriores, este razonamiento encierra una pequeña contradicción, que debemos tener en cuenta para no llevarnos sorpresas. Lo podemos expresar de forma muy simple. Si de verdad la economía se reactiva y empieza a crecer de forma significativa y consistente, los Bancos Centrales deberán retirar liquidez del mercado y subir los tipos. Si no lo hacen y siguen con los estímulos extraordinarios de los que hoy disfrutan los inversores y el sector financiero, será porque las cosas no van bien.
Es decir, no parece muy probable que tengamos las extraordinarias facilidades de liquidez y tipos bajos de hoy en día si la economía despega y si no despega no se habrán cumplido las promesas que hoy nos hacen Draghi y algunos responsables políticos.
Es obvio que a corto plazo esto no importa a los gestores y operadores, que sencillamente no desean perderse una subida del mercado, pero teniendo en cuenta que algunos índices como el S&P o el Dax están ya o bien en los niveles de la época de la burbuja o bien muy cerca no viene mal recordar algunas cosas elementales.
Y los inversores que ciegamente confían en las palabras de los banqueros centrales, por ejemplo en las palabras de Draghi, deberían recordar que, tras la reciente publicación de las actas de la FED del año 2007, hoy sabemos que la FED se equivocó de plano al analizar la crisis subprime, ya que entendió que era un problema transitorio en lugar de ver que era el síntoma de algo mucho más profundo, como luego se ha visto. Estas actas demuestran un grueso error de cálculo, cuya consecuencia es que la FED no actuó bien en aquel momento. Pero sobre todo indican los límites de los Bancos Centrales a la hora de actuar, límites que derivan, en primer lugar, de que pueden analizar mal las cosas, como lo hicieron en el 2007, y en segundo lugar de que sus herramientas son limitadas, y necesariamente en algún momento llegan a ser incapaces de estimular la economía, lo cual puede estar sucediendo ahora ya en Japón.
Sin embargo, lo cierto es que a corto plazo, como dice la famosa frase, no hay que luchar contra los Bancos Centrales (don't fight the FED) porque lo normal es perder.
Y esto explica los grandes hitos conseguidos esta semana en varias Bolsas. El S&P ha logrado el pasado jueves romper el nivel 1.500 y el Dax de nuevo se ha situado cerca de los ocho mil puntos, a lo que hay que añadir que el Nikkei ha logrado superar en algunos momentos de la semana los once mil puntos.
La confianza de los inversores es máxima como lo demuestra que el Vix está en mínimos, el oro, otro indicador del miedo, está bajando, y el dólar, que es un clásico refugio en situaciones de turbulencia, baja en los mercados.
Una situación, como decíamos al principio, que ya hemos vivido anteriormente y que de nuevo levanta expectativas. El que se cumplan o no esas expectativas solo el tiempo lo dirá. En el ámbito estricto de los mercados y de las Bolsas cabe interpretar los niveles de confianza como una señal de entrada al mercado o por el contrario como una señal de salida, cada uno puede hacer la lectura que prefiera.
Nuestra impresión es que a corto plazo la inercia positiva va a continuar, pero perdiendo fuerza poco a poco, sobre todo si como ha anunciado esta semana el FMI al final este año 2013 vuelve a ser de nuevo un año de crecimiento débil para la economía global.
Otros artículos de Juan Carlos Ureta
El renovado apetito por el riesgo de este comienzo de 2013 tiene una plasmación muy clara en el hecho de que las dos Bolsas que más han subido la semana pasada son la argentina y la griega, pero es verdad que no han sido las únicas en subir. El Dax subió más de un 2% en la semana, nuestro Ibex 35 el 1,4%, el Eurostoxx 50 un 1,3%, y el S&P 500 el 1,1%. Incluso el Nikkei logró su undécima semana consecutiva de subidas, la mejor racha de su historia, aunque su alza semanal ha sido tan solo de un simbólico 0,1%. En general las Bolsas asiáticas no se han sumado a las alzas, e incluso el Shanghai Composite ha bajado algo más del 1% en la semana.
No es la primera vez en los últimos años que vemos un inicio de año animado en las Bolsas. Lo vimos ya en 2010, en 2011, y en 2012, y en los tres casos la causa de las subidas era, como lo es también esta vez, una política monetaria muy expansiva de los Bancos Centrales, unida a algunos datos económicos que parecían indicar una reactivación e incluso una salida de la crisis. El comienzo de 2010 se benefició de la llamada QE1, la primera ronda de expansión de balance de la FED. El comienzo de 2011 se beneficio de la QE2 lanzada asimismo por la FED y de las inyecciones de liquidez a los Bancos europeos por parte del BCE. En el primer trimestre de 2012 las Bolsas celebraron el llamado LTRO del Banco Central Europeo, por el que el BCE inyecto más de un billón (trillion) de euros a los Bancos europeos.
Ahora, en el comienzo de 2013, estamos ante un nuevo intento de salida de la crisis, y de forma simultánea ante un nuevo intento de los principales índices bursátiles (S&P, Dax) de alcanzar y/o superar sus niveles máximos de todos los tiempos, simbolizando así, de alguna manera, el final de la crisis.
La decidida acción de la FED al impulsar una QE3, unida a la no menos audaz política del BCE al garantizar que tomará las medidas que hagan falta, sin límite, para evitar la ruptura del euro, y unidas a la vez ambas a las nuevas medidas de un Bank of Japan que se ha puesto al servicio del nuevo Gobierno japonés elevando su objetivo de inflación al 2%, han llevado a muchos inversores a la convicción, basada en los hechos y en la experiencia reciente, de que los Bancos Centrales no van a tolerar la más mínima corrección de las Bolsas, y que van a mantener los tipos de interés de los activos sin riesgo artificialmente bajos.
Además, los resultados empresariales que se van anunciando están siendo en general mejores de lo previsto, y vemos buenas noticias económicas, como lo han sido esta semana pasada el PMI de manufacturas chino, en su mejor nivel en dos años, el buen dato de empleo semanal en EEUU, o el buen PMI de Alemania, por encima de los cincuenta puntos. Estos datos parecen indicar una economía que se reactiva, lo que hace más creíbles a oídos de los inversores las promesas políticas de una próxima salida de la crisis, promesas a las que se unió Draghi en su alocución en Davos el pasado viernes, cuando anunció que la zona euro empezará a crecer en la segunda mitad de 2013.
Uniendo todas estas cosas, el consenso de muchos gestores de inversiones es que al final la política de inyecciones monetarias extraordinarias y la política de dar permanentemente a los problemas una patada hacia adelante (kick the can down the road) van a acabar funcionando y van a poner fin a la crisis. La idea es que si hay liquidez a tipos bajos y si se mantienen con apoyos e intervenciones los precios de los activos financieros, al final las empresas invertirán y las familias consumirán, luego la economía funcionará. Por tanto, hay que comprar.
Dicho de otra manera, el escenario de crecimiento económico, inyecciones de liquidez recurrentes y tipos bajos, es el sueño de cualquier inversor, y, de pronto, todos quieren subirse a él, rebajando las exigencias de calidad de los activos y mirando menos el precio de compra.
Pero, como en los años anteriores, este razonamiento encierra una pequeña contradicción, que debemos tener en cuenta para no llevarnos sorpresas. Lo podemos expresar de forma muy simple. Si de verdad la economía se reactiva y empieza a crecer de forma significativa y consistente, los Bancos Centrales deberán retirar liquidez del mercado y subir los tipos. Si no lo hacen y siguen con los estímulos extraordinarios de los que hoy disfrutan los inversores y el sector financiero, será porque las cosas no van bien.
Es decir, no parece muy probable que tengamos las extraordinarias facilidades de liquidez y tipos bajos de hoy en día si la economía despega y si no despega no se habrán cumplido las promesas que hoy nos hacen Draghi y algunos responsables políticos.
Es obvio que a corto plazo esto no importa a los gestores y operadores, que sencillamente no desean perderse una subida del mercado, pero teniendo en cuenta que algunos índices como el S&P o el Dax están ya o bien en los niveles de la época de la burbuja o bien muy cerca no viene mal recordar algunas cosas elementales.
Y los inversores que ciegamente confían en las palabras de los banqueros centrales, por ejemplo en las palabras de Draghi, deberían recordar que, tras la reciente publicación de las actas de la FED del año 2007, hoy sabemos que la FED se equivocó de plano al analizar la crisis subprime, ya que entendió que era un problema transitorio en lugar de ver que era el síntoma de algo mucho más profundo, como luego se ha visto. Estas actas demuestran un grueso error de cálculo, cuya consecuencia es que la FED no actuó bien en aquel momento. Pero sobre todo indican los límites de los Bancos Centrales a la hora de actuar, límites que derivan, en primer lugar, de que pueden analizar mal las cosas, como lo hicieron en el 2007, y en segundo lugar de que sus herramientas son limitadas, y necesariamente en algún momento llegan a ser incapaces de estimular la economía, lo cual puede estar sucediendo ahora ya en Japón.
Sin embargo, lo cierto es que a corto plazo, como dice la famosa frase, no hay que luchar contra los Bancos Centrales (don't fight the FED) porque lo normal es perder.
Y esto explica los grandes hitos conseguidos esta semana en varias Bolsas. El S&P ha logrado el pasado jueves romper el nivel 1.500 y el Dax de nuevo se ha situado cerca de los ocho mil puntos, a lo que hay que añadir que el Nikkei ha logrado superar en algunos momentos de la semana los once mil puntos.
La confianza de los inversores es máxima como lo demuestra que el Vix está en mínimos, el oro, otro indicador del miedo, está bajando, y el dólar, que es un clásico refugio en situaciones de turbulencia, baja en los mercados.
Una situación, como decíamos al principio, que ya hemos vivido anteriormente y que de nuevo levanta expectativas. El que se cumplan o no esas expectativas solo el tiempo lo dirá. En el ámbito estricto de los mercados y de las Bolsas cabe interpretar los niveles de confianza como una señal de entrada al mercado o por el contrario como una señal de salida, cada uno puede hacer la lectura que prefiera.
Nuestra impresión es que a corto plazo la inercia positiva va a continuar, pero perdiendo fuerza poco a poco, sobre todo si como ha anunciado esta semana el FMI al final este año 2013 vuelve a ser de nuevo un año de crecimiento débil para la economía global.
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