Prácticas para chupar el mundo
Recientemente, mi cuadro favorito, 'El origen del mundo', de Courbet, fue noticia por unos instantes, porque alguien propuso la posibilidad de que le faltara un trozo, en concreto la parte donde iría la cabeza, pero ya lo han desmentido, afortunadamente, porque ese cuadro con cabeza, no haría tanto perder la cabeza.
'El origen del mundo' es un cuadro pequeñito, que vive en el Museo de Orsay, de París, y en él puede verse el orgulloso primer plano de un pubis femenino que se hermosea entre las piernas de su enigmática propietaria como un secreto picantón, que en lugar de susurrarse, se grita al oído.
La pieza fue pintada en 1866, y desde mi punto de vista no tiene nada que envidiarle a ninguna obra que se exponga en ARCO, puede ser tan provocativa, desconcertante, revolucionaria y conceptual como cualquiera de ellas.
Este año hubiera sido fantástico que alguien hubiera puesto una copia de 'El origen del mundo', a los pies de esa escultura de Bernardí Roig que se ha caído al suelo cuando un desconocido la ha rozado accidentalmente.
Imaginen la escena, la galería Max Estrella mostrando orgullosa la escultura de un señor albino con una pierna de neón, las manos atadas a la espalda y la cabeza en doloroso escorzo enseñando una lengua puntiaguda; Elena Ochoa, -que antes de casarse nos hablaba de sexo-, y su marido, el arquitecto Norman Foster, hechos un par de intelectuales, y en medio de tanta sesuda sublimación artística, la escultura de Roig se va de bruces, cabeza en torsión y lengua fuera, justo para caer encima del coño sin rostro más bonito del mundo.
Hubiera sido precioso darle algo que lamer a esa lengua estéril que olfatea el aire. Para perder la cabeza. Al fin y al cabo la escultura se llama “Prácticas para chupar el mundo”.
![[Img #12799]](upload/img/periodico/img_12799.jpg)
'Practise to Suck the World' (Prácticas para chupar el mundo), de Bernardí Roig, ARCO 2013, un poco dañada por la tonta caída.
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'El origen del mundo' es un cuadro pequeñito, que vive en el Museo de Orsay, de París, y en él puede verse el orgulloso primer plano de un pubis femenino que se hermosea entre las piernas de su enigmática propietaria como un secreto picantón, que en lugar de susurrarse, se grita al oído.
La pieza fue pintada en 1866, y desde mi punto de vista no tiene nada que envidiarle a ninguna obra que se exponga en ARCO, puede ser tan provocativa, desconcertante, revolucionaria y conceptual como cualquiera de ellas.
Este año hubiera sido fantástico que alguien hubiera puesto una copia de 'El origen del mundo', a los pies de esa escultura de Bernardí Roig que se ha caído al suelo cuando un desconocido la ha rozado accidentalmente.
Imaginen la escena, la galería Max Estrella mostrando orgullosa la escultura de un señor albino con una pierna de neón, las manos atadas a la espalda y la cabeza en doloroso escorzo enseñando una lengua puntiaguda; Elena Ochoa, -que antes de casarse nos hablaba de sexo-, y su marido, el arquitecto Norman Foster, hechos un par de intelectuales, y en medio de tanta sesuda sublimación artística, la escultura de Roig se va de bruces, cabeza en torsión y lengua fuera, justo para caer encima del coño sin rostro más bonito del mundo.
Hubiera sido precioso darle algo que lamer a esa lengua estéril que olfatea el aire. Para perder la cabeza. Al fin y al cabo la escultura se llama “Prácticas para chupar el mundo”.
![[Img #12799]](upload/img/periodico/img_12799.jpg)
'Practise to Suck the World' (Prácticas para chupar el mundo), de Bernardí Roig, ARCO 2013, un poco dañada por la tonta caída.
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