Como pollos sin cabeza
Y que me perdonen los pollos, pero ése es el espectáculo que a diario nos ofrecen nuestros gobernantes, con algunas honrosas y escasas excepciones. Pensábamos que todos -o casi- nos pondríamos a trabajar duro para hacer frente a una grave situación de ruina económica que nos afecta socialmente hasta extremos antes nunca vistos. Pues no. Nos encontramos día tras día con un bochornoso espectáculo de fango y lodo en el que nuestra clase política parece encontrase cómoda, olvidando nuestros problemas de difícil solución.
Ilusos como yo nunca imaginamos que las primeras medidas anticrisis adoptadas hace ya más de un año se quedarían después en fuegos de artificio, sin tener luego continuidad en rigurosas actuaciones estructurales capaces de afrontar el problema con seriedad y dar la vuelta a la tostada, completamente quemada. Era el primer momento y nos parecía tenue e insuficiente, pero ya se actuaría en profundidad.
Nunca pensamos que ante la caótica situación que tenemos en este país nuestros líderes pudieran dedicarse a otra cosa distinta que trabajar, con dedicación plena y entusiasmo a prueba de bombas, para que el desempleo no sea una lacra vergonzante, de la que se avergüenzan incluso nuestros socios europeos. Es obvio que las políticas de empleo no están dando los resultados esperados, por lo que nadie entiende por qué no adoptamos otros mecanismos que profundicen en el mercado de trabajo. Trabajo a tiempo parcial, prestación por desempleo, formación profesional o movilidad geográfica son algunas de las materias sobre las que podríamos actuar en distintos sentidos.
Teníamos claro también -y nos lo habían prometido, no lo olvidemos- que la reforma de las AAPP era una medida difícil, pero imprescindible, para hacerla eficaz y eficiente. En España contamos con una masa considerable de personal al servicio de las AAPP que puede prestar un magnífico servicio si nuestros dirigentes fuesen capaces de modernizar la gestión encomendada, aumentando productividad y competitividad. Y no se trata de ahorrar papel ni bolígrafos. Ni de reducir la factura de la energía. No es eso. Se trata de hacer rentable la función pública. Y hacer desaparecer las Entidades Públicas deficitarias, encargando la gestión a una Entidad Privada que lo garantice y velando por su buen funcionamiento.
En cuanto a la privatización de la gestión, ya hay una propuesta de gestión privada que goza en las redes sociales de un éxito arrollador: privatizar la política. Consiste en contratar la actividad política y exigir resultados, al igual que en una empresa privada. Y cambiamos de políticos vía despido si su gestión no es buena. Y al paro, nada de recolocaciones en cementerios de elefantes que pagamos todos los españoles. Y las indemnizaciones según ley, nada de abusar del contribuyente con costosísimos despidos. Es fantástico.
Y nuestros gobernantes siguen corriendo como pollos sin cabeza, pero por otra razón.
Y ya huele a perspectiva de mejora de la economía española.
Otros artículos de Enrique Maza
Ilusos como yo nunca imaginamos que las primeras medidas anticrisis adoptadas hace ya más de un año se quedarían después en fuegos de artificio, sin tener luego continuidad en rigurosas actuaciones estructurales capaces de afrontar el problema con seriedad y dar la vuelta a la tostada, completamente quemada. Era el primer momento y nos parecía tenue e insuficiente, pero ya se actuaría en profundidad.
Nunca pensamos que ante la caótica situación que tenemos en este país nuestros líderes pudieran dedicarse a otra cosa distinta que trabajar, con dedicación plena y entusiasmo a prueba de bombas, para que el desempleo no sea una lacra vergonzante, de la que se avergüenzan incluso nuestros socios europeos. Es obvio que las políticas de empleo no están dando los resultados esperados, por lo que nadie entiende por qué no adoptamos otros mecanismos que profundicen en el mercado de trabajo. Trabajo a tiempo parcial, prestación por desempleo, formación profesional o movilidad geográfica son algunas de las materias sobre las que podríamos actuar en distintos sentidos.
Teníamos claro también -y nos lo habían prometido, no lo olvidemos- que la reforma de las AAPP era una medida difícil, pero imprescindible, para hacerla eficaz y eficiente. En España contamos con una masa considerable de personal al servicio de las AAPP que puede prestar un magnífico servicio si nuestros dirigentes fuesen capaces de modernizar la gestión encomendada, aumentando productividad y competitividad. Y no se trata de ahorrar papel ni bolígrafos. Ni de reducir la factura de la energía. No es eso. Se trata de hacer rentable la función pública. Y hacer desaparecer las Entidades Públicas deficitarias, encargando la gestión a una Entidad Privada que lo garantice y velando por su buen funcionamiento.
En cuanto a la privatización de la gestión, ya hay una propuesta de gestión privada que goza en las redes sociales de un éxito arrollador: privatizar la política. Consiste en contratar la actividad política y exigir resultados, al igual que en una empresa privada. Y cambiamos de políticos vía despido si su gestión no es buena. Y al paro, nada de recolocaciones en cementerios de elefantes que pagamos todos los españoles. Y las indemnizaciones según ley, nada de abusar del contribuyente con costosísimos despidos. Es fantástico.
Y nuestros gobernantes siguen corriendo como pollos sin cabeza, pero por otra razón.
Y ya huele a perspectiva de mejora de la economía española.
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