El cuento de nunca acabar
No se sabe qué hacer con un país cuyas leyes condenan a cárcel por robar 193€ hace cinco años. ¿Cuántos años se necesitaran para que entren en la cárcel los presuntos autores de robos - de una forma u otra - de millones de euros?
A lo que asistimos los ciudadanos de a pie, día a día, semana a semana, es difícil calificación. La prensa, la TV, y otros medios informativos nos agobian con noticias que obligan a bajar la calificación de España de 'país opereta' a 'país sainete', rozando el guiñol, sin que esto sea desmerecimiento para las artes escénicas.
Puesto que casi nadie cree que alguien ira a la cárcel, sea lo que sea lo que se llevó, más vale que dediquemos tiempo a recordar que necesitamos regenerar la cosa pública y recuperar confianza en nuestro sistema político, o mejor dicho en nuestros políticos en general, puesto que honrosas excepciones siempre hay.
Para ello sería bueno que el gobierno publicara un decreto con la abolición de todos los privilegios que diferencian a un contribuyente normal de un político. Recordamos el régimen de pensiones, las indemnizaciones al cesar en el cargo, las ayudas de alquiler etc.
Seguidamente, a muy corto plazo, convendría eliminar todos aquellos cargos políticos que están actuando en todos los estamentos del Estado, que tienen debajo altos cargos técnicos, de oposición, que están cien veces más capacitados que los políticos para gestionar sus parcelas de trabajo. Son cargos innecesarios, son realmente 'colocados' de los partidos, y a estos hay que añadir los cientos de puestos de trabajo creados en asesores, consejos, comités, observatorios, atalayas, empresas públicas, etc. y que deben de ser cesados sin más dilación. Que con ellos nos cargamos los partidos, bueno, volvamos a empezar.
Realizar sin demora un amplio Pacto de Estado sobre la corrupción, el control público, cambios en la ley electoral y todo lo conocido, deseado, y casi olvidado por los interesados partidos, que hacen lo imposible para no reconocer que hay que regenerar con valentía la cosa pública, abandonando lo inservible, reconduciendo las competencias autonómicas y retocando, si es necesario, nuestra Carta Magna. No es posible pensar que si fuimos capaces de hacer la transición, seamos hoy tan miserables que no podamos alcanzar acuerdos en un momento tan delicado.
Para empezar buena iniciativa del PP que propone pactar cuando echar a cargos políticos. Se aceptará? O seguirán jugando al tu propones y yo rechazo?
Más artículos de Eugenio Pedreño en su blog del Círculo de Economía
A lo que asistimos los ciudadanos de a pie, día a día, semana a semana, es difícil calificación. La prensa, la TV, y otros medios informativos nos agobian con noticias que obligan a bajar la calificación de España de 'país opereta' a 'país sainete', rozando el guiñol, sin que esto sea desmerecimiento para las artes escénicas.
Puesto que casi nadie cree que alguien ira a la cárcel, sea lo que sea lo que se llevó, más vale que dediquemos tiempo a recordar que necesitamos regenerar la cosa pública y recuperar confianza en nuestro sistema político, o mejor dicho en nuestros políticos en general, puesto que honrosas excepciones siempre hay.
Para ello sería bueno que el gobierno publicara un decreto con la abolición de todos los privilegios que diferencian a un contribuyente normal de un político. Recordamos el régimen de pensiones, las indemnizaciones al cesar en el cargo, las ayudas de alquiler etc.
Seguidamente, a muy corto plazo, convendría eliminar todos aquellos cargos políticos que están actuando en todos los estamentos del Estado, que tienen debajo altos cargos técnicos, de oposición, que están cien veces más capacitados que los políticos para gestionar sus parcelas de trabajo. Son cargos innecesarios, son realmente 'colocados' de los partidos, y a estos hay que añadir los cientos de puestos de trabajo creados en asesores, consejos, comités, observatorios, atalayas, empresas públicas, etc. y que deben de ser cesados sin más dilación. Que con ellos nos cargamos los partidos, bueno, volvamos a empezar.
Realizar sin demora un amplio Pacto de Estado sobre la corrupción, el control público, cambios en la ley electoral y todo lo conocido, deseado, y casi olvidado por los interesados partidos, que hacen lo imposible para no reconocer que hay que regenerar con valentía la cosa pública, abandonando lo inservible, reconduciendo las competencias autonómicas y retocando, si es necesario, nuestra Carta Magna. No es posible pensar que si fuimos capaces de hacer la transición, seamos hoy tan miserables que no podamos alcanzar acuerdos en un momento tan delicado.
Para empezar buena iniciativa del PP que propone pactar cuando echar a cargos políticos. Se aceptará? O seguirán jugando al tu propones y yo rechazo?
Más artículos de Eugenio Pedreño en su blog del Círculo de Economía





















