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Opinión |
Martes, 12 de Febrero de 2013

Ejemplaridad para algunos ejemplares en peligro de ciclogénesis

Quizá son más que algunos, incluso pueden ser muchos, demasiados; mas pocos se  preocupan de la ejemplaridad de dichos ejemplares, que ni siquiera están en peligro de extinción. No, al contrario, procrean y se multiplican como seres bíblicos afectados por una insaciable plaga, ante millones de miradas atónitas. Admitámoslo de una vez: los hechos demuestran que poco o nada nos importa la ejemplaridad. Por muy real que sea la casa, por muy imaginario que sea el país, aunque España se llame... Me temo que ya he hablado hasta la saciedad de este asunto tan edificante. Tampoco es que cambie nada: usted y yo pagaremos a rajatabla nuestros impuestos, y, si trabajamos y cobramos alguna pensión o prestación, se nos aplicarán todas las incompatibilidades habidas y por haber. Y si cometemos el más mínimo error, la justicia será implacable. Y la noria seguirá girando, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, de este a oeste, de poniente a levante, obviando el centro que no existe, como la objetividad.  

Podrá no haber centro, ni objetividad, pero siempre habrá caraduras. Y seres pusilánimes que les voten y paguen todos sus caprichos. Perdonen, pero yo no me excluyo. Pago con mi voto y mis impuestos… y me aguanto… Y, como a usted, nunca me han metido un sobre en el bolsillo. Aunque le soy sincero: en el caso de que eso hubiera sucedido, no sé cómo hubiera reaccionado. Las acusaciones de sobresueldos en el PP,  más que ciclogénesis explosivas, provocan hastío.

Una vez más, involucrados en tantas supuestas corrupciones y corruptelas, nos surgen personajes y personalidades de todo pelaje en esta historia común de una democracia, la nuestra, que no acaba de madurar. Los años pasan en vano, y nuestro sistema se muestra tan vulnerable e ingenuo como al principio. Tan tierno… que es desmesuradamente fácil hincarle el diente. Y son muchas las fauces, y muchos los colmillos, en este erial soleado.

Y también son múltiples las excusas que se arguyen de aquí a Lima, para justificar lo injustificable. Perdónenme, ya les dije que los idealistas idiotas somos legión en este país. Comulgamos con ruedas de molino… y hasta eructamos de placer. Va a tener razón el filósofo Savater cuando afirma que hay políticos inmorales pero sobre todo abundan los tontos que les votamos. E incluso en un rapto de honrada obnubilación, admitimos cualquier sandez como crítica de la razón pura. Y lo peor de todo es la impunidad con que se nos vende a diario la catedral de Burgos, y la alegría con que la compramos.

De este modo -por poner un ejemplo-, aplaudimos en silencio al vicesecretario general del partido Popular, cuando rechaza de plano que sea necesario endurecer la Ley de Incompatibilidades tras algunos fichajes, como mínimo llamativos, como el del ex presidente de Bankia por Telefónica o el de otros ex políticos de deslumbrante carrera por otras poderosas compañías. Según ha proclamado el clarividente Carlos Floriano, España tiene una normativa “seria” y “grave” en materia de incompatibilidades, que es "homologable" a cualquier país.  ¿Están ustedes tan seguros?

Sin embargo, los padrastros de la patria continúan elucubrando en otros recónditos parajes, en busca de la transparencia del ser o del ser de la transparencia y su insoportable levedad. Mientras tanto los ciudadanos, sobrecogidos por los casos de corrupción que brotan por doquier, con diferentes matices y sabores, no saben a qué atenerse. Más de 300 políticos están imputados en nuestro país, treinta casos de corrupción siguen abiertos en la Región (una veintena de alcaldes; media docena de directores generales, tres diputados regionales y nacionales, un ex senador y un consejero). Aquí -en nuestro aquí más cercano- el “y tú más”, tan esgrimido por unos y por otros, suena a broma macabra...

Aunque hay bromas y bromas: y algunas son dignas de ocupar un lugar de privilegio en el Museo Hispánico del Disparate. Entre ellas, la protagonizada por la delicuescente AMY MARTIN posiblemente se lleve la palma. La dulce escritora fantasma, que cobraba tres mil euritos por artículo para una  fundación de IDEAS extraordinariamente socialistas, sobrepasa todos los límites de la siempre calenturienta fantasía de este país de pandereta. Cómo hubiera disfrutado Valle Inclán con tal ricura..., rubia -presumiblemente teñida-, y muy mona, la chica canta, baila, escribe, actúa, monta sus propias películas y,  para colmo en Estocolmo, fue directora del Instituto Cervantes. Puro esperpento. Respondía y responde al sonoro y telenovelesco nombre de  Irene Zoe Alameda, y, entre otras mil cualidades, casualmente poseía la de haber sido la mujer del presidente de la fundación.

Sobre bromas tan extraordinariamente hilarantes, tan generosamente expandidas por nuestra piel de toro, y promovidas por tantos fantasmas amantes de lo propio y de lo ajeno, hay opiniones para todos los gustos. Empero, la corrupción no es ni de derechas ni de izquierdas…, no entiende de ideologías, ni de caligrafías o poligrafías, ni de millones suizos, ni de eres falsos... ni siquiera de Mases y Pujoles. Lo que no es óbice para se siga proclamando a los cuatro vientos que ha llegado la hora de la regeneración de la vida pública. Pero semejantes adalides de la libertad, ¿qué les dirían a aquellos que pasan tantos lunes al sol, acordándose de la madre de alguien? Son ya seis millones de españoles; cinco, según el INEM (otro fantasma que ya no existe y todo el mundo cita; como a las 'antiguas' pesetas, no se le deja morir en paz).

Yo, por mi parte, no me atrevería a decirles nada. Parafraseando a Ramón Gaya, sigo creyendo en Dios, en la naturaleza, en la realidad, pero absolutamente nada en la sociedad. Y creo también en la persona, en las personas, hasta creo en las gentes, y, sobre todo, me gustan las gentes, aunque espero muy poco de ellas, ya que su autenticidad parece como entumecida desde hace siglos. Tal vez sea nuestro sino.

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